LIBERALISMO RADICAL PARAGUAYO
_________Víctor M. Oxley Ynsfrán__ Filósofo artefactualista estructural. Investigador en educación matemática y analista político. Su núcleo teórico: prioridad del tipado sobre la referencia; legitimidad como coherencia, utilidad y relevancia de prácticas bien formadas. Políticamente: crítico de la democracia procedimental vacía; defiende la soberanía popular sustantiva frente a reglas que producen minoríacracia; el cambio requiere rediseño institucional, no voluntarismo.
Filósofo artefactualista estructural. Investigador en educación matemática y analista político. Su n
lunes, 5 de octubre de 2026
viernes, 18 de septiembre de 2026
Constitución de objetos matemáticos y desempeño escolar: los resultados de Paraguay en PISA 2025
Diálogo con las teorías de la reificación, los campos
conceptuales, los registros semióticos y las trayectorias de aprendizaje, desde
el Artefactualismo Constitutivo
Víctor Oxley
Resumen
Los resultados de Paraguay en PISA 2025 muestran que solo el 10% de los
estudiantes de 15 años alcanzó el nivel mínimo de competencia matemática (Nivel
2), frente a un promedio de 65% en los países de la OCDE (OCDE, 2026). Este
artículo examina esa brecha situándola en el campo más amplio de las teorías
sobre la constitución de objetos matemáticos —la reificación de Sfard (1991) y
Sfard y Linchevski (1994), la teoría de los campos conceptuales de Vergnaud
(1990, 1994), los registros de representación semiótica de Duval (2006) y las
trayectorias de aprendizaje de Clements y Sarama (2009)— y evalúa en qué medida
el Artefactualismo Constitutivo (Oxley, 2026a, 2026b) aporta algo específico a
esa discusión que las explicaciones estructurales convencionales del desempeño
educativo latinoamericano no ofrecen por sí solas. Se presentan y se toman en
serio tres explicaciones rivales documentadas en la literatura —los efectos de
composición asociados a la expansión de la cobertura escolar (Kaffenberger y
Pritchett, 2020; Angrist et al., 2021), el determinismo socioeconómico regional
(OCDE, 2025) y el acceso desigual a la educación preescolar (Fernández Aráuz,
2017)— antes de proponer una lectura constitutiva como hipótesis
complementaria, no sustitutiva, y se formulan criterios explícitos que
permitirían refutarla. Se concluye que la evidencia disponible es compatible
con, pero no demuestra, la hipótesis de que una proporción relevante de los
estudiantes paraguayos no habría estabilizado los objetos numéricos de base
exigidos por las tareas de Nivel 2, y se propone un programa de investigación
empírica capaz de dirimir esta cuestión.
Palabras clave: Artefactualismo Constitutivo, reificación, registros de
representación semiótica, trayectorias de aprendizaje, PISA 2025, educación
matemática, Paraguay.
Introducción
La publicación de PISA 2025 Results (Volume
I): Future-Ready Students (OCDE, 2026) documenta, para Paraguay, una de las
brechas de desempeño matemático más pronunciadas entre los países
participantes: apenas un 10% de los estudiantes de 15 años alcanzó el Nivel 2
de competencia, frente a un 65% en promedio en los países de la OCDE, y la
proporción que alcanzó los niveles superiores (5 o 6) fue calificada por el
propio informe como prácticamente nula. Este patrón no es exclusivo de Paraguay:
es, en distintos grados, el patrón dominante en toda América Latina y el
Caribe, donde alrededor de tres de cada cuatro estudiantes no alcanzan la
competencia mínima en matemática (OCDE, 2025) y donde la brecha respecto de la
OCDE equivale, según estimaciones del Banco Interamericano de Desarrollo, a
unos cinco años de escolaridad (Saavedra y Regalia, 2023).
Frente a un fenómeno de esta magnitud y de
esta extensión regional, cualquier lectura que se apoye en un marco teórico
desarrollado por un único autor corre el riesgo de la miopía: el de encontrar
en los datos exactamente lo que la teoría predijo, sin haberla expuesto antes a
la posibilidad de un desmentido, y sin haber contrastado su aporte con
explicaciones alternativas que gozan de respaldo empírico independiente. Este
artículo intenta evitar ese riesgo de dos maneras. Primero, sitúa al
Artefactualismo Constitutivo (en adelante, AC), tal como fue formulado en Oxley
(2026a) y aplicado a la aritmética escolar en Oxley (2026b), dentro de una tradición
de investigación más amplia sobre la constitución de objetos matemáticos —la
teoría de la reificación de Anna Sfard (1991; Sfard y Linchevski, 1994), la
teoría de los registros de representación semiótica de Raymond Duval (2006) y
el programa empírico de las trayectorias de aprendizaje de Clements y Sarama
(2009)—, de manera que las categorías empleadas no dependan exclusivamente de
una fuente. Segundo, presenta explícitamente tres explicaciones rivales del
desempeño paraguayo, documentadas de manera independiente en la literatura
sobre economía de la educación y evaluación comparada, y examina si el AC
agrega algo a esas explicaciones o si simplemente las redescribe con otro
vocabulario. Entre las tradiciones convergentes se incluye la teoría de los campos
conceptuales de Vergnaud (1990), con la que el AC comparte más supuestos que
con ninguna otra —y respecto de la cual, por eso mismo, debe explicitar con
mayor cuidado en qué se distingue.
El argumento se organiza en seis pasos:
primero se ubica al AC dentro de la tradición de investigación sobre objetos
matemáticos; segundo se resume su aparato conceptual específico; tercero se
presentan los resultados relevantes de PISA 2025 para Paraguay; cuarto se
examinan tres explicaciones rivales con respaldo empírico propio; quinto se
propone una lectura constitutiva como hipótesis complementaria y se formulan
criterios de falsificación; sexto se discuten los límites de todo el ejercicio.
Marco
teórico
Una
tradición de investigación sobre la constitución de objetos matemáticos
La pregunta de cómo una operación o una
relación llega a funcionar como un objeto matemático estable no es privativa
del AC. Sfard (1991) y Sfard y Linchevski (1994) desarrollaron, dentro de la
investigación en educación matemática, la teoría de la reificación, según la
cual la comprensión matemática avanza mediante una dualidad proceso-objeto: una
concepción operacional —una secuencia de acciones que se ejecutan paso a paso—
se condensa progresivamente hasta reificarse en una concepción estructural, un
objeto que puede manipularse como unidad dentro de relaciones de orden
superior. Sfard y Linchevski (1994) mostraron que este tránsito es difícil de
lograr y que buena parte de las dificultades documentadas en el aprendizaje del
álgebra se explican por una reificación incompleta de los objetos aritméticos
que la anteceden.
En paralelo, Duval (2006) desarrolló la
teoría de los registros de representación semiótica, según la cual comprender
un objeto matemático exige poder movilizarlo a través de al menos dos registros
distintos —por ejemplo, una expresión simbólica y una representación gráfica—
sin perder su identidad referencial; la incapacidad de coordinar registros es,
para Duval, uno de los obstáculos cognitivos más persistentes en la comprensión
matemática escolar. Esta misma teoría es citada por el propio Oxley (2026b)
como antecedente directo de su tratamiento de la identidad numérica a través de
representaciones, lo cual sitúa al AC no como una construcción aislada sino
como una reformulación, en vocabulario propio, de un problema ya identificado
por la didáctica francesa de la matemática desde la década de 1990.
