Filósofo artefactualista estructural. Investigador en educación matemática y analista político. Su n

viernes, 4 de septiembre de 2026

Cuando el margen de error desaparece del gráfico: La falsa precisión de una encuesta electoral en Capiatá

La encuesta que ordena lo que no puede ordenar con esa precisión

La publicación de Investiga Consultora presenta doce candidaturas a la Concejalía Municipal de Capiatá en forma de un ranking preciso: primero, segundo, tercero… hasta duodécimo. El problema es que la propia ficha técnica declara una muestra de apenas 600 casos y un margen de error de ±4 puntos porcentuales al 95% de confianzaBasta aplicar a la gráfica su propia incertidumbre para comprobar cuánto cambia la imagen que recibe el lector.

El supuesto líder, Ángel Castellano, registra 20,1%. Con la banda de ±4 puntos anunciada, su estimación abarcaría 16,1–24,1%. Jimy Marconi, con 16,3%, abarcaría 12,3–20,3%. Raquel Arguello, con 12,8%, abarcaría 8,8–16,8%. Por tanto, el escenario Castellano 16,1%, Marconi 16,3% y Arguello 16,8% cabe dentro de esas bandas. Es decir: la misma información que gráficamente parece mostrar un líder claramente separado permite también un escenario en el cual los tres primeros se encuentran comprimidos en apenas 0,7 puntosY el problema se vuelve todavía más evidente al descender por la tabla. Ramírez aparece con 9,7%; Medina con 6,8%; Riquelme con 5,3%; González con 4,6%; Denis con 3,8%; Sosa con 3,2%. Se están asignando puestos diferentes a candidatos separados por 0,7, 0,8 o 0,6 puntos porcentuales, cuando la propia publicación anuncia una incertidumbre máxima de cuatro puntos.

Así, el gráfico transforma estimaciones muestrales inciertas en un podio aparentemente exacto.

Hay que introducir una precisión estadística: el ±4% de la ficha técnica no debe sumarse y restarse mecánicamente a cada candidato como si todos tuvieran exactamente ese margen individual, ni la superposición transitiva convierte a los doce candidatos en un gigantesco “empate técnico”. El error estándar de cada proporción depende de su magnitud y, además, las estimaciones de candidatos de una misma encuesta están relacionadas entre sí.

Pero esa precisión no salva la presentación; exige una presentación mejor.

Con 600 observaciones, por ejemplo, los intervalos binomiales aproximados de los tres primeros son bastante amplios: alrededor de 16,9–23,3% para Castellano, 13,3–19,3% para Marconi y 10,1–15,5% para Arguello. Por tanto, especialmente entre candidatos próximos, el simple orden de los porcentajes no equivale a haber demostrado estadísticamente ese orden en la población.

Y falta algo fundamental para juzgar seriamente la encuesta. Decir “600 casos, encuesta telefónica, 95% de confianza y ±4%” no permite por sí solo auditar su calidad. Sería necesario conocer con detalle cómo se seleccionaron esos 600 electores, el marco muestral utilizado, cuotas o estratos, distribución territorial, ponderaciones, tasa de respuesta, tratamiento de reemplazos, formulación y orden exactos de las preguntas y procedimiento aplicado a los indecisos.

El 11% de NS/NC añade además incertidumbre política que una fotografía de barras ordenadas tampoco refleja.

Esta encuesta no demuestra que el orden electoral de Capiatá sea exactamente el que muestra la gráfica. Demuestra únicamente que, en una muestra de 600 casos y bajo una metodología cuya ficha publicada aquí es muy resumida, se obtuvieron estimaciones puntuales de 20,1%, 16,3%, 12,8%, etc.

Presentar esas estimaciones mediante doce barras rigurosamente ordenadas, sin intervalos de confianza y sin advertir qué diferencias son estadísticamente distinguibles, produce una apariencia visual de certeza que los datos no poseen.

No hace falta acusar a nadie de falsificar números para desmontar el mensaje gráfico. Alcanza con devolverle a cada número la incertidumbre que la propia encuesta reconoce. Cuando se hace eso, desaparecen varias de las fronteras nítidas entre “primero”, “segundo”, “tercero”, “sexto” o “séptimo” que la imagen invita a creer.

