Dr. Victor Oxley
1.
El problema de la asimetría estratégica
En el debate político paraguayo, existe
una demanda recurrente hacia la oposición, especialmente hacia el Partido
Liberal Radical Auténtico (PLRA), la de crear un milagro en sus filas,
reestructurarse, liderar el cambio y convertirse en una alternativa viable al
partido hegemónico. Esta exigencia, aunque comprensible en el plano del deseo
democrático, incurre en una asimetría estratégica, se pide al actor más débil
que realice el esfuerzo más titánico, mientras no se explora si el actor
hegemónico contiene en su interior contradicciones que puedan ser catalizadas.
Esta asimetría no es inocente. Al centrar
la responsabilidad del cambio exclusivamente en la oposición, se la condena a
una tarea imposible, resurgir de sus cenizas en un sistema diseñado para
mantenerla estructuralmente debilitada. Como ha documentado este autor en
análisis previos, el sistema electoral paraguayo opera bajo un régimen de
simulación democrática donde el fraude no es excepcional sino estructural, y
donde la oposición carece no solo de fuerza electoral real, sino de los medios
institucionales para verificarlo [Oxley, 2026a; 2026b].
La pregunta que emerge, entonces, es
incómoda pero necesaria ¿y si la oposición más viable no está en los partidos
de oposición, sino dentro del propio partido hegemónico?
2.
Realismo histórico: cuando el cambio vino desde adentro
La ciencia política comparada ha
identificado dos grandes vías de salida de regímenes autoritarios o hegemónicos,
las bottom-up (desde la sociedad civil, protestas masivas) y las top-down
(desde las élites del propio régimen) [Kendall-Taylor, Lindstaedt & Frantz,
2019, p. 143]. La literatura muestra que, si bien las transiciones bottom-up
son las que con más frecuencia desembocan en democratización plena, las
transiciones top-down son estadísticamente más comunes y, en contextos de alta
cohesión del régimen, a menudo la única vía disponible.
Los
casos históricos son elocuentes:
España
(1975-1978)
La transición española no fue el resultado
de una oposición capaz de derrotar al régimen, sino de una fractura en el seno
del propio franquismo, encabezada por figuras como Torcuato Fernández-Miranda y
Adolfo Suárez, que impulsaron una reforma desde dentro. La Ley para la Reforma
Política de 1976, aprobada por las propias Cortes franquistas, utilizó los
mecanismos del régimen para desmantelarlo desde su interior. Sin embargo, esta
transformación no ocurrió en el vacío, fue posible en un contexto de desgaste
del sistema, presión social y existencia de una oposición capaz de ser
incorporada en un proceso de transición negociada. Como señala José María
Maravall, la clave estuvo en la división de la élite autoritaria que abrió el
camino a la legalización de la oposición y a la convocatoria de elecciones
libres. [Maravall, 1982, p. 45].
Chile
(1988)
El plebiscito de 1988 no fue el resultado
de una derrota militar o insurreccional del régimen, sino de un proceso en el
que el propio diseño institucional de la dictadura abrió una vía de salida
controlada. Sectores del oficialismo reconocieron que los costos de sostener
indefinidamente el régimen comenzaban a superar los beneficios, especialmente
en un contexto de presión social interna y creciente aislamiento internacional.
La Constitución de 1980 había establecido un mecanismo plebiscitario que,
aunque concebido como instrumento de continuidad, terminó funcionando como
canal de transición. Pinochet aceptó el resultado no como un acto de apertura
voluntaria, sino dentro de un marco que le ofrecía garantías de supervivencia
política e institucional. En este sentido, la transición chilena ilustra cómo
un régimen puede estructurar las condiciones de su propia transformación,
limitando sus riesgos incluso en la derrota. [Cavarozzi, 1992, p. 112-115].
Paraguay
mismo (1989)
La caída de Stroessner no fue producto de
la movilización opositora —que existió, pero fue reprimida— sino de un golpe
desde adentro liderado por una facción del propio Partido Colorado. La
dictadura cayó por una fractura en la cúpula del partido hegemónico, no por una
derrota electoral o una insurrección popular [Nickson, 1989].