Por su parte, Clements y Sarama (2009)
construyeron, a partir de observación empírica extensa y no de especulación
filosófica, trayectorias de aprendizaje detalladas para los conceptos numéricos
elementales —subitización, conteo verbal y objetual, comparación y ordenación,
composición y descomposición del número—, especificando para cada una los
niveles sucesivos de pensamiento por los que atraviesan los niños y las tareas
instruccionales capaces de moverlos de un nivel a otro. Este programa ofrece
algo que ni la reificación ni el AC ofrecen por sí solos: una base empírica
granular, validada longitudinalmente, contra la cual podrían contrastarse las
afirmaciones constitutivas del AC acerca de qué objetualidades numéricas debe
haber estabilizado un estudiante antes de poder abordar una tarea de Nivel 2 de
PISA.
Una cuarta tradición, más próxima que las
anteriores al vocabulario del propio AC, es la teoría de los campos
conceptuales de Gérard Vergnaud (1990). Vergnaud sostiene que el dominio de un
concepto no puede evaluarse por su definición explícita sino por el repertorio
de esquemas —organizaciones invariantes de la conducta para una clase de
situaciones— que el sujeto pone en juego, y distingue dentro de esos esquemas
invariantes operatorios implícitos, el concepto-en-acto y el teorema-en-acto,
de su formulación explícita y predicativa como concepto matemático. Un
componente central de su programa, formulado explícitamente como objetivo de la
teoría, es el estudio de las filiaciones y rupturas entre conocimientos dentro
de un campo conceptual (Vergnaud, 1990, p. 133) —una formulación que antecede
en más de tres décadas, y en un vocabulario distinto, a la ruptura constitutiva
curricular de Oxley (2026b)—. Vergnaud (1994) aplicó específicamente este marco
al campo conceptual multiplicativo, mostrando que problemas en apariencia
equivalentes —una comparación de razones, una conversión de unidades, un
producto de medidas— exigen esquemas distintos y producen perfiles de error
diferenciados según la subestructura multiplicativa involucrada; los propios
ejemplos que la OCDE (2026) utiliza para ilustrar el Nivel 2 de PISA —comparar
la distancia de dos rutas, convertir precios entre monedas— son, en la
taxonomía de Vergnaud, problemas del campo conceptual multiplicativo, lo cual
permite una lectura más fina de esos ítems que la que ofrece el nivel de
competencia agregado.
El AC se adhiere en parte a este programa
—comparte con Vergnaud (1990) la tesis de que la comprensión de un concepto es
gradual, se juega en la acción antes que en la definición, y admite filiaciones
y rupturas identificables dentro de un dominio— pero se aparta de él, en la formulación
de Oxley (2026a, 2026b), al menos en dos puntos. Primero, donde el esquema y el
invariante operatorio de Vergnaud permanecen como categorías psicológicas
deliberadamente abiertas a la variación empírica, el criterio de autonomización
numérica (Oxley, 2026b, p. 64) se formula con condiciones explícitamente
formalizadas (identidad, transformación bajo cambio de modalidad y de contexto,
relacionalidad, normatividad), lo que permite, al menos en principio,
operacionalizarlo como predicción contrastable en el sentido de la sección 6.
Segundo, el AC extiende la pregunta más allá del dominio matemático hacia una
teoría general de la objetualidad normativa (Oxley, 2026a), mientras que la
teoría de los campos conceptuales fue desarrollada, y permanece validada
empíricamente, de manera específica para el aprendizaje matemático y técnico.
El AC comparte con estas cuatro tradiciones
la intuición central de que un objeto matemático no está dado de antemano sino
que resulta de un proceso —de reificación, de coordinación de registros, de
constitución de un esquema dentro de un campo conceptual, o de progresión por
niveles de una trayectoria— y de que ese proceso puede quedar incompleto sin
que ello sea visible en el desempeño superficial del alumno en una única tarea.
La contribución específica que el AC reclama para sí, y que se examina en la
sección siguiente, es haber generalizado esa intuición en un aparato filosófico
único —el Artefactualismo Constitutivo— aplicable más allá de la matemática, y
haber derivado de él criterios de frontera explícitos, como la autonomización
numérica, formalizados con mayor precisión que el esquema de Vergnaud (1990) o
los registros de Duval (2006), aunque a costa de una validación empírica
todavía muy inferior a la que esas dos tradiciones acumularon en más de tres
décadas de investigación.
El
aparato conceptual del Artefactualismo Constitutivo
Oxley (2026b) parte de una distinción entre
la posición constitutiva y la posición aritmética de un objeto matemático:
mientras la segunda pregunta qué propiedades tiene un número una vez aceptado,
la primera pregunta qué debió haberse organizado para que algo pueda funcionar
como número (p. 1). Sobre esa base, propone un criterio de frontera al que
denomina autonomización numérica: una propiedad cuantitativa se autonomiza
cuando puede funcionar como término estable de relaciones matemáticas con
independencia de realizaciones particulares, bajo un régimen público de
identidad y transformación (p. 64), lo cual exige simultáneamente identidad,
transformación bajo cambio de modalidad, transformación bajo cambio de
contexto, relacionalidad y normatividad (Oxley, 2026b, p. 64).
Un segundo concepto es el de ruptura
constitutiva curricular: el currículo formal no equivale a la genealogía
constitutiva del conocimiento (Oxley, 2026b, p. 93), de modo que un plan de
estudios puede exigir relaciones de orden superior sin que las objetualidades
de las que dependen hayan sido previamente estabilizadas (p. 92). Un tercer
concepto, la ilusión institucional de competencia, sostiene que las
calificaciones y la promoción escolar pueden certificar la ejecución correcta
de procedimientos sin garantizar que el objeto matemático subyacente se haya
constituido (p. 92). El propio Oxley (2026b, p. 92) distingue fallas de Nivel
I, atribuibles a una constitución objetual incompleta, de fallas de Nivel II,
atribuibles a memoria de trabajo, familiaridad con el formato de la tarea o
factores contextuales, y advierte contra inferir causalidad constitutiva a
partir de una sola tarea o de un único diseño evaluativo. Esta advertencia
metodológica, formulada por el propio marco, es la que estructura la sección de
explicaciones rivales que sigue.
PISA
2025 en Paraguay: síntesis de resultados relevantes
El informe de país correspondiente a Paraguay
(OCDE, 2026) se basa en una muestra de 6.510 estudiantes de 293 escuelas,
representativa de aproximadamente 82.400 estudiantes de 15 años, equivalente a
un 80% de la población objetivo. En matemática, un 10% de los estudiantes
alcanzó al menos el Nivel 2 de competencia —definido operacionalmente como la
capacidad de interpretar y reconocer, sin instrucciones directas, cómo una
situación simple puede representarse matemáticamente— frente a un 65% en
promedio en los países de la OCDE; la proporción que alcanzó los niveles 5 o 6
fue calificada por el propio informe como prácticamente nula, frente a un 8% en
promedio en la OCDE.
En ciencia y en lectura los patrones son
análogos aunque menos extremos: un 24% de los estudiantes paraguayos alcanzó el
Nivel 2 en ciencia (74% en promedio OCDE) y un 24% en lectura (69% en promedio
OCDE). El informe vincula parte del deterioro reciente en lectura y ciencia con
la expansión de la cobertura de la educación secundaria hacia poblaciones
previamente marginadas: entre 2022 y 2025 aumentó el número de estudiantes de
15 años elegibles para la prueba pese a una población total decreciente en ese
grupo etario, lo que interpreta como evidencia de un incremento de la matrícula
secundaria en ese período. El desempeño en matemática, en cambio, permaneció
estable entre 2022 y 2025.
