Filósofo artefactualista estructural. Investigador en educación matemática y analista político. Su n

sábado, 21 de marzo de 2026

El fraude electoral en Paraguay: De la dictadura a la digitalización de la simulación democrática

                                                                            Dr. Víctor Oxley

Introducción: Una constante histórica

Desde la caída de la dictadura de Alfredo Stroessner en 1989, Paraguay ha celebrado elecciones periódicas que la comunidad internacional suele calificar como "libres y justas". Sin embargo, esta caracterización omite un hecho fundamental: el fraude electoral no ha sido la excepción en la democracia paraguaya, sino la regla. Lo que ha variado no es la existencia del fraude, sino sus mecanismos, costos y escala.

Este artículo no pretende demostrar que hubo fraude en tal o cual elección —eso es un hecho conocido para quienes han estudiado el sistema electoral paraguayo— sino tipificar las etapas tecnológicas del fraude y demostrar cómo cada innovación en el sistema electoral fue, en realidad, una innovación en la capacidad de simular resultados. Para ello, integro análisis previos sobre tendencias electorales (2012) con modelos de detección de anomalías (2026) y los conecto mediante dos eslabones fundamentales: la implementación del TREP en 2013 como el primer salto cualitativo, y las elecciones de 2018 como el momento crítico que aceleró la implementación del voto electrónico.

Primera etapa: El fraude analógico de la transición (1989-2008)

El legado de la dictadura

Durante los 35 años de Stroessner, las elecciones fueron meros actos de validación del poder. El Partido Colorado (ANR) controlaba el Tribunal Superior de Justicia Electoral (TSJE), el padrón, las mesas, las actas y el conteo. El voto era obligatorio, pero el resultado era decidido de antemano.

Con la caída de la dictadura, el sistema electoral mantuvo su estructura institucional intacta. El TSJE siguió siendo controlado por la ANR. El padrón continuó siendo un agujero negro de inscripciones dudosas, fallecidos que votaban y ciudadanos fantasma. Pero hubo un cambio: la comunidad internacional comenzó a observar, y el costo político de un fraude descarado se elevó.

El fraude en la etapa analógica: Costoso y limitado

En las elecciones celebradas entre 1989 y 2008, el fraude se ejecutaba mediante un método artesanal pero efectivo: la confección de actas fraudulentas. El procedimiento era el siguiente:

En mesas estratégicas (generalmente rurales, con menor control ciudadano), se adulteraban las actas originales.

Se falsificaban firmas de miembros de mesa, se modificaban los números de votos, se agregaban votos a la ANR y se restaban de la oposición.

Estas actas adulteradas se presentaban como las originales en el escrutinio definitivo.

Este sistema tenía características definitorias:

A. Era hercúleo: Requería cooptar o suplantar a miles de miembros de mesa en todo el país. Cada acta adulterada implicaba coordinación, complicidad y riesgos de filtración.

B. Era costoso: No solo en términos económicos (pago a miembros de mesa, abogados, coordinadores), sino también en términos políticos. Cada acta falsa era un documento físico que podía ser impugnado, un posible escándalo.

C. Tenía límites operativos: La magnitud del fraude estaba restringida por la capacidad de adulterar actas sin generar inconsistencias detectables. Solo se podía "mover" un porcentaje acotado de votos, suficiente para inclinar elecciones reñidas, pero no para revertir tendencias estructurales.

D. Dejaba huellas materiales: Las actas originales (cuando se conservaban) y las adulteradas constituían evidencia. El "sobre 4" —la constancia física del voto emitido por cada mesa— era accesible, en teoría, para impugnaciones.

La alternancia de 2008 como prueba del límite

Precisamente por estos límites, la alternancia de 2008 fue posible. Fernando Lugo, candidato del PLRA y la Alianza Patriótica para el Cambio, derrotó a la ANR. ¿Cómo ocurrió esto si el TSJE seguía siendo colorado?

La respuesta es que el costo político y logístico de fabricar un fraude de suficiente magnitud para revertir esa tendencia era demasiado alto. La tendencia deflacionaria de la ANR era tan pronunciada que habría requerido adulterar una cantidad de actas sin precedentes, con riesgos inasumibles de ser descubiertos. La ANR perdió porque su maquinaria de fraude analógico no podía compensar una derrota electoral real de esa envergadura.

Este período demostró algo crucial: cuando el fraude es costoso y limitado, las tendencias electorales reales aún pueden reflejarse en los resultados oficiales.

