Filósofo artefactualista estructural. Investigador en educación matemática y analista político. Su n

sábado, 31 de octubre de 2026

La unidad opositora y el desafío de construir una legitimidad democrática superior

(Una reflexión sobre la iniciativa del PLRA, la propuesta de participación ciudadana y la necesidad de revisar nuestros métodos de elección)

La iniciativa anunciada por el presidente del Partido Liberal Radical Auténtico (PLRA), Alcides Riveros, de avanzar hacia un acuerdo de unidad entre las fuerzas políticas de oposición constituye un paso importante y necesario de cara a las elecciones generales de 2028. La propuesta de construir una candidatura presidencial única, elaborar un proyecto común de gobierno y establecer una metodología consensuada para seleccionar a sus representantes demuestra una voluntad política que merece ser reconocida y acompañada.

En una oposición históricamente atravesada por fragmentaciones, disputas internas y dificultades para transformar su considerable respaldo electoral en una alternativa efectiva de gobierno, la decisión de establecer reglas comunes representa una oportunidad que no deberíamos desaprovechar.

En esa misma dirección, resultan valiosas las reflexiones del ilustrado Dr. Luis Fretes, quien, al comentar la iniciativa del Directorio del PLRA, plantea la necesidad de superar los mecanismos tradicionales de selección de candidaturas y avanzar hacia una participación ciudadana más amplia. Su comparación entre las alianzas tradicionales, las concertaciones y una concertación precedida por una consulta ciudadana abierta introduce una cuestión fundamental: la legitimidad de una candidatura opositora no puede depender exclusivamente de acuerdos entre dirigencias partidarias.

Coincido con esa preocupación. Una oposición que aspira a representar a una mayoría social debe procurar que la ciudadanía participe efectivamente en la construcción de su alternativa política. La apertura de los procedimientos, la transparencia de las reglas y la posibilidad de que ciudadanos no afiliados intervengan en una consulta previa son objetivos democráticos que merecen ser considerados seriamente.

Sin embargo, tanto la iniciativa institucional del PLRA como las interesantes observaciones de Fretes nos colocan frente a una cuestión que considero todavía insuficientemente examinada: no basta con ampliar la cantidad de personas que participan en una elección; también debemos revisar el procedimiento mediante el cual sus preferencias se transforman en un resultado electoral.

Aquí comienza una discusión que considero decisiva para el futuro de la oposición paraguaya.

El problema que permanece oculto detrás de la participación

Habitualmente suponemos que una elección es más democrática cuanto mayor es la cantidad de ciudadanos que participan en ella. Esta afirmación contiene una intuición razonable: una participación amplia puede fortalecer la inclusión y la representatividad del proceso.

Pero esa relación no es automática.

Imaginemos una preinterna opositora en la que participa un millón de paraguayos. Tres candidatos compiten y obtienen respectivamente el 38 %, el 34 % y el 28 % de los votos.

Si utilizamos el método de mayoría relativa, el primero resulta ganador. El procedimiento es conocido, sencillo y aparentemente incuestionable: obtuvo más votos que cualquiera de sus competidores.

Sin embargo, observemos lo que ese resultado no nos permite conocer.

¿Los electores del segundo candidato preferirían al tercero antes que al primero? ¿Los votantes del tercero considerarían al segundo una alternativa aceptable? ¿Podría ocurrir que el candidato proclamado ganador fuera derrotado por alguno de sus adversarios en una comparación directa de preferencias?

No lo sabemos.

Y no lo sabemos porque el procedimiento utilizado no recoge esa información.

Podría suceder que el candidato con el 38 % de los votos fuera, simultáneamente, el menos preferido en las comparaciones directas frente a sus dos competidores. También podría suceder lo contrario. El resultado de mayoría relativa, por sí solo, no permite determinarlo.

Esta limitación no desaparece porque participen cien mil, quinientos mil o un millón de electores.

La unidad opositora no se vuelve democráticamente legítima por el solo hecho de abrir la participación a todos los ciudadanos. Si un millón de paraguayos votan mediante un procedimiento que elimina información decisiva sobre sus preferencias, habremos ampliado la participación sin necesariamente mejorar la calidad democrática de la decisión.

La pregunta no es únicamente quiénes pueden votar, sino qué hacemos con sus votos y qué relaciones entre sus preferencias somos capaces de preservar.

No basta con que la ciudadanía elija. También debemos preguntarnos si el procedimiento utilizado permite reconocer, con suficiente fundamento democrático, a quien proclamamos como su candidato.

La legitimidad no depende solamente del padrón electoral

La propuesta de una preinterna abierta, como la considerada por el Dr. Fretes, tiene un mérito indiscutible: desplaza el centro de gravedad desde las dirigencias partidarias hacia la participación ciudadana.