Estos casos sugieren una lección incómoda,
en contextos donde un partido o régimen ha consolidado durante décadas su
control sobre las instituciones, ha neutralizado a la oposición y dispone de
mecanismos eficaces de reproducción del poder, las vías de alternancia externa
no desaparecen, pero reducen significativamente su viabilidad. En tales condiciones,
las fracturas internas del bloque dominante dejan de ser un fenómeno secundario
y pasan a constituir una de las principales condiciones de posibilidad para una
transformación del sistema.
3.
El marco teórico: élites divididas, salidas posibles
La literatura sobre transiciones desde
regímenes autoritarios o hegemónicos ha identificado consistentemente un factor
clave, las divisiones internas en la élite gobernante aumentan
significativamente la probabilidad de liberalización política [Kendall-Taylor,
Lindstaedt & Frantz, 2019, p. 145-148].
Un estudio reciente de Adrián del Río y
Masaaki Higashijima (2025) sobre élites autocráticas y reformas democráticas
confirma que las divisiones entre élites generalmente aumentan la probabilidad
de liberalización política. Sin embargo, los autores matizan, este efecto se
reduce cuando el partido gobernante surgió de luchas nacionales fundacionales,
como revoluciones o guerras de independencia, porque en esos casos el partido
tiene mayores recursos para cooptar a los militares y reprimir a la disidencia
[del Río & Higashijima, 2025].
¿Qué implica esto para Paraguay? El
partido hegemónico no surgió de una lucha revolucionaria moderna, sino que su
identidad se forjó en el control del Estado más que en la movilización popular.
Sus facciones han sido más pragmáticas que ideológicas, basadas en lealtades
personales y acceso al poder. Esta fragmentación latente es, precisamente, la
grieta explotable.
El historiador Julio César Frutos, en un
análisis publicado por El Independiente, señala que el partido hegemónico
enfrenta una crisis interna profunda, donde la junta de gobierno ya no se reúne
y las seccionales no funcionan para asistir a los ciudadanos. Frutos distingue
entre una camada de políticos deshonestos y corruptos y lo que denomina los
auténticos, aquellos que aún se identifican con los ideales fundacionales del
partido [Frutos, 2019].
4.
El punto de inflexión: 2018 como alarma interna
En mis análisis previos [Oxley, 2026c], he
sostenido que 2018 fue el punto de inflexión que aceleró la implementación del
voto electrónico. Ese año, la Concertación Nacional obtuvo 1.110.464 votos,
rozando el umbral crítico de competitividad y poniendo al partido hegemónico a
solo 0,7 puntos de perder la presidencia. El sistema mixto (TREP + adulteración
selectiva de actas) había mostrado sus límites.
Pero esta lectura tiene una segunda cara, para
los sectores más lúcidos del partido hegemónico, 2018 fue también una alarma
sobre la insostenibilidad del modelo. Un sistema que depende del fraude para
ganar por 0,7 puntos no es un sistema fuerte; es un sistema que agoniza. Si la
tendencia real del electorado era adversa —como lo demostraban los modelos
históricos [Oxley, 2022]—, entonces la única manera de garantizar la
perpetuidad era profundizar el control tecnológico del voto.
Esta conciencia de vulnerabilidad,
paradójicamente, es lo que abre la posibilidad de una fractura. Un sector del
partido hegemónico puede reconocer que el fraude electoral sistemático, aunque
funcional en el corto plazo, deslegitima al propio partido a largo plazo. Sin
legitimidad, el poder se sostiene solo por la fuerza y la cooptación, pero no
genera arraigo social. Y sin arraigo, cualquier crisis económica o política
puede volverse terminal.
5.
¿Existen "auténticos" con peso?
La pregunta central es empírica, ¿existe
dentro del partido hegemónico un sector con capacidad de influencia, conciencia
crítica y disposición a impulsar una corrección?
La respuesta, aunque tentativa, es
afirmativa. La historia del partido muestra la existencia de dirigentes que
priorizaron la institucionalidad sobre la facción. El historiador Frutos
menciona a figuras históricas que encarnaron "los ideales fundamentales"
del partido [Frutos, 2019]. En la actualidad, aunque el liderazgo está
concentrado en una facción predominante, existen voces críticas que han
señalado la necesidad de diálogo para superar la fragmentación del partido y
recuperar su esencia.