La pregunta que debería responder Investiga Consultora es muy sencilla:

¿Qué diferencias entre candidatos son estadísticamente significativas y cuáles son solamente diferencias de estimación muestral?

Si no proporciona ese análisis, el ranking dice visualmente bastante más de lo que la evidencia estadística permite concluir.

Y esa es una crítica mucho más difícil de rebatir que acusarla directamente de manipulación: no presume intenciones; señala exactamente dónde la representación excede a la evidencia.

El caso de Ramóncito González muestra con especial claridad el efecto comunicacional del ranking. Con 4,6%, es presentado como séptimo, entre Riquelme (5,3%) y Denis (3,8%): diferencias de apenas 0,7 y 0,8 puntos, frente a un margen de error declarado de ±4%. Así, una diferencia muestral mínima se transforma visual y mediáticamente en una posición política aparentemente consolidada. El problema puede expresarse simplemente:

0,7 << 4,0 ; 0,8 << 4,0

Por tanto:

posición gráfica ≠ posición electoral estadísticamente demostrada.

A la vez, esta forma de presentar los resultados degrada la estadística como instrumento científico. Una encuesta no produce certezas: produce estimaciones acompañadas de incertidumbre. Publicar n = 600, confianza = 95% y ME = ±4%, pero luego tratar diferencias de décimas como jerarquías firmes, significa invocar la autoridad de la estadística mientras se ignoran sus propias reglas.

La lógica científica correcta es:

MEDIR → ESTIMAR → CUANTIFICAR INCERTIDUMBRE → INFERIR

y no:

MEDIR → ORDENAR → PRESENTAR COMO CERTEZA.

La probabilidad y la cuantificación de la incertidumbre son pilares de la ciencia moderna —hasta el formalismo predictivo de la mecánica cuántica depende esencialmente de ellas—. La incertidumbre no debilita a la ciencia: forma parte de aquello que hace científico al conocimiento. Utilizar sus números y símbolos de autoridad mientras se oculta su incertidumbre no fortalece una encuesta; la desnaturaliza.

Lo que viene es para los curiosos de la lógica y el razonamiento. La encuesta presenta la siguiente distribución de intención de voto:

20,1% > 16,3% > 12,8% > 9,7% > 6,8% > 5,3% > 4,6% > 3,8% > 3,2% > 2,5% > 2,1% > 1,5%

Visualmente, esto induce una interpretación ordinal fuerte:

C1 > C2 > C3 > C4 > ... > C12

Sin embargo, la ficha técnica establece:

n = 600 | Nivel de confianza = 95% | Margen de error máximo = ±4%

Por consiguiente:

orden de las estimaciones ≠ orden poblacional demostrado

1. El bloque de los tres primeros

Los tres primeros candidatos presentan:

Castellano = 20,1%
Marconi = 16,3%
Arguello = 12,8%

En conjunto:

20,1 + 16,3 + 12,8 = 49,2%

Como:

NS/NC = 11%

entonces:

Voto definido = 100% − 11% = 89%

y los tres primeros representan:

49,2 / 89 × 100 = 55,3% del voto definido

Por tanto, la encuesta establece claramente:

{Castellano + Marconi + Arguello} → bloque electoral dominante

Pero esto no significa que pueda establecer con igual precisión el orden interno de ese bloque. La propia incertidumbre declarada permite ilustrarlo:

Castellano: 20,1 − 4 = 16,1%
Marconi: 16,3%
Arguello: 12,8 + 4 = 16,8%

Así:

16,1% < 16,3% < 16,8%

y:

16,8 − 16,1 = 0,7 puntos

Por tanto:

separación gráfica fuerte ≠ separación estadística igualmente fuerte

Esto no significa que el verdadero resultado sea 16,1%–16,3%–16,8%. Significa solamente que la incertidumbre declarada admite escenarios de fuerte aproximación entre los tres primeros.