Pero ampliar el universo de electores y mejorar el método de elección son dos problemas diferentes.

El primero se refiere a las condiciones de acceso a la decisión. El segundo, a las condiciones mediante las cuales esa decisión se constituye.

Esta distinción resulta fundamental.

Un padrón abierto puede incorporar a ciudadanos que tradicionalmente permanecen excluidos de las decisiones internas de los partidos. Pero si la regla utilizada sigue siendo la mayoría relativa, la información electoral continúa reducida a una sola preferencia por votante.

La participación aumenta; la capacidad del procedimiento para reconstruir las relaciones entre las preferencias ciudadanas permanece esencialmente igual.

Desde mis investigaciones sobre la constitución del resultado electoral, he sostenido que el ganador de una elección no constituye un dato que simplemente encontramos después de contar votos. Es el resultado de aplicar determinadas reglas a la información electoral disponible.

El procedimiento no se limita a descubrir una voluntad colectiva previamente constituida. Participa en la constitución institucional de aquello que posteriormente reconocemos como resultado electoral.

Esto no significa que cualquier método produzca resultados igualmente legítimos. Significa, precisamente, que debemos examinar y justificar las propiedades de los procedimientos que utilizamos.

Por eso, la discusión sobre la unidad opositora debería incorporar una pregunta adicional a las formuladas hasta ahora: ¿qué método electoral permite aprovechar mejor la información de las preferencias ciudadanas y seleccionar una candidatura con un respaldo colectivo más ampliamente justificable?

Una alternativa: votar expresando preferencias, no solamente una opción

Propongo que la oposición paraguaya estudie seriamente la incorporación de métodos de votación mediante preferencias ordenadas, particularmente Ranked Pairs, conocido también como método de Tideman, y Minimax, asociado al criterio de Simpson.

En lugar de solicitar al ciudadano que marque exclusivamente a su candidato favorito, podríamos permitirle ordenar hasta tres candidaturas según sus preferencias.

Por ejemplo:

  • Primera preferencia: candidato A.

  • Segunda preferencia: candidato C.

  • Tercera preferencia: candidato B.

Con esta modalidad, el elector no solamente expresa a quién desea como primera opción, sino también qué alternativas considera preferibles frente a las demás.

A partir de esa información pueden construirse comparaciones entre candidatos, identificando cuántos electores prefieren uno sobre otro.

Ranked Pairs utiliza esas comparaciones, ordena las victorias según su fuerza y las incorpora evitando la formación de ciclos en la relación colectiva resultante. Minimax, por su parte, evalúa a los candidatos atendiendo a su peor resultado en las comparaciones directas, conforme a la variante previamente definida.

Ambos métodos ofrecen una ventaja informativa frente a la mayoría relativa: permiten utilizar relaciones de preferencia que una boleta de opción única no registra.

No sostengo que sean procedimientos perfectos. Ningún sistema electoral razonable está libre de dificultades teóricas o posibilidades de comportamiento estratégico. Tampoco producen necesariamente el mismo ganador.

Pero ofrecen una oportunidad para superar una limitación que hemos naturalizado durante demasiado tiempo: identificar al candidato más votado en primera preferencia con el candidato que dispone del respaldo colectivo más defendible.

Y esta diferencia puede resultar decisiva cuando el objetivo político consiste, precisamente, en construir una candidatura de unidad.

Una candidatura única no garantiza una oposición verdaderamente unida

Aquí aparece otra limitación de las propuestas examinadas.

Se supone con frecuencia que, si todos participan en una elección, quienes pierden acompañarán al ganador porque reconocerán la legitimidad del procedimiento.

Es una expectativa deseable, pero no una consecuencia necesaria.

La experiencia política paraguaya demuestra que las disputas internas no desaparecen automáticamente después de una elección. Las rivalidades personales, los intereses organizativos y las diferencias programáticas pueden persistir incluso cuando las reglas fueron aceptadas previamente.

Por eso, la unidad opositora necesita algo más que una candidatura única y una elección participativa.

Necesita reglas cuya justificación democrática pueda ser defendida ante los propios derrotados; compromisos institucionales verificables; mecanismos de fiscalización transparentes; y acuerdos programáticos capaces de sostener la cooperación política después de la selección de candidatos.

Un procedimiento que permite conocer no solamente quién reúne más primeras preferencias, sino también cómo se relacionan las preferencias del electorado respecto de las distintas alternativas, puede aportar información especialmente valiosa para construir esa cooperación.

No garantiza que desaparezcan los conflictos. Pero puede ofrecer mejores fundamentos para discutir qué candidatura reúne condiciones de aceptación más amplias.