El estatus socioeconómico explicó un 12% de
la varianza en el desempeño en ciencia, proporción idéntica al promedio de la
OCDE, y la brecha entre el cuartil socioeconómico superior y el inferior fue de
72 puntos en ciencia, menor a los 85 puntos observados en promedio en la OCDE.
Un 59% de los estudiantes declaró haber faltado al menos un día de clases en
las dos semanas previas a la prueba (22% en promedio OCDE). En cuanto a la
percepción de apoyo docente, un 86% de los estudiantes declaró que el docente
muestra interés por el aprendizaje de cada estudiante (69% en promedio OCDE) y
un 80% que el docente continúa enseñando hasta que los estudiantes comprenden
(66% en promedio OCDE), mientras que un 48% reportó que el ruido y el desorden
interrumpen la mayoría o la totalidad de las clases (31% en promedio OCDE) (OCDE,
2026).
Explicaciones
rivales del desempeño paraguayo
Antes de proponer una lectura constitutiva de
estos resultados, es necesario examinar tres explicaciones alternativas que
cuentan con respaldo empírico independiente del AC y que podrían, en principio,
explicar el mismo patrón de datos sin apelar a ninguna noción de objetualidad
matemática.
Efectos
de composición asociados a la expansión de cobertura
Kaffenberger y Pritchett (2020) desarrollaron
un modelo de simulación según el cual, en un país de bajos ingresos
característico, llevar la finalización del grado equivalente a los 15 años del
30% al 100% de la cohorte incrementa el aprendizaje promedio en apenas nueve
puntos de una escala tipo PISA, y no tiene ningún efecto apreciable sobre la
proporción de jóvenes que alcanza los niveles mínimos de aprendizaje fijados
por los Objetivos de Desarrollo Sostenible. El mecanismo que proponen no
requiere ninguna hipótesis sobre constitución de objetos: si los estudiantes
que se rezagan respecto del currículo dejan de aprender mientras permanecen
escolarizados, y si son precisamente esos estudiantes rezagados quienes antes
abandonaban el sistema y ahora no lo hacen, la expansión de la cobertura
desplaza alumnos de la categoría "no aprende porque está fuera de la
escuela" a la categoría "no aprende dentro de la escuela", sin
que el aprendizaje agregado cambie sustancialmente. Angrist et al. (2021), con
una base de datos de 164 países entre 2000 y 2017, documentan que el progreso
global en aprendizaje ha sido limitado a pesar del aumento sostenido de la
matrícula, un hallazgo compatible con el mecanismo anterior.
Este modelo es compatible con varios rasgos
del patrón paraguayo: expansión de matrícula entre 2022 y 2025, estabilidad —no
deterioro— del desempeño matemático agregado, y una proporción de estudiantes
en el nivel mínimo de competencia que ya era extremadamente baja antes de esa
expansión. Si el mecanismo de Kaffenberger y Pritchett (2020) es correcto,
buena parte de lo que este artículo se propone explicar mediante ruptura
constitutiva curricular podría explicarse, de manera más parca, como un efecto
de composición estadística que no requiere ninguna hipótesis sobre qué ocurre
dentro de la mente del estudiante.
Condicionamiento
socioeconómico y calidad del sistema
La OCDE (2025) señala, para el conjunto de
América Latina y el Caribe, un hallazgo que restringe severamente el alcance
explicativo de la pobreza como única causa: los estudiantes socioeconómicamente
aventajados de la región obtienen puntajes inferiores a los de los estudiantes
desaventajados de los países de la OCDE. Esto significa que la brecha regional
no puede atribuirse solamente a la composición socioeconómica de la matrícula,
sino que refleja, en palabras del propio informe, una calidad de sistema
educativo inferior de manera relativamente uniforme a través de todos los
estratos sociales. Fernández Aráuz (2017), analizando PISA 2012 para ocho
países latinoamericanos, encuentra además que la asistencia a educación
preescolar es uno de los factores más asociados al desempeño matemático
posterior, lo que sugiere una vía de acumulación de desventaja que opera muchos
años antes de la escolarización secundaria y que tampoco requiere ninguna
hipótesis constitutiva.
¿Qué
agrega el Artefactualismo Constitutivo a estas explicaciones?
Ninguna de las dos explicaciones anteriores
es incompatible con el AC, pero ambas operan en un nivel distinto de análisis.
El modelo de composición de Kaffenberger y Pritchett (2020) y el diagnóstico de
calidad de sistema de la OCDE (2025) explican por qué las condiciones para el
aprendizaje son deficientes —quién queda escolarizado, cuánto invierte el
sistema, qué tan preparados llegan los alumnos— pero no especifican qué,
exactamente, deja de formarse en la comprensión matemática de un estudiante
cuando esas condiciones fallan. Es perfectamente consistente sostener, a la
vez, que la expansión de cobertura produjo un efecto de composición estadística
sobre el promedio nacional y que, dentro de los estudiantes que no alcanzan el
Nivel 2, el patrón específico de sus errores sea compatible con una reificación
incompleta (Sfard y Linchevski, 1994), con una incapacidad de coordinar
registros de representación (Duval, 2006), o con la ausencia de estabilización
de objetos numéricos de base en el sentido de Oxley (2026b). El AC no compite
con las explicaciones estructurales por la varianza agregada; propone, en el
mejor de los casos, un mecanismo cognitivo para la fracción de esa varianza que
las explicaciones estructurales dejan sin especificar. Esta es una pretensión
mucho más modesta que la de sustituir a las explicaciones convencionales, y es
la que se examina en la sección siguiente.
Una
lectura constitutiva como hipótesis complementaria
El
Nivel 2 de PISA y la autonomización numérica
La definición operacional del Nivel 2
—representar una situación simple sin instrucción directa, aplicando esa
representación a un contexto distinto del de aprendizaje original— coincide en
su estructura lógica con el criterio de autonomización numérica de Oxley
(2026b, p. 64), y también con la exigencia de reificación de Sfard y Linchevski
(1994), con la coordinación de registros de Duval (2006) y con la
disponibilidad de un esquema estable para una clase de situaciones en el
sentido de Vergnaud (1990). Que solo un 10% de los estudiantes paraguayos
alcance ese umbral es, bajo cualquiera de estas cuatro lecturas, un dato
compatible con que en el 90% restante los objetos numéricos evaluados no
habrían completado su reificación, su coordinación de registros, la
constitución de un esquema aplicable fuera de la situación de aprendizaje, o su
autonomización, sin que ninguna de las cuatro teorías pueda, con los datos
agregados de PISA, distinguirse de las otras ni de la explicación por
composición estadística examinada en la sección anterior.
Vergnaud (1994) ofrece, además, una vía de
análisis más fina que las tres anteriores para este caso específico. Los
propios ejemplos que la OCDE (2026) utiliza para ilustrar el Nivel 2 —comparar
la distancia total de dos rutas alternativas, convertir precios entre monedas—
corresponden, en su taxonomía del campo conceptual multiplicativo, a
subestructuras diferentes según la relación cuantitativa involucrada, que su
investigación empírica asocia a dificultades y esquemas diferenciados. Un
análisis de los ítems liberados de PISA clasificados según esta taxonomía
permitiría preguntar si el fracaso paraguayo se concentra en subestructuras
multiplicativas particulares —lo que apoyaría una explicación centrada en
esquemas específicos no constituidos— o se distribuye de manera uniforme entre
ellas —lo que apoyaría más bien una explicación general de exposición
curricular o de acceso, en la línea de la sección 4.
Ruptura
constitutiva curricular: ¿mecanismo adicional o redescripción del efecto de
composición?