El desafío para estos sectores es que,
para ser efectivos, necesitan articular una estrategia que no sea percibida
como traición, sino como restauración de la esencia del partido. Esto implica:
- Distanciarse de los sectores corruptos
sin abandonar la identidad partidaria
- Reconocer que el fraude electoral
perjudica al sistema en su conjunto, incluso al partido que gana
- Apostar por una transición pactada que
ofrezca garantías a los sectores más reacios
No es una tarea fácil. Pero es más
realista que pedirle a la oposición que resucite de sus cenizas en un sistema
diseñado para mantenerla debilitada.
6.
Una nota sobre el análisis de la oposición
Recientemente, tras un diagnóstico certero
sobre la debilidad estructural de la oposición, se concluía exigiendo a esta
—especialmente al PLRA— que creara un milagro en sus filas y liderara el cambio
[Fariña, 2026]. El análisis parte de premisas sólidas, la oposición está
fragmentada, carece de liderazgos competitivos, no ha sabido construir una
narrativa alternativa. Pero la conclusión es asimétrica.
Si la oposición es tan débil como el
propio análisis la describe, ¿por qué se le exige que realice el esfuerzo más
titánico? ¿No sería más realista explorar si el cambio puede venir de otra
parte? La paradoja del texto es que, al centrar toda la responsabilidad en el
débil, se cierra la posibilidad de ver que la oposición más viable podría estar
gestándose dentro del propio partido hegemónico.
El autor no puede explorar esta vía porque
implicaría abandonar la identidad desde la que escribe y aceptar que la salida
no vendrá de sus filas históricas, sino quizás de las filas del adversario.
Pero esa incomodidad no la hace menos real.
La objeción inmediata a esta
hipótesis suele formularse en términos de una metáfora, pretender que el cambio
venga desde dentro del partido hegemónico sería como pedirle al lobo que cuide
el rebaño. Pero, como se desarrolla en el apéndice, esa objeción descansa sobre
un supuesto de homogeneidad interna que no se sostiene empíricamente.
7.
Implicaciones estratégicas
Si esta lectura es correcta, entonces las
prioridades estratégicas de los sectores democráticos deberían reorientarse:
|
Enfoque
tradicional |
Enfoque
propuesto |
|
Fortalecer
a la oposición histórica |
Mostrar
al oficialismo que el fraude le cuesta legitimidad y estabilidad a largo
plazo |
|
Exigir
transparencia al órgano electoral |
Crear
incentivos para que sectores del oficialismo exijan transparencia desde
adentro |
|
Apostar
a movilizaciones masivas |
Apostar
a pactos entre facciones que permitan una salida negociada |
Esto no implica abandonar la denuncia del
fraude ni desmovilizar a la ciudadanía. Pero sí implica reconocer que la
oposición más viable no es la que se organiza en contra del sistema, sino la
que emerge desde dentro del sistema cuando este se fractura.
Como señalan O'Donnell y Schmitter en su
obra fundacional Transitions from Authoritarian Rule, las transiciones exitosas
suelen implicar pactos entre sectores reformistas del régimen y sectores
moderados de la oposición, que acuerdan las reglas de una nueva democracia
antes de que esta se instale [O'Donnell & Schmitter, 1986, p. 37-41]. En
Paraguay, esos pactos no se han dado porque la oposición ha sido demasiado
débil para negociar y el oficialismo demasiado fuerte para necesitarlo. Pero la
debilidad de la oposición no es un dato inmutable; es el producto de un sistema
diseñado para producirla.
8.
Conclusión: la oposición que no se busca
Exigirle a la oposición que se convierta
en una alternativa viable es sintomático de una forma de pensar que delega la
responsabilidad del cambio en el actor más débil. Pero si la oposición carece
de fuerzas y medios, no es por pereza o incompetencia, sino porque el sistema
electoral está diseñado para mantenerla así.
La salida, entonces, no puede venir solo
desde fuera. Tiene que venir también desde dentro. Y eso implica reconocer que
dentro del partido hegemónico —aunque su cúpula esté dominada por lo que Frutos
llama neocoloradismo [Frutos, 2019]— existen sectores que pueden ver con
claridad que un sistema basado en el fraude y la exclusión es insostenible.
La cuestión no es si existen auténticos
dentro del partido oficialista. La cuestión es si los sectores democráticos
—incluyendo los analistas que desde la oposición escriben— están dispuestos a
dejar de exigir milagros a los débiles y comenzar a buscar a los aliados
potenciales entre los fuertes.
