domingo, 29 de marzo de 2026

La Pobreza extrema en Paraguay: Entre el umbral estadístico de vacío empírico y la inexistencia de explicación de mecanismos

                                                          Dr. Victor Oxley (victoroxley@gmail.com)

La medición oficial de la pobreza extrema en Paraguay se limita a un criterio monetario: verificar si una persona alcanza el ingreso suficiente para cubrir la Canasta Básica de Alimentos (CBA), fijada en torno a Gs. 13.000 diarios. Este criterio clasifica, pero no explica. Como advierten Hedström y Swedberg (1998) y Coleman (1990), las correlaciones estadísticas no constituyen explicación; lo que se requiere es identificar los mecanismos sociales que producen los fenómenos.

En términos lógicos puede escribirse:

PE = {x ∈ P : I(x) < CBA}

donde (PE) es el conjunto de personas clasificadas como pobres extremos, (P) la población total, (x) un individuo, (I(x)) el ingreso diario de la persona y (CBA) el costo mínimo de la canasta básica de alimentos. Esto significa que una persona pertenece al conjunto de pobreza extrema si y solo si está en la población y su ingreso diario es menor que el costo de la canasta básica. El paso muestra la reducción descriptiva del INE: un criterio claro de clasificación, pero sin referencia a las condiciones de vida que acompañan ese ingreso mínimo.

La lógica perversa del indicador

Si una persona vive con lo estrictamente necesario para consumir las calorías mínimas que evitan la desnutrición aguda, entonces no tiene margen para enfrentar imprevistos, no puede ahorrar ni invertir, no accede a atención médica preventiva y vive en condiciones de hacinamiento y saneamiento deficiente.

(∈ E), I(x) = CBA  I(x) − CBA < 0

∈ S : I(x) > CBA + s)

(∈ M, I(x) < Costo(m))

Lo que se traduce en que cualquier imprevisto coloca a la persona en déficit, no existe ahorro posible y los costos de salud quedan fuera de alcance. Esto no es vivir, es sobrevivir con fecha de vencimiento. Aquí se confirma lo que Boudon (1981) llamaba efectos perversos: decisiones racionales bajo restricciones que, agregadas, producen resultados colectivos indeseados. El indicador monetario del INE oculta que las familias, aunque actúan racionalmente para sobrevivir, terminan atrapadas en una dinámica que perpetúa la precariedad.

Relación entre pobreza extrema y salud

Los estudios sobre determinantes sociales de la salud muestran la conexión directa entre pobreza extrema y deterioro vital:

I(x) ≈ CBA  Pr⁡(D(x))↑

donde (D(x)) es el deterioro crónico de la salud de la persona. Esto significa que si el ingreso de una persona es aproximadamente igual al costo de la canasta básica, la probabilidad de deterioro crónico de su salud aumenta.

Los datos de la Encuesta Permanente de Hogares Continua (EPHC 2025) confirman esta relación: la pobreza monetaria total afectó al 16% de la población (≈ 985.000 personas), la pobreza extrema alcanzó al 2,4% (≈ 146.936 personas), la mortalidad infantil sigue siendo más alta en zonas rurales y la desnutrición crónica afecta al 10–15% de los niños menores de 5 años en zonas vulnerables. En los distritos con mayor pobreza extrema, la esperanza de vida es varios años menor que en Asunción o Central. Aquí se confirma lo que Elster (1989) subrayaba: las condiciones materiales restringen las capacidades de acción, y esas restricciones se traducen en vidas más cortas y más frágiles.

Violencia estructural

La pobreza extrema es violencia estructural en estado puro (Galtung, 1969):

VE={x ∈ P : I(x) ≥ CBA ∧ (C(x)=)}

donde (VE) es el conjunto de personas en violencia estructural y (C(x)) el conjunto de capacidades básicas de la persona (salud, educación, vivienda). Esto significa que una persona pertenece al conjunto de violencia estructural si está en la población, su ingreso diario es igual o superior al costo de la canasta básica, pero su conjunto de capacidades básicas está vacío.

