### Un análisis lógico y crítico de los indicadores monetario, multidimensional y de necesidades básicas
**Dr. Victor Oxley** victoroxley@gmail.com
### A raíz de los comentarios recibidos
Los señalamientos —agudos e ilustrados— han sido valiosos. Quienes participaron en el hilo han recordado con acierto que el INE trabaja con comités técnicos, que existe un Índice de Pobreza Multidimensional (IPM) como complemento al monetario, que hay publicaciones metodológicas accesibles y que, en rigor, ningún indicador solo agota la complejidad de la pobreza.
Todo eso es cierto. Y precisamente por eso vale la pena detenerse en lo que no se dijo en esos comentarios, pero que es el corazón del asunto:
**No hay discusión sobre la calidad técnica del INE. La hay sobre el uso político y mediático de sus cifras.**
El problema no es que existan tres indicadores. El problema es que se comunica selectivamente aquel que muestra mejores resultados —la pobreza monetaria—, mientras la pobreza estructural (NBI, IPM) permanece en segundo plano. El ciudadano escucha “la pobreza bajó”, pero no se le dice que eso se refiere solo al ingreso, no a las carencias en vivienda, saneamiento o educación.
La discusión, entonces, no es metodológica. Es sobre **transparencia comunicativa** y **coherencia entre lo que se sabe y lo que se dice**.
A eso voy.
### 1. Introducción y tesis
El Instituto Nacional de Estadística (INE) de Paraguay publica de manera sistemática tres mediciones vinculadas a la pobreza: la **pobreza monetaria** (total y extrema), el **Índice de Pobreza Multidimensional (IPM)** y el índice de **Necesidades Básicas Insatisfechas (NBI)**. La existencia de estos tres instrumentos responde a un esfuerzo técnico deliberado por capturar distintas dimensiones de un fenómeno complejo. El propio INE ha explicitado que el IPM fue diseñado como “una medida complementaria a la pobreza monetaria y las necesidades básicas insatisfechas”. Los comités técnicos que evalúan estos procesos, la pluralidad de publicaciones metodológicas disponibles y la participación de diversos sectores en la generación de información garantizan la solidez técnica del trabajo institucional.
Sin embargo, el hecho de que existan tres mediciones rigurosas no resuelve un problema de otro orden: el de **cómo se comunican públicamente** y **qué uso político y mediático se hace de ellas**. El presente análisis parte del reconocimiento de la calidad técnica del INE para luego concentrarse en una cuestión conceptual y comunicativa: la equivocidad semántica del término “pobreza” y las consecuencias que esta ambigüedad tiene sobre el debate público y la comprensión del fenómeno.
### 2. Formalización y no-equivalencia de los indicadores
Sea $H$ el conjunto de individuos u hogares. Definimos tres predicados:
- $M(x)$: $x$ es pobre según criterio monetario.
- $MD(x)$: $x$ es pobre según criterio multidimensional (IPM).
- $NBI(x)$: el hogar de $x$ presenta al menos una necesidad básica insatisfecha.
Estos predicados no comparten criterios de aplicación. Mientras $M(x)$ depende de la relación entre ingreso y canasta básica, $MD(x)$ se define por la acumulación de carencias en múltiples dimensiones (trabajo, salud, educación, vivienda), y $NBI(x)$ por déficits estructurales observables en vivienda, saneamiento y educación.
Los datos empíricos disponibles (INE, 2024; 2025) permiten afirmar:
$$
\exists x, (MD(x) \land \neg M(x))
$$
y también:
$$
\exists x, (NBI(x) \land \neg MD(x))
$$
Es decir, existen personas pobres según el IPM que no son consideradas pobres por la medición monetaria, y existen hogares con NBI que no son considerados pobres multidimensionales. Más aún:
$$
M \neq MD \neq NBI
$$
y no existe relación de inclusión general entre estos conjuntos.
Sin embargo, esta divergencia **no constituye una contradicción lógica**, dado que no se verifica ninguna instancia del tipo:
$$
\exists x, (P(x) \land \neg P(x))
$$
Lo que se observa es, más bien, una **inconmensurabilidad parcial**: los indicadores no son reducibles entre sí, sus extensiones no coinciden y sus criterios de aplicación responden a marcos conceptuales distintos. Cada uno define, por tanto, un objeto teórico diferente.
### 3. Equivocidad semántica y construcción del objeto “pobreza”
El problema central no es lógico sino **semántico**. El término “pobreza” funciona aquí como un término equívoco que designa propiedades distintas según el contexto de medición. Puede referir a insuficiencia de ingreso, a privación multidimensional o a déficit estructural, sin que estas dimensiones sean coextensivas ni reductibles entre sí.
Formalmente:
$$
\text{Pobreza}_M \neq \text{Pobreza}_{MD} \neq \text{Pobreza}_{NBI}
$$
Esta situación es consistente con lo que en filosofía de la ciencia se ha denominado **pluralidad de constructos** (Cartwright, 1999) y con la idea de que los indicadores sociales no descubren propiedades naturales preexistentes, sino que construyen objetos mediante criterios operativos específicos (Hacking, 1992).
Desde esta perspectiva, “pobreza” no designa un fenómeno unitario, sino una **familia de propiedades heterogéneas**, cuya unificación es lingüística antes que ontológica. La aparente unidad del fenómeno es el resultado de una decisión clasificatoria, no de una identidad empírica subyacente.