La unidad no debería reducirse a conseguir que todos acompañen al ganador. Debería comenzar por preguntarnos si hemos elegido mediante un procedimiento suficientemente adecuado para identificar una candidatura capaz de reunir a quienes inicialmente preferían opciones diferentes.

Una propuesta concreta para la oposición paraguaya

Considero que la iniciativa del presidente Alcides Riveros ofrece una oportunidad histórica para introducir esta discusión dentro del PLRA y entre las organizaciones políticas que buscan construir una alternativa de gobierno para 2028.

La metodología común anunciada no debería limitarse a resolver cuestiones organizativas, administrativas o de fiscalización. También debería incluir una evaluación rigurosa de los métodos mediante los cuales se seleccionará la candidatura presidencial.

Propongo avanzar en cinco direcciones:

  1. Mantener y fortalecer la iniciativa de unidad opositora, reconociendo el valor político del acuerdo impulsado desde el PLRA y la necesidad de construir una propuesta programática común.

  2. Estudiar mecanismos de participación ciudadana ampliada, incluida una preinterna abierta, distinguiendo cuidadosamente una consulta política previa de las elecciones internas formalmente exigidas por la legislación electoral paraguaya.

  3. Incorporar la votación por preferencias ordenadas, permitiendo que los ciudadanos expresen hasta tres preferencias entre las candidaturas participantes, con reglas explícitas para las preferencias no expresadas y los casos de empate.

  4. Evaluar públicamente Ranked Pairs y Minimax, mediante simulaciones, matrices de preferencias y escenarios comparativos con la mayoría relativa, antes de adoptar una regla definitiva y vinculante para los participantes.

  5. Establecer acuerdos previos de reconocimiento y cooperación, de manera que la legitimidad del procedimiento, la transparencia del escrutinio y los compromisos posteriores formen parte de una misma arquitectura institucional.

Esta propuesta no pretende sustituir la discusión política por una operación matemática.

Por el contrario, parte del reconocimiento de que toda regla de agregación electoral contiene decisiones normativas sobre qué información se considera relevante, cómo se comparan las preferencias y bajo qué condiciones se reconoce a un ganador.

La matemática hace explícitas esas decisiones y permite examinar sus consecuencias. Pero corresponde a la deliberación democrática justificar cuáles son las propiedades que queremos preservar.

La oportunidad de una innovación democrática paraguaya

La oposición paraguaya tiene ante sí una posibilidad que trasciende la elección presidencial de 2028.

Puede limitarse a repetir los procedimientos tradicionales, ampliando eventualmente el padrón y negociando compromisos de unidad. O puede aprovechar esta coyuntura para revisar críticamente las reglas mediante las cuales transforma las preferencias ciudadanas en decisiones políticas.

La iniciativa de Alcides Riveros es valiosa porque propone construir un instrumento político común. Las reflexiones del Dr. Luis Fretes son importantes porque insisten en ampliar la participación y evitar que la selección de candidaturas quede reducida a acuerdos cupulares.

Mi propuesta busca incorporar una tercera dimensión: la calidad constitutiva del procedimiento electoral.

No se trata solamente de quiénes participan ni de cuántos votos recibe cada candidatura, sino de qué información recogemos, qué relaciones preservamos y qué operaciones autorizamos para producir el resultado que finalmente reconocemos.

Si aspiramos a construir una alternativa democrática superior, debemos estar dispuestos a examinar también nuestros propios métodos de decisión.

La aparente simplicidad de la mayoría relativa no debería convertirse en un argumento suficiente para conservarla. Una regla fácil de aplicar puede ocultar información políticamente decisiva. Y un procedimiento aparentemente más complejo puede justificar su utilización precisamente porque permite considerar relaciones que antes permanecían invisibles.

La democracia no debería pagar con pérdidas evitables de información y legitimidad el precio de nuestra preferencia por los procedimientos más sencillos.

Celebro, por tanto, la iniciativa de unidad promovida por el PLRA y valoro las propuestas que buscan abrir la participación ciudadana. Pero considero que debemos ir más lejos.

No basta con abrir las puertas para que participe un millón de paraguayos si, una vez dentro, les ofrecemos un procedimiento incapaz de registrar adecuadamente las relaciones entre sus preferencias.

El desafío consiste en construir una unidad que no solamente sea amplia en su convocatoria, sino también rigurosa en sus reglas, transparente en sus resultados y democráticamente defendible en sus fundamentos.

Porque una verdadera innovación democrática no consiste únicamente en permitir que más ciudadanos voten.

Consiste también en conseguir que sus votos expresen más y que el procedimiento utilizado sea capaz de aprovechar responsablemente esa información para constituir una decisión colectiva.