La estabilidad del desempeño matemático
paraguayo entre 2022 y 2025, a pesar de la expansión de matrícula, admite dos
lecturas no mutuamente excluyentes. La primera, ya expuesta, es la de
Kaffenberger y Pritchett (2020): el sistema simplemente retiene dentro de la
escuela a estudiantes que antes abandonaban sin aprender, sin que el
aprendizaje agregado cambie. La segunda, la de la ruptura constitutiva
curricular (Oxley, 2026b, p. 92), añade una hipótesis sobre por qué esos
estudiantes no aprenden una vez retenidos: porque el currículo de los grados
correspondientes a los 15 años presupone objetualidades —valor posicional,
conservación de identidad bajo cambio de representación— que su trayectoria
escolar previa no permitió estabilizar. La diferencia entre ambas lecturas no
es meramente terminológica: la primera predice que el problema se resolvería
con más tiempo de instrucción sobre el mismo contenido, mientras que la segunda
predice que el problema persistiría aunque se aumentara el tiempo de
instrucción, si ese tiempo adicional no se dirige específicamente a estabilizar
los objetos de base no constituidos. Esta diferencia es, como se explicita en
la sección siguiente, empíricamente dirimible.
Ilusión
institucional de competencia y disciplina de aula
El patrón más directamente predicho por la
ilusión institucional de competencia (Oxley, 2026b, p. 92) es la coexistencia
de indicadores de proceso pedagógico superiores al promedio de la OCDE —interés
docente percibido, persistencia hasta la comprensión— con un resultado objetual
muy inferior a ese promedio. Sin embargo, esta disociación admite también una
lectura de Nivel II en la propia terminología de Oxley (2026b, p. 92): el 48%
de los estudiantes que reportan ruido y desorden en la mayoría de las clases
sugiere que la disponibilidad reducida de memoria de trabajo en un aula con
alta interrupción podría por sí sola dificultar el aprendizaje, incluso cuando
el apoyo docente percibido es adecuado, sin que sea necesario apelar a una
falla constitutiva del objeto matemático mismo.
Criterios
de falsificación y agenda empírica
Una hipótesis interpretativa que no
especifica qué observación la refutaría no es todavía una hipótesis científica
en un sentido exigente. Se proponen aquí tres predicciones que permitirían
distinguir la lectura constitutiva de las explicaciones rivales examinadas en
la sección 4, y que, de no verificarse, la debilitarían.
P1. Si se administran a una muestra de
estudiantes paraguayos tareas equivalentes en la operación matemática exigida
pero distintas en su registro de representación (Duval, 2006) —por ejemplo, la
misma relación cuantitativa presentada como comparación de colecciones, como
posición ordinal y como razón de medida—, y el desempeño se mantiene estable
entre registros, la hipótesis de una falla constitutiva o de reificación
incompleta queda debilitada para esa submuestra: el problema sería de
exposición curricular o de familiaridad con el formato de la prueba (Nivel II),
no de objetualidad. Si, en cambio, el desempeño colapsa sistemáticamente ante
el cambio de registro incluso en estudiantes con buen desempeño dentro de un
único registro, la hipótesis constitutiva se ve reforzada. Un diseño
complementario, derivado de Vergnaud (1990, 1994), consistiría en clasificar
los errores por subestructura del campo conceptual multiplicativo en lugar de
por registro de representación: si el fracaso se concentra en subclases específicas
de problemas —por ejemplo, producto de medidas más que isomorfismo de medidas—,
ello favorecería una explicación en términos de esquemas particulares no
constituidos antes que una falla constitutiva general y uniforme en el sentido
más amplio de Oxley (2026b).
P2. Si un estudio que controle
estadísticamente por estatus socioeconómico, asistencia a educación preescolar
(Fernández Aráuz, 2017) y tiempo de instrucción efectivo encuentra que la
brecha entre Paraguay y el promedio OCDE se reduce a una magnitud comparable a
la explicada por esas variables, la explicación de composición y acceso
(Kaffenberger y Pritchett, 2020; OCDE, 2025) resulta suficiente y la ruptura
constitutiva curricular no añade poder explicativo. Si persiste una brecha
residual sustancial después de ese control, hay espacio para un mecanismo
adicional, del tipo que el AC propone.
P3. Si la disociación entre apoyo docente
percibido y desempeño objetual se explica en su totalidad por las variables de
clima disciplinario y ruido de aula reportadas en el propio informe de la OCDE
(2026), sin que quede varianza no explicada asociada específicamente a fallas
de coordinación entre registros de representación, la ilusión institucional de
competencia no aporta nada que la explicación de Nivel II no aporte ya.
Ninguna de estas tres pruebas puede
resolverse con los datos agregados que ofrece el informe de país de la OCDE
(2026); todas requieren acceso a microdatos de PISA o a un diseño experimental
específico. Se trata, por lo tanto, de una agenda de investigación futura, no
de una confirmación ya alcanzada.
Discusión:
alcance y límites de esta lectura
Conviene ser explícito sobre lo que este
artículo no establece. No establece que el AC sea preferible a la teoría de la
reificación, a los campos conceptuales de Vergnaud o a los registros de
representación semiótica como marco explicativo del caso paraguayo: las cuatro
teorías predicen el mismo patrón general y los datos de PISA no permiten, por
sí solos, arbitrar entre ellas. Frente a Vergnaud en particular, cuya noción de
filiaciones y rupturas entre conocimientos (1990, p. 133) se formuló treinta y
cinco años antes que la ruptura constitutiva curricular y con una base empírica
en didáctica de la matemática que el AC todavía no tiene, la pretensión de
novedad del AC debe restringirse a lo señalado en la sección 2.1: una
formalización más explícita del criterio de frontera y una generalización fuera
del dominio matemático, no a haber identificado el fenómeno por primera vez. No
establece que la hipótesis constitutiva sea necesaria para explicar los
resultados: el modelo de composición de Kaffenberger y Pritchett (2020), sin
ninguna hipótesis sobre objetos matemáticos, da cuenta de buena parte del mismo
patrón, y el diagnóstico de calidad de sistema de la OCDE (2025) da cuenta de
otra parte. Lo que este artículo sostiene es más limitado: que, una vez
descontado lo que esas explicaciones estructurales pueden explicar, queda una
pregunta legítima sobre el mecanismo cognitivo específico por el cual una
amplia mayoría de estudiantes paraguayos no logra que sus objetos numéricos
funcionen de manera estable fuera del registro y el contexto en que fueron
enseñados, y que el vocabulario constitutivo —articulado con, y no en lugar de,
la reificación y los registros semióticos— ofrece una manera precisa de
formular esa pregunta y de someterla a prueba.
Conclusiones
Los resultados de Paraguay en PISA 2025 se
inscriben en un patrón regional de bajo desempeño matemático (OCDE, 2025, 2026;
Saavedra y Regalia, 2023) para el cual existen explicaciones estructurales bien
documentadas: efectos de composición asociados a la expansión de cobertura
(Kaffenberger y Pritchett, 2020; Angrist et al., 2021), determinismo
socioeconómico regional y calidad de sistema (OCDE, 2025), y desigualdad en el
acceso a educación preescolar (Fernández Aráuz, 2017). Este artículo no propone
descartar esas explicaciones ni reemplazarlas por el Artefactualismo
Constitutivo. Propone, de manera más acotada, que la pregunta sobre qué objetos
matemáticos específicos no llegaron a estabilizarse en la comprensión de los
estudiantes que no alcanzaron el Nivel 2 —una pregunta que la teoría de la
reificación (Sfard, 1991; Sfard y Linchevski, 1994), los campos conceptuales
(Vergnaud, 1990, 1994), los registros de representación semiótica (Duval, 2006)
y el propio AC (Oxley, 2026a, 2026b) formulan, cada una con su vocabulario y
con distinto grado de respaldo empírico acumulado, de manera convergente— sigue
abierta después de que las explicaciones estructurales han hecho su parte, y
que las tres predicciones formuladas en la sección 6 ofrecen una vía concreta
para responderla con evidencia que hoy no está disponible. La hipótesis
constitutiva, en su formulación actual, es una interpretación razonable de los datos
existentes, no una conclusión que esos datos impongan.