### 4. Crítica al uso del indicador de pobreza monetaria
En el discurso institucional y mediático, el indicador de pobreza monetaria ocupa un lugar privilegiado. Esta centralidad no se explica por su superioridad analítica, sino por una propiedad específica: su **alta sensibilidad a variaciones marginales del ingreso**, lo que lo convierte en un instrumento particularmente apto para registrar cambios de corto plazo.
Sin embargo, esta misma sensibilidad revela su principal limitación cuando se lo presenta como indicador global de pobreza. La clasificación $M(x)$ depende de un umbral discreto, lo que implica que pequeñas variaciones en el ingreso pueden alterar el estatus del individuo:
$$
\exists x, (|ingreso(x) - umbral| < \epsilon \land (M(x) \leftrightarrow \neg M(x)))
$$
Esto significa que un individuo puede “salir de la pobreza” sin que haya experimentado ninguna transformación significativa en sus condiciones materiales de vida. La mejora registrada es, en este sentido, **nominal antes que sustantiva**.
Más aún, el indicador monetario es estructuralmente ciego a dimensiones fundamentales del bienestar. Existen individuos tales que:
$$
\exists x, (\neg M(x) \land NBI(x))
$$
es decir, personas que no son consideradas pobres según su ingreso, pero que viven en condiciones de privación estructural severa. Este hecho no es una anomalía, sino una consecuencia directa del diseño del indicador.
La raíz del problema radica en la naturaleza de la variable utilizada. El ingreso es una magnitud de **flujo**, mientras que las condiciones captadas por el NBI y, en parte, por el IPM, corresponden a **estados estructurales** relativamente estables. La inferencia de mejoras en las condiciones de vida a partir de variaciones en el ingreso implica, por tanto, una confusión entre dinámicas de corto plazo y configuraciones estructurales.
En este sentido, el indicador monetario no es técnicamente incorrecto, pero resulta **epistemológicamente insuficiente para cumplir la función de indicador único o global de pobreza** que se le asigna en el discurso público. Mide con precisión lo que está diseñado para medir —la capacidad de consumo en relación con una canasta—, pero su uso predominante produce un efecto de reducción conceptual, en el que:
$$
\text{Pobreza} \approx \text{insuficiencia de ingreso}
$$
### 5. Uso pragmático y desplazamiento semántico
La coexistencia de indicadores heterogéneos bajo un mismo término permite un **uso selectivo** en el discurso público. La pobreza monetaria es destacada cuando muestra mejoras, mientras que el IPM y el NBI son invocados en contextos donde resulta necesario enfatizar carencias estructurales.
Dado que todos estos indicadores son presentados como mediciones de “la pobreza”, esta alternancia produce un efecto de **continuidad semántica** que oculta la discontinuidad conceptual. El resultado es un desplazamiento de referencia no explicitado, en el que la afirmación “la pobreza bajó” puede ser verdadera bajo un criterio y falsa bajo otro.
No se trata de una contradicción en los datos, sino de una **ambigüedad en el uso del lenguaje**. La presentación de estos constructos bajo una misma etiqueta, combinada con la centralidad que el discurso institucional y mediático otorga al indicador monetario, permite un uso estratégico que tiende a mostrar la fotografía más favorable de la realidad social.
### 6. Conclusión
Los indicadores del INE no son incoherentes entre sí. Son, más bien, **inconmensurables en parte**, en tanto responden a definiciones distintas de aquello que pretenden medir. El problema no reside en su coexistencia —que es un acierto técnico—, sino en su **unificación terminológica** y en el **uso comunicativo** que de ella se deriva.
La pobreza no es un objeto único que estos indicadores capturan desde distintas perspectivas, sino un **conjunto de constructos** definidos por criterios específicos. La presentación de estos constructos bajo una misma etiqueta, combinada con la jerarquización implícita que favorece al indicador más sensible a variaciones coyunturales, produce una simplificación conceptual que afecta tanto la interpretación de los datos como la comprensión misma del fenómeno.
El INE ha cumplido con su tarea técnica. La deuda está en la **comunicación pública de la estadística** y en la **traducción de esa información multidimensional en políticas sostenidas**. Mientras la pobreza estructural (NBI, IPM) permanezca en segundo plano en los titulares y en la priorización política, el país seguirá celebrando reducciones coyunturales que no modifican las condiciones de vida de quienes, aun con ingresos superiores al umbral, siguen careciendo de vivienda digna, saneamiento o educación.
### Referencias
Alkire, S., & Foster, J. (2011). Counting and multidimensional poverty measurement. *Journal of Public Economics*, 95(7-8), 476-487.
Cartwright, N. (1999). *The dappled world: A study of the boundaries of science*. Cambridge University Press.
Hacking, I. (1992). The self-vindication of the laboratory sciences. En A. Pickering (Ed.), *Science as practice and culture*. University of Chicago Press.
Instituto Nacional de Estadística (INE). (2024). *Índice de Pobreza Multidimensional (IPM), EPHC 2024*. Asunción.
Instituto Nacional de Estadística (INE). (2025). *Encuesta Permanente de Hogares Continua: principales resultados*. Asunción.
Instituto Nacional de Estadística (INE). *Publicaciones de Necesidades Básicas Insatisfechas (NBI)*. Disponible en: https://www.ine.gov.py/publicacion/4/pobreza
Sen, A. (1985). *Commodities and capabilities*. North-Holland.
Sen, A. (1999). *Development as freedom*. Oxford University Press.









