Dr. Victor Oxley (victoroxley@gmail.com)
La medición oficial de la pobreza extrema en
Paraguay se limita a un criterio monetario: verificar si una persona alcanza el
ingreso suficiente para cubrir la Canasta
Básica de Alimentos (CBA), fijada en torno a Gs. 13.000 diarios. Este
criterio clasifica, pero no explica. Como advierten Hedström y Swedberg (1998)
y Coleman (1990), las correlaciones estadísticas no constituyen explicación; lo
que se requiere es identificar los mecanismos sociales que producen los
fenómenos.
En términos lógicos puede escribirse:
PE = {x ∈ P : I(x) < CBA}
donde (PE) es el conjunto de personas
clasificadas como pobres extremos, (P) la población total, (x) un individuo,
(I(x)) el ingreso diario de la persona y (CBA) el costo mínimo de la canasta
básica de alimentos. Esto significa que una persona pertenece al conjunto de
pobreza extrema si y solo si está en la población y su ingreso diario es menor
que el costo de la canasta básica. El paso muestra la reducción descriptiva del
INE: un criterio claro de clasificación, pero sin referencia a las condiciones
de vida que acompañan ese ingreso mínimo.
La lógica perversa del
indicador
Si una persona vive con lo estrictamente
necesario para consumir las calorías mínimas que evitan la desnutrición aguda,
entonces no tiene margen para enfrentar imprevistos, no puede ahorrar ni
invertir, no accede a atención médica preventiva y vive en condiciones de
hacinamiento y saneamiento deficiente.
(∀e ∈ E), I(x) = CBA ⇒ I(x) − CBA < 0
(¬∃s ∈ S : I(x) > CBA + s)
(∀m ∈ M, I(x) < Costo(m))
Lo que se traduce en que cualquier imprevisto
coloca a la persona en déficit, no existe ahorro posible y los costos de salud
quedan fuera de alcance. Esto no es vivir, es sobrevivir con fecha de
vencimiento. Aquí se confirma lo que Boudon (1981) llamaba efectos perversos:
decisiones racionales bajo restricciones que, agregadas, producen resultados
colectivos indeseados. El indicador monetario del INE oculta que las familias,
aunque actúan racionalmente para sobrevivir, terminan atrapadas en una dinámica
que perpetúa la precariedad.
Relación entre pobreza
extrema y salud
Los estudios sobre determinantes sociales de
la salud muestran la conexión directa entre pobreza extrema y deterioro vital:
I(x) ≈ CBA ⇒ Pr(D(x))↑
donde (D(x)) es el deterioro crónico de la
salud de la persona. Esto significa que si el ingreso de una persona es
aproximadamente igual al costo de la canasta básica, la probabilidad de
deterioro crónico de su salud aumenta.
Los datos de la Encuesta Permanente de Hogares
Continua (EPHC 2025) confirman esta relación: la pobreza monetaria total afectó
al 16% de la población (≈ 985.000 personas), la pobreza extrema alcanzó al 2,4%
(≈ 146.936 personas), la mortalidad infantil sigue siendo más alta en zonas
rurales y la desnutrición crónica afecta al 10–15% de los niños menores de 5
años en zonas vulnerables. En los distritos con mayor pobreza extrema, la
esperanza de vida es varios años menor que en Asunción o Central. Aquí se
confirma lo que Elster (1989) subrayaba: las condiciones materiales restringen
las capacidades de acción, y esas restricciones se traducen en vidas más cortas
y más frágiles.
Violencia estructural
La pobreza extrema es violencia estructural
en estado puro (Galtung, 1969):
VE={x ∈ P : I(x) ≥ CBA ∧ (C(x)=∅)}
donde (VE) es el conjunto de personas en
violencia estructural y (C(x)) el conjunto de capacidades básicas de la persona
(salud, educación, vivienda). Esto significa que una persona pertenece al
conjunto de violencia estructural si está en la población, su ingreso diario es
igual o superior al costo de la canasta básica, pero su conjunto de capacidades
básicas está vacío.