Referencias
Angrist, N., Djankov, S., Goldberg, P. K., &
Patrinos, H. A. (2021). Measuring human capital using global learning data.
Nature, 592(7854), 403–408. https://doi.org/10.1038/s41586-021-03323-7
Clements, D. H., & Sarama, J. (2009).
Learning and teaching early math: The learning trajectories approach.
Routledge.
Duval, R. (2006). A cognitive analysis of
problems of comprehension in a learning of mathematics. Educational Studies in
Mathematics, 61(1–2), 103–131.
Fernández Aráuz, A. (2017). Latin America in
PISA 2012: Factors related with mathematical literacy. Revista
de Ciencias Económicas, 1(1), 9–37. https://doi.org/10.15517/rce.v1i1.28926
Kaffenberger,
M., & Pritchett, L. (2020). Failing
to plan? Estimating the impact of achieving schooling goals on cohort learning
(RISE Working Paper 20/038). RISE Programme.
https://doi.org/10.35489/BSG-RISE-WP_2020/038
OCDE. (2025). Social mobility and inequality in
Latin America and the Caribbean: Insights from education and skills. OECD
Publishing. https://doi.org/10.1787/428fa0a6-en
OCDE. (2026). PISA 2025 results (Volume I):
Future-ready students — Country notes: Paraguay. OECD Publishing.
https://doi.org/10.1787/73451bc5-en
Oxley,
V. M. (2019, 17 de agosto). Los guaraníes y la cantidad. Correo Semanal, Última
Hora..
Oxley,
V. M. (2020). Complejidad ontológica y enunciados de problemas matemáticos.
Revista Científica Estudios e Investigaciones, 9(1), 17–39. https://doi.org/10.26885/rcei.9.1.17
Oxley,
V. M. (2024). Educación matemática escolar y otros ensayos: Filosofar la
realidad en clave analítica. Paraguay.
Oxley,
V. M. (2025). Complejidad ontológica: Propuesta de un índice como herramienta
para medir la carga conceptual en enunciados de problemas matemáticos escolares
(1.ª ed.). Paraguay.
Oxley,
V. M. (2026a). Artefactualismo constitutivo: Hacia una teoría general de la
objetualidad normativa. Asunción, Paraguay.
Oxley,
V. M. (2026b). Antes del número: Hacia una reconstrucción constitutiva de la
aritmética. Asunción, Paraguay.
Saavedra, J., & Regalia, F. (2023, 11 de
diciembre). The learning crisis of adolescents in Latin America and the
Caribbean: A first look at the new PISA results. World Bank Blogs.
https://blogs.worldbank.org/en/latinamerica/learning-crisis-latin-america-caribbean-pisa-results
Sfard, A. (1991). On the dual nature of
mathematical conceptions: Reflections on processes and objects as different
sides of the same coin. Educational Studies in Mathematics, 22(1), 1–36.
https://doi.org/10.1007/BF00302715
Sfard, A., & Linchevski, L. (1994). The
gains and the pitfalls of reification—The case of algebra. Educational Studies
in Mathematics, 26(2–3), 191–228. https://doi.org/10.1007/BF01273663
Vergnaud, G. (1990). La
théorie des champs conceptuels. Recherches en Didactique des Mathématiques,
10(2–3), 133–170.
Vergnaud, G. (1994). Multiplicative conceptual
field: What and why? En G. Harel & J. Confrey (Eds.), The development of
multiplicative reasoning in the learning of mathematics (pp. 41–59). State
University of New York Press.
martes, 15 de septiembre de 2026
El problema empieza antes: por qué nuestros estudiantes operan con objetos matemáticos que nunca llegaron a comprender
Una nueva pieza para comprender el fracaso de la matemática escolar en Paraguay
Víctor M. Oxley
Durante los últimos meses (en realidad ya años) he venido examinando el fracaso de la educación matemática paraguaya desde distintos ángulos. Los resultados fueron conduciendo, progresivamente, hacia un problema que parece encontrarse todavía más abajo que el currículo, la evaluación o las calificaciones.
En La contradicción ontológica en el currículo de matemática de Paraguay mostré una contradicción fundamental: mientras el discurso educativo afirma que el estudiante debe construir activamente su conocimiento, los contenidos matemáticos aparecen muchas veces como objetos terminados que simplemente deben ser recibidos, definidos y manipulados.
Después, en Un mismo currículo, dos regímenes, apareció otro problema. La Educación Escolar Básica y la Educación Media no parecen constituir una progresión homogénea. En la Educación Media aumenta abruptamente la formalización y se debilita el discurso constructivo que, al menos declarativamente, caracterizaba a la Educación Básica.
Finalmente, en La ilusión institucional de competencia abordé una consecuencia particularmente inquietante: aprobar no significa necesariamente haber aprendido.
Los datos del Programa Itaipu-Becal resultaron especialmente reveladores. La correlación encontrada entre las calificaciones de la Educación Media y una evaluación independiente de competencias básicas fue apenas: r = 0,31. Por tanto: r² = 0,096. Es decir, las calificaciones escolares explicaban menos del 10 % de la variación observada en las competencias básicas.
Tenemos entonces tres problemas relacionados: el currículo puede declarar una cosa y exigir otra; el estudiante puede pasar abruptamente de un régimen matemático a otro; y, finalmente, el sistema puede certificar una competencia que el estudiante no demuestra posteriormente.
Pero faltaba una pregunta.
¿Qué está ocurriendo realmente cuando un estudiante «no entiende» matemática?
Solemos responder diciendo que un problema es difícil porque tiene muchos pasos, porque exige razonamiento abstracto, porque contiene demasiadas operaciones o porque sobrecarga la memoria del estudiante. Todo eso puede ser cierto. Pero existe una posibilidad anterior. Supongamos que pedimos a un estudiante resolver: 3x + 2x = ?
Para nosotros parece una operación elemental. Vemos inmediatamente dos monomios semejantes. Conservamos la parte literal, sumamos los coeficientes y obtenemos: 5x
Pero pensemos ahora qué debe existir previamente en la comprensión del estudiante para que esa operación tenga sentido. Debe distinguir 3 de x. Debe comprender que 3 cumple una función de coeficiente. Debe comprender que entre 3 y x existe una multiplicación aunque el signo × no aparezca. Debe reconocer que 3x constituye una unidad matemática. Debe comprender por qué 3x y 2x pueden combinarse, pero 3x y 2y no pueden reducirse del mismo modo. Y debe conservar la identidad de ese objeto cuando cambia su representación.
Aquí aparece una distinción fundamental. Una cosa es ver el signo. Otra es haber constituido el objeto que ese signo permite representar. Por eso: signo reconocido ≠ objeto comprendido; y también: regla ejecutada ≠ objeto comprendido
Un alumno puede aprender que «se suman los números de adelante y se deja la letra» y responder correctamente: 3x + 2x = 5x
Pero eso todavía no demuestra que haya comprendido qué es un monomio. Ha podido aprender una regla de transformación sin haber constituido suficientemente el objeto sobre el cual esa regla opera.