2. La estructura descendente

Las diferencias entre los primeros puestos son:

20,1 − 16,3 = 3,8
16,3 − 12,8 = 3,5
12,8 − 9,7 = 3,1
9,7 − 6,8 = 2,9

Por tanto:

3,8 → 3,5 → 3,1 → 2,9

Después, las diferencias se comprimen:

1,5 → 0,7 → 0,8 → 0,6 → 0,7 → 0,4 → 0,6

La estructura visual resultante puede expresarse como:

3 punteros → descenso progresivo → cola electoral comprimida

Es decir, la encuesta no comunica solamente porcentajes. Comunica una determinada arquitectura de la competencia electoral.

3. Dato, patrón, hipótesis y prueba

Es fundamental no confundir cuatro niveles:

DATO → PATRÓN → HIPÓTESIS → PRUEBA

Dato:
D = {20,1; 16,3; 12,8; 9,7; ... ; 1,5}

Patrón:
P = {tres candidatos predominantes + descenso progresivo del resto}

Hipótesis prospectiva:
H = el resultado electoral futuro podría reproducir P.

Pero lógicamente:

P fabricación

y:

P fraude

Es decir, la existencia del patrón no demuestra cuál es su causa.

4. Lo importante: el patrón queda registrado antes de la elección

Actualmente, en el momento t₀, conocemos la encuesta:

E = {e₁, e₂, e₃, ..., e₁₂}

Después de las elecciones, en t₁, conoceremos los resultados:

R = {r₁, r₂, r₃, ..., r₁₂}

Entonces será posible comparar:

E ↔ R

y medir objetivamente:

distancia(E,R)

La ventaja metodológica es fundamental:

Hipótesis formulada en t₀ → resultado observado en t₁

y no:

resultado conocido en t₁ → construcción retrospectiva de una hipótesis

Por tanto, estamos ante una hipótesis prospectiva y falsable.

5. Qué significaría una coincidencia futura

Si:

R ≠ E

→ la hipótesis de reproducción de la estructura pierde fuerza.

Si:

R ≈ E

→ la encuesta pudo simplemente haber anticipado correctamente el resultado.

Por tanto:

R ≈ E fraude

Pero supongamos que además aparecen anomalías independientes en los resultados por mesa:

A = anomalías estadísticas desagregadas

Entonces:

(R ≈ E) A → justificación de auditoría técnica

Pero incluso entonces:

(R ≈ E) A fraude demostrado

La inferencia correcta sería:

coincidencia extraordinaria + anomalías independientes → investigar

y no:

coincidencia → fraude

6. La verdadera prueba estará en las mesas

La encuesta solamente proporciona datos agregados:

E = 12 porcentajes

La elección proporcionará centenares de observaciones:

M = {mesa₁, mesa₂, mesa₃, ..., mesaₙ}

Sobre ellas podrán estudiarse:

umbrales + discontinuidades + concentraciones + correlaciones + valores extremos + patrones territoriales

Por consiguiente:

Encuesta agregada ≠ prueba forense

pero:

Encuesta previa + resultados oficiales + datos por mesa → contraste forense prospectivo

La información desagregada será la que permita determinar si existen estructuras estadísticas que requieran una explicación adicional.

Conclusión lógica

Toda la argumentación puede reducirse a esta cadena:

n = 600 + ME = ±4%

ranking puntual ≠ jerarquía poblacional demostrada

se observa P = {3 punteros + descenso progresivo}

P
fraude

P queda registrado antes de la elección (t₀)

elección futura produce R (t₁)

comparación E ↔ R

R ≈ E
fraude

(R ≈ E)
anomalías por mesa → auditoría técnica

auditoría + evidencia independiente → eventual inferencia causal

En forma condensada:

REGISTRAR AHORA → COMPARAR DESPUÉS → ANALIZAR POR MESA → AUDITAR SI APARECEN ANOMALÍAS → CONCLUIR SOLO SEGÚN LA EVIDENCIA

La fortaleza del planteamiento radica precisamente en eso: no necesita afirmar hoy la existencia de fraude. La encuesta ha dejado registrada antes de la elección una estructura numérica específica. Si posteriormente esa estructura se reproduce de manera excepcional y aparecen además anomalías independientes en los datos electorales desagregados, existirán fundamentos objetivos para profundizar la investigación.