Dr. Victor Oxley
La
enseñanza de la matemática en la escuela no es un conjunto de prácticas
aisladas: funciona como un sistema
orgánico (SE), compuesto por
Estado (E), currículo (C), evaluaciones (Ev), docentes (D),
estudiantes (Ed) y comunidad (Com). Todos estos elementos se
determinan mutuamente:
∀x,y ∈ SE: xRy ∧ yRx
Es decir,
cada componente influye en los demás y recibe influencia de ellos.
El
problema es que este sistema arrastra una contradicción de base: declara que la matemática es una
construcción humana (posición constructivista, POS = Const), pero en la
práctica la trata como verdad platónica (POS
= Plat) o como juego formal de
símbolos (POS = Form). Esa incoherencia —la “esquizofrenia ontológica”— se expresa
como:
POSdeclarada(SE) ≠ POSefectiva(SE)
y marca
todo lo demás.
De ahí se
desprende que los objetivos oficiales (pensamiento crítico, resolución de
problemas, contextualización) no coinciden con lo que realmente se evalúa
(memorización, rapidez, respuestas únicas). En otras palabras:
ObjetivosCurriculares ∩ CompetenciasEvaluadas = ∅
Lo que se mide no es lo que se dice que importa. El resultado es que la función
real del sistema no es formar, sino clasificar:
FuncionReal(SE) = Clasificacion ∧ LegitimacionDesigualdad
La
matemática se convierte en un filtro social (gatekeeping):
GK(m) ↔ (m es condicion necesaria para acceso a oportunidades)
Quien no
logra adaptarse queda fuera de carreras y empleos de alto valor.
El
sistema, además, produce activamente
fracaso matemático. No es un accidente: necesita generar diferencias
para legitimar desigualdades. Y esas diferencias se distribuyen según nivel
socioeconómico:
P(Fracaso∣NSE = Bajo) >
P(Fracaso∣NSE = Alto)
Por eso
hablamos de un “crimen de oportunidad”:
se fabrica incompetencia matemática de manera sistemática, evitable y dañina,
pero se presenta como neutral. Formalmente:
CrimenDeOportunidad(SE) ↔ (Previsible ∧ Evitable ∧ Sistematico ∧ Dañino ∧ Legitimador)
En este
engranaje, el docente ocupa un lugar bisagra: recibe determinaciones
descendentes (currículo, evaluaciones, condiciones laborales) pero también
tiene margen de acción.
Practicas(d) = f(DD(d), DA(d))
Sin
conciencia crítica, reproduce la exclusión; con ella, puede resistir y mitigar
daños. El problema es que la formación docente inicial rara vez incluye
filosofía de la matemática o reflexión sobre su función social, lo que deja a
los maestros con técnicas, pero sin brújula.
El
estudiante, por su parte, termina internalizando la etiqueta de “no soy bueno
para matemáticas”. Esa profecía autocumplida se expresa como:
ProfecıaAutocumplida(p) ↔ (Atribucion → Internalizacion → Conducta → Confirmacion)
y produce
identidades excluidas que legitiman el sistema. El “talento excepcional” que se
mide en pruebas estandarizadas no es universal, sino resultado de privilegio
social o adaptación extrema al formato evaluativo.
Las
evaluaciones estandarizadas refuerzan todo esto: miden rapidez y memoria, no
pensamiento crítico ni modelación.
Mide(EE) ∩ CompetenciaGenuina = ∅
Por eso,
aunque el discurso oficial habla de alfabetización matemática universal, en la
práctica solo una minoría alcanza niveles altos. El sistema cumple su función
latente de clasificación, no la declarada de formación.
La
responsabilidad es compartida, pero jerárquica:
GradoResp(E) > GradoResp(IF) > GradoResp(D) > GradoResp(Com) > GradoResp(Inv)
El Estado
tiene la mayor, porque define currículo, evaluaciones y recursos, y porque
tiene la obligación constitucional de garantizar el derecho a la educación como
derecho al futuro. Sin embargo, todos los actores —instituciones formadoras,
docentes, comunidad, investigadores— participan en la reproducción del sistema.
La
conclusión es clara: el sistema educativo en matemática no forma, clasifica.
SE = (EstructuraSelectiva
∧ ProductoraDeSubjetividad ∧ LegitimadoraDeDesigualdad)
Produce
subjetividades de “capaces” e “incapaces”, legitima desigualdad y ejerce
violencia epistémica al convencer a millones de que no sirven para pensar
matemáticamente. Transformarlo requiere un cambio estructural: adoptar
explícitamente una ontología constructivista, rediseñar el currículo, adaptar
las evaluaciones actuales y formar docentes críticos. De lo contrario,
cualquier reforma parcial será absorbida por la homeostasis del sistema:
∀r ∈ ReformaParcial:Aplicar(r) → Estado(SE, t + Δ) = Estado(SE, t)
y la
exclusión continuará.
La
pregunta final es política:
¿∃interes(E)entransformarSE, dadoqueSE reproduceelordensocialexistente)?
Si la
respuesta es negativa, toda propuesta de reforma es ingenua.

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