Antes de relacionar objetos, tienen que existir como objetos para el alumno
Esta es la idea central:
No puede aprenderse competentemente como objeto aquello que aún no ha podido constituirse suficientemente como objeto en la comprensión del alumno.
Esto permite distinguir dos niveles diferentes de dificultad matemática.
Primer nivel: constituir el objeto
Antes de operar con una fracción, una variable, un número negativo, un monomio, una función o una ecuación, esa organización debe adquirir cierta estabilidad en la comprensión del estudiante. Debe poder reconocer qué elementos la componen, qué función cumple cada uno, qué relaciones son necesarias, qué transformaciones están permitidas y qué debe permanecer invariable para que siga tratándose del mismo objeto. A este proceso lo denomino constitución-aprehensión del objeto matemático. No significa memorizar una definición. Significa que algo empieza a funcionar cognitivamente como una unidad matemática estable.
Segundo nivel: relacionar los objetos
Una vez que los objetos están suficientemente disponibles, aparece otro tipo de dificultad. Ahora el estudiante debe:
mantener varios objetos simultáneamente;
establecer relaciones entre ellos;
realizar transformaciones;
seguir cadenas de inferencias;
cambiar de una representación a otra;
interpretar el lenguaje del problema;
mantener información en memoria de trabajo;
e inhibir información irrelevante.
Este es el segundo nivel de complejidad. Podemos representarlo esquemáticamente así:
OBJETOS → RELACIONES ENTRE OBJETOS
o, más precisamente:
constitución → aprehensión → coordinación → nueva constitución
Porque ocurre algo todavía más interesante. Aquello que inicialmente era una relación puede convertirse posteriormente en un nuevo objeto. El niño aprende el número 3. Después aprende la variable x. Posteriormente comprende la relación multiplicativa entre ambos: 3 · x. Finalmente, esa organización se compacta y aparece: 3x
Ahora 3x puede funcionar como un nuevo objeto. Y entonces puede participar en organizaciones superiores:
3x + 2x
3x = 6
(3x)²
El aprendizaje matemático, por tanto, no parece una simple escalera donde agregamos conocimientos uno encima de otro. Se parece más a una construcción recursiva:
objetos → relaciones → nuevos objetos → nuevas relaciones → objetos de orden superior
Ahora podemos volver al problema del currículo paraguayo
Aquí es donde esta nueva hipótesis se conecta directamente con mis investigaciones anteriores. El currículo puede presentar una sucesión perfectamente ordenada de contenidos:
números naturales → fracciones → enteros → expresiones algebraicas → ecuaciones → funciones.
Sobre el papel parece existir progresión.
Pero una progresión curricular no garantiza una progresión constitutiva. Que un contenido haya sido «dado» no significa que el correspondiente objeto matemático haya sido constituido en la comprensión del estudiante. Que haya aprobado fracciones tampoco demuestra que las fracciones funcionen para él como objetos matemáticos suficientemente estables. Que haya aprobado álgebra no demuestra que haya constituido variable, monomio, polinomio o ecuación. Y aquí aparece una formulación que considero decisiva:
currículo formal ≠ genealogía constitutiva del conocimiento
El currículo avanza porque terminó el calendario. El conocimiento matemático solamente puede avanzar cuando las organizaciones anteriores alcanzaron suficiente estabilidad para convertirse en unidades de las organizaciones siguientes.
El cambio abrupto de la Educación Media adquiere ahora otro significado
En mi análisis curricular encontré que la contradicción entre discurso constructivista y presentación formalista de los contenidos aumenta fuertemente en la Educación Media. Ahora podemos formular una hipótesis más precisa sobre por qué esto puede resultar particularmente destructivo. El sistema no solamente aumenta la abstracción.
Aumenta las relaciones que deben coordinarse mientras presupone que los objetos anteriores ya están constituidos.
Pero ¿qué ocurre si no lo están? El estudiante llega al álgebra teniendo que operar con números cuya estructura quizá nunca estabilizó completamente. Luego aparecen variables. Después expresiones algebraicas. Luego ecuaciones. Después funciones. Cada nuevo objeto presupone organizaciones anteriores. Si estas no están suficientemente consolidadas, la dificultad se acumula. Podemos representarlo de manera sencilla:
objeto insuficientemente constituido
↓
nueva relación
↓
objeto superior inestable
↓
nuevas relaciones
↓
sobrecarga creciente
Lo que desde afuera parece «falta de capacidad matemática» puede ser entonces una genealogía interrumpida de constitución de objetos.
Esto también permite reinterpretar la ilusión institucional de competencia
Ahora aparece una conexión todavía más inquietante. Nuestro sistema puede evaluar si el estudiante ejecuta procedimientos sin comprobar si los objetos matemáticos involucrados están suficientemente aprehendidos. Puede preguntar: 3x + 2x = ? El estudiante responde: 5x. Correcto. Recibe el punto. Aprueba.
El sistema registra: competencia adquirida. Pero quizás solamente aprendió: «sumar los números y conservar la letra». Entonces tenemos: ejecución correcta ≠ aprehensión del objeto. Y si la evaluación confunde ambas cosas: aprobación ≠ competencia matemática efectiva
Esto ofrece un posible mecanismo cognitivo y ontológico para comprender la ilusión institucional de competencia que documenté anteriormente.
El sistema certifica el resultado observable. Pero el resultado puede ocultar una estructura conceptual todavía frágil. Mientras los ejercicios sean familiares, esa fragilidad puede permanecer invisible. El problema aparece cuando una evaluación externa cambia la representación, introduce una situación nueva o exige transferencia. Entonces la regla memorizada deja de funcionar. Y parece que el estudiante «olvidó». Quizás nunca había constituido suficientemente aquello que aparentemente sabía.
Esto cambia también la forma de interpretar el error
Hay otra consecuencia importante. Dos estudiantes pueden dar exactamente la misma respuesta incorrecta y, sin embargo, tener problemas completamente diferentes. El primero puede no haber comprendido el objeto matemático. El segundo puede comprender perfectamente los objetos, pero fracasar porque el problema exige mantener demasiadas relaciones simultáneamente.
En el primer caso tenemos una dificultad de Nivel I: constitución-aprehensión.
En el segundo, una dificultad de Nivel II: coordinación relacional efectiva.
Y las intervenciones deberían ser diferentes.
Si el problema es de segundo nivel, puede ayudar dividir el ejercicio, reducir información innecesaria, escribir pasos intermedios o descargar memoria de trabajo.
Pero si el problema está en el primer nivel, simplificar el ejercicio puede no resolver nada. Hay que volver al objeto.
¿Qué es?
¿Qué componentes posee?
¿Qué función cumple cada componente?
¿Qué puede cambiar?
¿Qué no puede cambiar?
¿Cuándo sigue siendo el mismo objeto?
¿Cuándo deja de serlo?
Esto permite incluso una predicción que puede someterse a investigación. Si reducimos radicalmente la carga cognitiva de un problema y el estudiante continúa cometiendo errores relacionados con la identidad del objeto, tenemos razones para sospechar una dificultad constitutiva. Si, por el contrario, al descargar memoria y explicitar las relaciones el estudiante resuelve correctamente la tarea, probablemente el objeto estaba disponible y el problema se encontraba principalmente en el segundo nivel.
Tal vez hemos estado midiendo demasiado tarde
Durante décadas hemos preguntado:
¿cuánto sabe matemática el estudiante?
Después preguntamos:
¿qué competencias posee?
Luego:
¿qué puntaje obtiene?
Pero quizás existe una pregunta anterior:
¿Qué objetos matemáticos existen realmente como objetos estables en su comprensión?