Esta violencia no es estática: se reproduce en el tiempo. Las políticas públicas que privilegian transferencias mínimas sin garantizar acceso a salud, educación o vivienda perpetúan el mecanismo. Como señaló Olson (1965), las acciones racionales individuales, agregadas, pueden perpetuar estructuras colectivas que impiden el desarrollo humano. El INE, al privilegiar el indicador monetario, legitima un relato político que oculta esta reproducción estructural y convierte la supervivencia mínima en un relato de éxito estadístico.

La paradoja del umbral

El paso de Gs. 12.999 a Gs. 13.000 diarios cambia la clasificación estadística, pero no la realidad vivida:

I(x) = 14.000 ⇒ ∉ PE

I(x) = 14.000 ⇒ O(x) = {subsistencia precaria}

Esto significa que si una persona gana Gs. 14.000 diarios, la estadística oficial la clasifica como no pobre extremo, pero en términos de oportunidades esa persona sigue atrapada en la subsistencia precaria. La diferencia entre Gs. 13.000 y Gs. 14.000 es semántica para la estadística, pero irrelevante para la vida real. Aquí se muestra la insuficiencia del INE: su modelo no incorpora la no-linealidad ni la emergencia de los procesos sociales, como subrayó Hedström (2005). La paradoja confirma que el indicador monetario mide un umbral que no tiene correlato con la vida digna.

Conclusión

El recorrido nos muestra que, en cada paso, se aclara un aspecto del problema: primero la definición oficial, luego la lógica perversa del indicador, después la relación con la salud, la violencia estructural y finalmente la paradoja del umbral. El resultado a partir de argumentos definidos permite captar toda la amplitud del análisis, en especial lo que se oculta.

La medición oficial del INE es epistemológicamente insuficiente porque:

  • Clasifica, pero no explica: se limita a correlaciones sin mecanismos (Hedström, 2005).
  • Ignora los microfundamentos: no reconstruye cómo deseos, creencias y oportunidades producen acciones racionales bajo restricciones (Coleman, 1990; Elster, 1989).
  • Oculta los efectos perversos: no muestra cómo decisiones racionales agregadas perpetúan la precariedad (Boudon, 1981).
  • Legitima estructuras de exclusión: convierte la supervivencia mínima en un relato de éxito estadístico (Olson, 1965).
  • No incorpora la emergencia: pierde de vista que pequeños cambios en ingresos no generan mejoras proporcionales en calidad de vida (Hedström, 2005).

La conclusión es contundente: el modelo del INE es descriptivo, no explicativo. Al no incorporar mecanismos sociales, microfundamentos y efectos agregados, su medición de la pobreza extrema no puede guiar políticas efectivas. La estadística celebra reducciones porcentuales, pero lo que realmente mide es la cronología de una vida atrapada en la subsistencia.

Referencias

Boudon, R. (1981). The Logic of Social Action. London: Routledge.

Bunge, M. (2008). Semántica I: Sentido y referencia. Barcelona: Gedisa.

Coleman, J. (1990). Foundations of Social Theory. Cambridge, MA: Harvard University Press.

Elster, J. (1989). The Cement of Society: A Study of Social Order. Cambridge: Cambridge University Press.

Galtung, J. (1969). Violence, Peace, and Peace Research. Journal of Peace Research, 6(3), 167–191.

Hedström, P., & Swedberg, R. (1998). Social Mechanisms: An Analytical Approach to Social Theory. Cambridge: Cambridge University Press.

Hedström, P. (2005). Dissecting the Social: On the Principles of Analytical Sociology. Cambridge: Cambridge University Press.

Instituto Nacional de Estadística (INE). (2025). Encuesta Permanente de Hogares Continua (EPHC) – Principales Resultados. Asunción, Paraguay.

Olson, M. (1965). The Logic of Collective Action: Public Goods and the Theory of Groups. Cambridge, MA: Harvard University Press.

Oxley, V. M. (2023). Pobreza: un análisis realista-semántico de su sentido y referencia como constructo económico-social en el Paraguay. En Educación matemática escolar y otros ensayos: filosofar la realidad en clave analítica. Primera edición. Asunción: Bubok.

 


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