Y si la oposición paraguaya pretende ofrecer al país una forma superior de ejercer el poder, tiene una oportunidad extraordinaria de comenzar demostrando esa superioridad en la manera en que elige a sus propios representantes.

Referencias

https://www.abc.com.py/politica/2026/10/30/oposicion-debe-trazar-hoja-de-ruta-al-2040-dice-presidente-del-plra/

https://www.facebook.com/share/p/1HSAt8JvSu/





martes, 13 de octubre de 2026

Carta al Presidente del Partido Liberal Radical Autèntico don Alcides Riveros

He remitido una carta al presidente del PLRA, Alcides Riveros, a propósito del debate sobre los mecanismos de selección de la candidatura presidencial opositora para 2028. A siguiente la transcripciòn del contenido:

Asunción, 13 de octubre de 2026

Señor Alcides Riveros
Presidente del Partido Liberal Radical Auténtico (PLRA)

Estimado presidente:

He seguido con interés sus recientes declaraciones a los medios de comunicación respecto de los procedimientos que el PLRA y los demás sectores de la oposición podrían adoptar para definir una candidatura presidencial con miras a las elecciones de 2028.

Me permito acercarle algunas consideraciones surgidas de una línea de investigación que vengo desarrollando sobre los sistemas electorales, los procedimientos de decisión colectiva y, particularmente, las limitaciones matemáticas de los mecanismos tradicionales de elección.

Uno de los problemas que he examinado en mis escritos es que el candidato que obtiene la mayor cantidad de votos bajo el sistema de mayoría simple no necesariamente es aquel que reúne las mayores preferencias del electorado. Esta distinción, aparentemente menor, tiene consecuencias importantes cuando se pretende que el resultado de una elección exprese adecuadamente la voluntad colectiva.

El problema es conocido en la teoría de la elección social desde los trabajos de Nicolas de Condorcet, y ha sido posteriormente desarrollado por numerosos investigadores. En determinadas configuraciones de preferencias, un candidato puede resultar electo por haber obtenido más primeras preferencias que sus competidores, aunque una mayoría de los mismos electores prefiera a otro candidato cuando ambos son comparados directamente.

Esto significa que un procedimiento electoral puede producir un resultado perfectamente válido conforme a sus reglas y, sin embargo, no identificar al candidato mayoritariamente preferido en las comparaciones entre alternativas.

He abordado esta cuestión en trabajos como La paradoja de Condorcet y el sistema electoral paraguayo (1993–2023), Mayoría simple, encuestas y la violación estructural de la soberanía ciudadana, así como en estudios aplicados a la selección de candidaturas en el escenario político paraguayo.

A partir de estas investigaciones, he venido examinando procedimientos alternativos de agregación de preferencias, entre ellos el método conocido como Ranked Pairs, que permite a los electores ordenar a los candidatos según sus preferencias y efectuar comparaciones sistemáticas entre ellos. Se trata de un procedimiento matemáticamente definido, susceptible de cálculo informático y verificación pública, que ofrece propiedades relevantes para la selección colectiva, aunque, naturalmente, también posee limitaciones que deben ser consideradas.

En el contexto de las discusiones actuales del PLRA, considero que podría resultar de interés incorporar esta dimensión metodológica al debate. Más allá de quién deba encabezar una candidatura o de qué instancia institucional corresponda adoptar las decisiones, existe una cuestión previa que merece atención: cómo establecer que el candidato seleccionado expresa efectivamente las preferencias del electorado convocado a decidir.

Incluso sería posible examinar, desde una perspectiva estrictamente metodológica, procedimientos de selección por etapas: primero entre los postulantes del propio PLRA y, posteriormente, entre las candidaturas de los sectores que acuerden participar de un mecanismo conjunto. Su pertinencia, desde luego, dependería de las decisiones institucionales, las condiciones jurídicas y los acuerdos políticos correspondientes.

No pretendo presentar estas consideraciones como una fórmula que deba adoptarse, sino como una contribución al examen de un problema que tiene fundamentos matemáticos y filosóficos suficientemente desarrollados como para merecer una deliberación informada.

Le adjunto mi currículo oficial como Investigador Nacional del SISNI–CONACYT, a efectos de poner en su conocimiento mi trayectoria académica y el ámbito desde el cual formulo estas observaciones.

Quedo a su disposición para compartir los trabajos mencionados y, si lo considera oportuno, conversar sobre sus fundamentos y sus posibles aplicaciones a los mecanismos de selección de candidaturas.

Reciba un cordial saludo.

 

                                                                  Dr. Víctor Oxley
                                           Investigador Nacional — SISNI–CONACYT
                                           Doctor en Ciencias de la Educación
                                           Licenciado en Filosofía