Porque si una fracción es solamente «un número arriba y otro abajo», si una variable es simplemente «una letra», si una ecuación es «algo que hay que resolver» y una función es «una fórmula», entonces el estudiante puede haber recorrido años enteros del currículo sin haber construido las unidades conceptuales que ese mismo currículo supone.
Y después hacemos algo todavía más problemático: lo evaluamos sobre relaciones entre esos objetos.
El fracaso matemático paraguayo puede tener una arquitectura
Mis investigaciones anteriores mostraron distintos síntomas de un mismo problema.
La contradicción ontológica curricular mostró una distancia entre el discurso de construcción del conocimiento y la presentación de objetos matemáticos terminados.
El estudio de los dos regímenes curriculares mostró una discontinuidad entre la Educación Básica y la Educación Media.
La ilusión institucional de competencia mostró que certificación y competencia efectiva pueden separarse profundamente.
La teoría de los dos niveles de complejidad permite ahora proponer una conexión entre esos resultados:
el sistema puede estar avanzando relacionalmente más rápido de lo que los estudiantes avanzan constitutivamente.
El currículo agrega operaciones. Agrega propiedades. Agrega expresiones. Agrega ecuaciones. Agrega funciones. Agrega problemas. Pero cada nueva relación presupone objetos anteriores suficientemente estabilizados.
Si esa condición no se cumple, el sistema continúa avanzando igualmente. El calendario avanza. El programa avanza. Las calificaciones avanzan. El estudiante avanza de grado. Finalmente obtiene una certificación.
Lo único que puede no haber avanzado al mismo ritmo es la construcción efectiva del conocimiento matemático.
Y entonces la contradicción queda completa:
el currículo presupone objetos que quizá nunca ayudó a constituir;
la enseñanza exige relaciones entre esos objetos;
la evaluación acredita la ejecución de procedimientos;
y la institución convierte esa acreditación en evidencia de competencia.
Después PISA, ERCE, SNEPE u otra evaluación independiente cambia el contexto y pregunta qué puede hacer realmente el estudiante con aquello que supuestamente aprendió. Y aparece el fracaso. Quizás, entonces, la pregunta que debemos hacer al sistema educativo paraguayo ya no sea solamente:
¿por qué nuestros estudiantes no pueden resolver los problemas?
Hay una pregunta anterior y mucho más incómoda:
¿Cómo pretendemos que relacionen competentemente objetos matemáticos que nunca les dimos la oportunidad de constituir como objetos en su propia comprensión?
viernes, 4 de septiembre de 2026
Cuando el margen de error desaparece del gráfico: La falsa precisión de una encuesta electoral en Capiatá
La encuesta que ordena lo que no puede ordenar con esa precisión
La publicación de Investiga Consultora presenta doce candidaturas a la Concejalía Municipal de Capiatá en forma de un ranking preciso: primero, segundo, tercero… hasta duodécimo. El problema es que la propia ficha técnica declara una muestra de apenas 600 casos y un margen de error de ±4 puntos porcentuales al 95% de confianza. Basta aplicar a la gráfica su propia incertidumbre para comprobar cuánto cambia la imagen que recibe el lector.
El supuesto líder, Ángel Castellano, registra 20,1%. Con la banda de ±4 puntos anunciada, su estimación abarcaría 16,1–24,1%. Jimy Marconi, con 16,3%, abarcaría 12,3–20,3%. Raquel Arguello, con 12,8%, abarcaría 8,8–16,8%. Por tanto, el escenario Castellano 16,1%, Marconi 16,3% y Arguello 16,8% cabe dentro de esas bandas. Es decir: la misma información que gráficamente parece mostrar un líder claramente separado permite también un escenario en el cual los tres primeros se encuentran comprimidos en apenas 0,7 puntos. Y el problema se vuelve todavía más evidente al descender por la tabla. Ramírez aparece con 9,7%; Medina con 6,8%; Riquelme con 5,3%; González con 4,6%; Denis con 3,8%; Sosa con 3,2%. Se están asignando puestos diferentes a candidatos separados por 0,7, 0,8 o 0,6 puntos porcentuales, cuando la propia publicación anuncia una incertidumbre máxima de cuatro puntos.
Así, el gráfico
transforma estimaciones muestrales
inciertas en un podio aparentemente exacto.
Hay que
introducir una precisión estadística: el ±4% de la ficha técnica no debe
sumarse y restarse mecánicamente a cada candidato como si todos tuvieran
exactamente ese margen individual, ni la superposición transitiva convierte a
los doce candidatos en un gigantesco “empate técnico”. El error estándar de
cada proporción depende de su magnitud y, además, las estimaciones de
candidatos de una misma encuesta están relacionadas entre sí.
Pero esa
precisión no salva la presentación;
exige una presentación mejor.
Con 600
observaciones, por ejemplo, los intervalos binomiales aproximados de los tres
primeros son bastante amplios: alrededor de 16,9–23,3% para Castellano,
13,3–19,3% para Marconi y 10,1–15,5% para Arguello. Por tanto, especialmente
entre candidatos próximos, el simple orden de los porcentajes no equivale a haber demostrado
estadísticamente ese orden en la población.
Y falta
algo fundamental para juzgar seriamente la encuesta. Decir “600 casos, encuesta
telefónica, 95% de confianza y ±4%” no permite por sí solo auditar su calidad.
Sería necesario conocer con detalle cómo
se seleccionaron esos 600 electores, el marco muestral utilizado, cuotas o
estratos, distribución territorial, ponderaciones, tasa de respuesta,
tratamiento de reemplazos, formulación y orden exactos de las preguntas y
procedimiento aplicado a los indecisos.
El 11% de
NS/NC añade además incertidumbre política que una fotografía de barras
ordenadas tampoco refleja.
Esta encuesta no demuestra que el orden electoral de Capiatá sea exactamente el que muestra la gráfica. Demuestra únicamente que, en una muestra de 600 casos y bajo una metodología cuya ficha publicada aquí es muy resumida, se obtuvieron estimaciones puntuales de 20,1%, 16,3%, 12,8%, etc.
Presentar esas estimaciones mediante doce barras rigurosamente ordenadas, sin intervalos de confianza y sin advertir qué diferencias son estadísticamente distinguibles, produce una apariencia visual de certeza que los datos no poseen.
No hace falta acusar a nadie de falsificar números para desmontar el mensaje gráfico. Alcanza con devolverle a cada número la incertidumbre que la propia encuesta reconoce. Cuando se hace eso, desaparecen varias de las fronteras nítidas entre “primero”, “segundo”, “tercero”, “sexto” o “séptimo” que la imagen invita a creer.
La
pregunta que debería responder Investiga Consultora es muy sencilla:
¿Qué diferencias entre candidatos son
estadísticamente significativas y cuáles son solamente diferencias de
estimación muestral?
Si no
proporciona ese análisis, el ranking
dice visualmente bastante más de lo que la evidencia estadística permite concluir.
Y esa es
una crítica mucho más difícil de rebatir que acusarla directamente de
manipulación: no presume intenciones; señala
exactamente dónde la representación excede a la evidencia.
El caso de Ramóncito González muestra con especial claridad el efecto comunicacional del ranking. Con 4,6%, es presentado como séptimo, entre Riquelme (5,3%) y Denis (3,8%): diferencias de apenas 0,7 y 0,8 puntos, frente a un margen de error declarado de ±4%. Así, una diferencia muestral mínima se transforma visual y mediáticamente en una posición política aparentemente consolidada. El problema puede expresarse simplemente:
0,7 << 4,0 ; 0,8 << 4,0
Por
tanto:
posición gráfica ≠ posición electoral
estadísticamente demostrada.