Referencias
Cavarozzi, M. (1992). Autoritarismo y
democracia (1955-1990). Buenos Aires: Centro Editor de América Latina.
del Río, A., & Higashijima, M. (2025).
Democratic Reforms in
Dictatorships: Elite Divisions, Party Origins, and the Prospects of Political
Liberalization. Comparative Political Studies.
Fariña, B. N. (2026, 22 de marzo). En
busca de la oposición perdida. ABC Color. https://www.abc.com.py/opinion/2026/03/22/en-busca-de-la-oposicion-perdida/
Frutos, J. C. (2019, 10 de septiembre).
Entre quiebre y conspiraciones. El Independiente.
Kendall-Taylor,
A., Lindstaedt, N., & Frantz, E. (2019). Democracies and Authoritarian
Regimes. Oxford University Press.
Maravall, J. M. (1982). La política de la
transición. Madrid: Taurus.
Nickson, R. A. (1989). Paraguay: The Fall of Stroessner. Third World
Quarterly, 11(2), 95-117.
O'Donnell, G.,
& Schmitter, P. (1986). Transitions from Authoritarian Rule: Tentative
Conclusions about Uncertain Democracies. Johns
Hopkins University Press.
Oxley, V. (2022, diciembre 26). Elecciones
generales 2023: El voto "duro" de la ANR y el voto
"dinámico" de la oposición. Liberalismo Radical Paraguayo.
Oxley, V. (2026a). Elecciones generales
Paraguay 2023: Análisis sistémico del fraude electoral. Liberalismo Radical
Paraguayo.
Oxley, V. (2026b). El voto tendencia del
PLRA y el fraude electoral de 2023: Un modelo integrado. Liberalismo Radical
Paraguayo.
Oxley, V. (2026c). El fraude electoral en
Paraguay: De la dictadura a la digitalización de la simulación democrática.
Liberalismo Radical Paraguayo.
Apéndice:
La no homogeneidad del "lobo" — una formalización del conflicto
interno como condición de posibilidad política
Nota del autor: Este apéndice desarrolla formalmente la
objeción que el ensayo aborda de manera discursiva. Su propósito es mostrar que
la crítica de "poner al lobo a cuidar el rebaño" descansa sobre un
supuesto de homogeneidad interna que, al ser explicitado, resulta insostenible.
La formalización no sustituye al argumento principal, sino que fija su
precisión semántica y anticipa objeciones basadas en intuiciones no analizadas.
El argumento central de este trabajo descansa en una premisa que, aunque
frecuentemente implícita, rara vez es formalizada: los actores hegemónicos no
constituyen unidades homogéneas. Por el contrario, su aparente unidad encubre
una estructura interna diferenciada en términos de acceso a recursos,
posiciones de poder y beneficios derivados del sistema.
Sea A el conjunto de agentes que componen el actor hegemónico, y S ∈ S el sistema político vigente. Denotemos por U(a,S)
la función de utilidad del agente aaa bajo dicho sistema.
El supuesto implícito en la objeción del “lobo cuidando el rebaño” puede
formalizarse como:
∀ ai, aj ∈ A : U(ai, S) = U(aj, S)
Esto implica que todos los agentes del bloque dominante comparten
intereses idénticos respecto de la preservación del sistema. Sin embargo, esta
condición es empíricamente insostenible en estructuras de poder prolongadas.
Por el contrario, es más adecuado asumir:
∃ ai, aj ∈ A tal que U(ai, S) ≠ U(aj, S)
lo cual introduce heterogeneidad interna en términos de beneficios y
posiciones relativas.
En particular, puede definirse un subconjunto de agentes subordinados:
Lh = { ak ∈ A | P(ak) << P(ad) }
donde P(a) representa el poder relativo del agente a, y ad denota a los
sectores dominantes del bloque.
Estos agentes —los “lobos con hambre”— participan del sistema sin
acceder plenamente a sus beneficios.
1. Equilibrio bajo
condiciones de estabilidad
Mientras el sistema mantiene niveles suficientes de estabilidad y
legitimidad, incluso estos actores subordinados encuentran racional permanecer
en él. Formalmente:
∀ ak ∈ Lh : U(ak, S) > U(ak, S')
para cualquier sistema alternativo S′.