Esta violencia no es estática: se reproduce
en el tiempo. Las políticas públicas que privilegian transferencias mínimas sin
garantizar acceso a salud, educación o vivienda perpetúan el mecanismo. Como
señaló Olson (1965), las acciones racionales individuales, agregadas, pueden
perpetuar estructuras colectivas que impiden el desarrollo humano. El INE, al
privilegiar el indicador monetario, legitima un relato político que oculta esta
reproducción estructural y convierte la supervivencia mínima en un relato de
éxito estadístico.
La paradoja del umbral
El paso de Gs. 12.999 a Gs. 13.000 diarios
cambia la clasificación estadística, pero no la realidad vivida:
I(x) = 14.000 ⇒ x ∉ PE
I(x) = 14.000 ⇒ O(x) = {subsistencia precaria}
Esto significa que si una persona gana Gs.
14.000 diarios, la estadística oficial la clasifica como no pobre extremo, pero
en términos de oportunidades esa persona sigue atrapada en la subsistencia
precaria. La diferencia entre Gs. 13.000 y Gs. 14.000 es semántica para la
estadística, pero irrelevante para la vida real. Aquí se muestra la
insuficiencia del INE: su modelo no incorpora la no-linealidad ni la emergencia
de los procesos sociales, como subrayó Hedström (2005). La paradoja confirma
que el indicador monetario mide un umbral que no tiene correlato con la vida
digna.
Conclusión
El recorrido nos muestra que, en cada paso,
se aclara un aspecto del problema: primero la definición oficial, luego la
lógica perversa del indicador, después la relación con la salud, la violencia
estructural y finalmente la paradoja del umbral. El resultado a partir de
argumentos definidos permite captar toda la amplitud del análisis, en especial
lo que se oculta.
La medición oficial del INE es
epistemológicamente insuficiente porque:
- Clasifica, pero no explica: se limita a correlaciones sin
mecanismos (Hedström, 2005).
- Ignora los microfundamentos: no reconstruye cómo deseos, creencias
y oportunidades producen acciones racionales bajo restricciones (Coleman,
1990; Elster, 1989).
- Oculta los efectos perversos: no muestra cómo decisiones racionales
agregadas perpetúan la precariedad (Boudon, 1981).
- Legitima estructuras de exclusión: convierte la supervivencia
mínima en un relato de éxito estadístico (Olson, 1965).
- No incorpora la emergencia: pierde de vista que pequeños cambios en
ingresos no generan mejoras proporcionales en calidad de vida (Hedström,
2005).
La conclusión es contundente: el modelo del
INE es descriptivo, no explicativo. Al no incorporar mecanismos sociales,
microfundamentos y efectos agregados, su medición de la pobreza extrema no
puede guiar políticas efectivas. La estadística celebra reducciones
porcentuales, pero lo que realmente mide es la cronología de una vida atrapada
en la subsistencia.
Referencias
Boudon, R. (1981). The Logic of Social Action.
London: Routledge.
Bunge, M. (2008). Semántica I: Sentido y
referencia. Barcelona: Gedisa.
Coleman, J. (1990). Foundations of Social Theory.
Cambridge, MA: Harvard University Press.
Elster, J. (1989). The Cement of Society: A
Study of Social Order. Cambridge: Cambridge
University Press.
Galtung, J. (1969). Violence, Peace, and Peace
Research. Journal of Peace Research, 6(3), 167–191.
Hedström, P., & Swedberg, R. (1998). Social
Mechanisms: An Analytical Approach to Social Theory. Cambridge: Cambridge University Press.
Hedström, P. (2005). Dissecting the Social: On
the Principles of Analytical Sociology. Cambridge: Cambridge
University Press.
Instituto Nacional de Estadística (INE).
(2025). Encuesta Permanente de Hogares Continua (EPHC) – Principales
Resultados. Asunción, Paraguay.
Olson, M. (1965). The Logic of Collective
Action: Public Goods and the Theory of Groups. Cambridge, MA: Harvard University Press.
Oxley, V. M. (2023). Pobreza: un análisis
realista-semántico de su sentido y referencia como constructo económico-social
en el Paraguay. En Educación matemática escolar y otros ensayos:
filosofar la realidad en clave analítica. Primera edición. Asunción: Bubok.

No hay comentarios:
Publicar un comentario