A la vez,
esta forma de presentar los resultados degrada
la estadística como instrumento científico. Una encuesta no produce
certezas: produce estimaciones acompañadas de incertidumbre. Publicar n = 600, confianza = 95% y ME = ±4%,
pero luego tratar diferencias de décimas como jerarquías firmes, significa
invocar la autoridad de la estadística mientras se ignoran sus propias reglas.
La lógica
científica correcta es:
MEDIR → ESTIMAR → CUANTIFICAR INCERTIDUMBRE →
INFERIR
y no:
MEDIR → ORDENAR → PRESENTAR COMO CERTEZA.
La
probabilidad y la cuantificación de la incertidumbre son pilares de la ciencia
moderna —hasta el formalismo predictivo de la mecánica cuántica depende
esencialmente de ellas—. La
incertidumbre no debilita a la ciencia: forma parte de aquello que hace
científico al conocimiento. Utilizar sus números y símbolos de autoridad
mientras se oculta su incertidumbre no fortalece una encuesta; la desnaturaliza.
Lo que
viene es para los curiosos de la lógica y el razonamiento. La encuesta presenta
la siguiente distribución de intención de voto:
20,1% > 16,3% > 12,8% > 9,7% > 6,8% >
5,3% > 4,6% > 3,8% > 3,2% > 2,5% > 2,1% > 1,5%
Visualmente,
esto induce una interpretación ordinal fuerte:
C1 > C2 > C3 > C4 > ... > C12
Sin
embargo, la ficha técnica establece:
n = 600 | Nivel de confianza = 95% | Margen de error
máximo = ±4%
Por
consiguiente:
orden de las estimaciones ≠ orden poblacional
demostrado
1. El bloque de los tres
primeros
Los tres
primeros candidatos presentan:
Castellano = 20,1%
Marconi = 16,3%
Arguello = 12,8%
En
conjunto:
20,1 + 16,3 + 12,8 = 49,2%
Como:
NS/NC = 11%
entonces:
Voto definido = 100% − 11% = 89%
y los
tres primeros representan:
49,2 / 89 × 100 = 55,3% del voto definido
Por
tanto, la encuesta establece claramente:
{Castellano + Marconi + Arguello} → bloque electoral
dominante
Pero esto
no significa que pueda establecer con igual precisión el orden interno de ese
bloque. La propia incertidumbre declarada permite ilustrarlo:
Castellano: 20,1 − 4 = 16,1%
Marconi: 16,3%
Arguello: 12,8 + 4 = 16,8%
Así:
16,1% < 16,3% < 16,8%
y:
16,8 − 16,1 = 0,7 puntos
Por
tanto:
separación gráfica fuerte ≠ separación estadística
igualmente fuerte
Esto no
significa que el verdadero resultado sea 16,1%–16,3%–16,8%. Significa solamente
que la incertidumbre declarada admite
escenarios de fuerte aproximación entre los tres primeros.
2. La estructura
descendente
Las
diferencias entre los primeros puestos son:
20,1 − 16,3 = 3,8
16,3 − 12,8 = 3,5
12,8 − 9,7 = 3,1
9,7 − 6,8 = 2,9
Por
tanto:
3,8 → 3,5 → 3,1 → 2,9
Después,
las diferencias se comprimen:
1,5 → 0,7 → 0,8 → 0,6 → 0,7 → 0,4 → 0,6
La
estructura visual resultante puede expresarse como:
3 punteros → descenso progresivo → cola electoral
comprimida
Es decir,
la encuesta no comunica solamente porcentajes. Comunica una determinada arquitectura de la competencia electoral.
3. Dato, patrón,
hipótesis y prueba
Es
fundamental no confundir cuatro niveles:
DATO → PATRÓN → HIPÓTESIS → PRUEBA
Dato:
D = {20,1; 16,3; 12,8; 9,7; ... ; 1,5}
Patrón:
P = {tres candidatos predominantes + descenso progresivo del resto}
Hipótesis prospectiva:
H = el resultado electoral futuro podría reproducir P.
Pero
lógicamente:
P ⇏
fabricación
y:
P ⇏ fraude
Es decir,
la existencia del patrón no demuestra cuál es su causa.
4. Lo importante: el
patrón queda registrado antes de la elección
Actualmente,
en el momento t₀, conocemos la encuesta:
E = {e₁, e₂, e₃, ..., e₁₂}
Después
de las elecciones, en t₁, conoceremos los resultados:
R = {r₁, r₂, r₃, ..., r₁₂}
Entonces
será posible comparar:
E ↔ R
y medir
objetivamente:
distancia(E,R)
La
ventaja metodológica es fundamental:
Hipótesis formulada en t₀ → resultado observado en
t₁
y no:
resultado conocido en t₁ → construcción
retrospectiva de una hipótesis
Por
tanto, estamos ante una hipótesis
prospectiva y falsable.
5. Qué significaría una
coincidencia futura
Si:
R ≠ E
→ la
hipótesis de reproducción de la estructura pierde fuerza.
Si:
R ≈ E
→ la
encuesta pudo simplemente haber anticipado correctamente el resultado.
Por
tanto:
R ≈ E ⇏ fraude
Pero
supongamos que además aparecen anomalías independientes en los resultados por
mesa:
A = anomalías estadísticas desagregadas
Entonces:
(R ≈ E) ∧ A → justificación de auditoría técnica
Pero
incluso entonces:
(R ≈ E) ∧ A ⇏ fraude
demostrado
La
inferencia correcta sería:
coincidencia extraordinaria + anomalías
independientes → investigar
y no:
coincidencia → fraude
6. La verdadera prueba
estará en las mesas
La
encuesta solamente proporciona datos agregados:
E = 12 porcentajes
La
elección proporcionará centenares de observaciones:
M = {mesa₁, mesa₂, mesa₃, ..., mesaₙ}
Sobre
ellas podrán estudiarse:
umbrales + discontinuidades + concentraciones +
correlaciones + valores extremos + patrones territoriales
Por
consiguiente:
Encuesta agregada ≠ prueba forense
pero:
Encuesta previa + resultados oficiales + datos por
mesa → contraste forense prospectivo
La
información desagregada será la que permita determinar si existen estructuras
estadísticas que requieran una explicación adicional.
Conclusión lógica
Toda la
argumentación puede reducirse a esta cadena:
n = 600 + ME = ±4%
↓
ranking puntual ≠ jerarquía poblacional
demostrada
↓
se observa P = {3 punteros + descenso
progresivo}
↓
P ⇏ fraude
↓
P queda registrado antes de la elección
(t₀)
↓
elección futura produce R (t₁)
↓
comparación E ↔ R
↓
R ≈ E ⇏ fraude
↓
(R ≈ E) ∧ anomalías por mesa →
auditoría técnica
↓
auditoría + evidencia independiente →
eventual inferencia causal
En forma
condensada:
REGISTRAR AHORA → COMPARAR DESPUÉS → ANALIZAR POR
MESA → AUDITAR SI APARECEN ANOMALÍAS → CONCLUIR SOLO SEGÚN LA EVIDENCIA
La
fortaleza del planteamiento radica precisamente en eso: no necesita afirmar hoy la existencia de fraude. La encuesta ha
dejado registrada antes de la elección una estructura numérica específica. Si
posteriormente esa estructura se reproduce de manera excepcional y aparecen
además anomalías independientes en los datos electorales desagregados,
existirán fundamentos objetivos para profundizar la investigación.