Este estado define un equilibrio en el cual la reproducción del sistema
es funcional incluso para sus sectores menos beneficiados.
2. Dinámica de desgaste
sistémico
Este equilibrio depende de condiciones que no son estáticas.
Introducimos dos variables dinámicas:
dC(S)/dt > 0
dL(S)/dt < 0
donde C(S) representa el costo de sostenimiento del sistema y L(S) su
legitimidad.
El aumento de costos y la disminución de legitimidad incrementan el
riesgo asociado a la pertenencia al sistema:
R(a, S) = f(C(S), L(S))
∂R/∂C > 0
∂R/∂L < 0
La utilidad deja entonces de depender exclusivamente de los beneficios y
pasa a incorporar el riesgo:
U(a, S) = B(a, S) − R(a, S)
Este desplazamiento es estructural: el sistema deja de ser únicamente
una fuente de beneficios para convertirse también en una fuente de
vulnerabilidad.
3. Punto de inflexión en
los incentivos
Bajo ciertas condiciones de deterioro, puede producirse una inversión en
la relación de preferencias de algunos actores subordinados:
∃ ak ∈ Lh tal que U(ak, S') > U(ak, S)
Es decir, existe al menos un agente para quien un sistema alternativo
resulta racionalmente preferible al vigente.
De forma expandida:
B(ak, S') − R(ak, S') > B(ak, S) − R(ak, S)
Este cambio no implica transformación moral ni abandono de intereses
estratégicos, sino una reconfiguración racional de preferencias en función del
entorno.
4. Restricción de capacidad
y necesidad de coalición
Sin embargo, estos actores carecen, por sí solos, de capacidad
suficiente para producir un cambio sistémico. Sea P∗P^*P∗ el umbral de poder necesario para transformar el sistema. Entonces:
∀ ak ∈ Lh : P(ak) < P*
Por tanto, la transición requiere la formación de coaliciones con
actores externos O:
∃ Om ⊆ O tal que P(ak ∪ Om) ≥ P* ⇒ S'
La transformación no es, en consecuencia, un acto unilateral, sino el
resultado de una articulación entre fractura interna y agregación de poder
externo.
5. Condición de posibilidad
El modelo no afirma que la transición ocurra necesariamente, sino que
establece su condición de posibilidad:
◇ S'
La reconfiguración del sistema es posible bajo determinadas condiciones
de heterogeneidad interna y desgaste sistémico.
6. Alcance del modelo
Este esquema permite reinterpretar situaciones en las que la oposición
carece de fuerza suficiente para producir una alternancia directa. En tales
contextos, las dinámicas internas del propio bloque dominante dejan de ser un
elemento secundario y pasan a constituir un componente central en la
explicación de posibles transformaciones.
El error analítico no consiste en considerar la posibilidad de cambio
desde dentro, sino en suponer que los actores que componen el poder actúan como
un bloque homogéneo, con intereses perfectamente alineados y estables en el
tiempo.
7. Mecanismo de
estabilización intra-élite: el “abrazo republicano”
El fenómeno conocido como “abrazo republicano” puede ser interpretado
como un mecanismo de estabilización intra-élite que opera tras episodios de
competencia interna. Tras una contienda, los actores derrotados no abandonan el
sistema, sino que se reintegran a él.
Esto ocurre porque, aun en condiciones de subordinación, se mantiene la
relación:
∀ ak ∈ Lh : U(ak, S) > U(ak, S')
Asimismo, estos actores carecen de capacidad suficiente para alterar el
sistema:
∀ ak ∈ Lh : P(ak) < P*
En consecuencia, la recomposición no expresa unidad sustantiva, sino un
equilibrio estratégico en el cual la permanencia resulta racionalmente
preferible a la ruptura.
El “abrazo republicano” indica, por tanto, que aún no se ha producido un
desplazamiento en la estructura de incentivos. Mientras esta condición se
mantenga, el sistema será capaz de absorber conflictos internos sin
transformarse.
Por el contrario, cuando se verifique que:
∃ ak ∈ Lh tal que U(ak, S') > U(ak, S)
la recomposición dejará de ser posible, y el conflicto interno podrá
devenir en fractura.
Cierre
Bajo este marco, la metáfora del “lobo cuidando el rebaño” pierde su
fuerza explicativa. No porque el lobo deje de ser depredador, sino porque deja
de ser uno solo.

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