Segunda etapa: El TREP y la digitalización del fraude (2013)

La innovación tecnológica que cambió todo

Para las elecciones generales de 2013, el TSJE implementó el TREP (Transmisión de Resultados Electorales Preliminares) . Oficialmente, se presentó como un avance en transparencia: los resultados comenzarían a transmitirse digitalmente desde las mesas en tiempo real, permitiendo a la ciudadanía conocer el avance del escrutinio desde las primeras horas.

Sin embargo, lo que realmente ocurrió fue una revolución en la tecnología del fraude. El TREP transformó la ecuación:

Antes: El fraude requería adulterar actas físicas sin saber con precisión dónde se necesitaba intervenir.

Con el TREP: El sistema les daba información en tiempo real. Sabían exactamente, mesa por mesa, dónde la oposición estaba ganando, dónde la tendencia era adversa, y podían concentrar allí sus esfuerzos de adulteración.

El nuevo mecanismo híbrido

Lo que se instaló en 2013 fue un sistema híbrido de fraude que combinaba lo viejo y lo nuevo:

1. El TREP como pantalla y generador de imagen: Desde las primeras horas del escrutinio, se transmitía una versión de los resultados que ya estaba "corregida". Esto instalaba en la opinión pública una imagen de triunfo irreversible. Cuando luego aparecían denuncias de fraude, el relato ya estaba fijado: "los resultados preliminares ya mostraron esto, lo demás son excusas de perdedores".

2. Las actas adulteradas como base legal: El papel seguía siendo el documento legal. Pero ahora, con el TREP, sabían exactamente dónde y cuánto adulterar. Podían concentrar la confección de actas fraudulentas en las mesas críticas, reduciendo drásticamente el costo operativo.

3. El sobre 4 como punto ciego: La única constancia material del voto real —el sobre 4 que contiene las papeletas de cada mesa— quedó atrapada en un círculo vicioso legal: para impugnar se necesita evidencia previa, pero la evidencia está en el sobre 4 al que no se puede acceder sin impugnación. Una jaula jurídica perfecta.

La transformación del fraude: de costoso a barato

Con el TREP, las características del fraude cambiaron radicalmente:

Variable

Hasta 2008

Desde 2013

Costo operativo

Alto (adulteración masiva de actas)

Bajo (adulteración selectiva guiada por datos)

Coordinación

Descentralizada, riesgosa

Centralizada, controlada desde el TSJE

Cobertura mediática

Los resultados oficiales llegaban días después

El TREP impone la narrativa en horas

Capacidad de revertir tendencias

Limitada

Alta

Huellas materiales

Múltiples actas adulteradas

Pocas actas adulteradas, pero decisivas

Por qué la tendencia deflacionaria de la ANR "desapareció"

En diciembre de 2012, publiqué un análisis donde, con datos de elecciones internas y generales previas, pronosticaba que la ANR continuaría su tendencia deflacionaria en las elecciones de 2013. El pronóstico era sólido: la ANR había perdido votos en 2003, 2008, sus internas mostraban baja participación juvenil, y su núcleo de votantes se reducía al "ultra conservadurismo" etario.

Pero los resultados oficiales de 2013 no reflejaron esa tendencia. La ANR, con Horacio Cartes como candidato —una figura acusada de narcotráfico, contrabando y lavado de dinero, con nulo atractivo para sectores no tradicionales—, no solo frenó su caída sino que mostró una recuperación electoral.

¿Qué ocurrió? No fue que la ciudadanía hubiera abrazado masivamente a Cartes. Fue que el TREP había entrado en operación. El sistema electoral había dado un salto cualitativo en su capacidad de simular resultados. La tendencia deflacionaria real de la ANR continuó, pero dejó de reflejarse en los resultados oficiales.

El punto de inflexión: Las elecciones de 2018 y el margen que lo cambió todo

Un sistema mixto con límites expuestos

Para las elecciones generales de 2018, el sistema electoral operó bajo un régimen mixto: el TREP seguía siendo el mecanismo de transmisión de resultados preliminares, mientras que las actas físicas adulteradas seguían siendo la base legal del escrutinio definitivo. Este sistema híbrido había funcionado en 2013 para asegurar la victoria de Cartes, pero en 2018 enfrentó una prueba de fuego.

Los resultados oficiales de 2018 mostraron un margen extremadamente estrecho: la ANR ganó la presidencia por apenas 0,7 puntos porcentuales, con la Concertación Nacional (PLRA y aliados) obteniendo 1.110.464 votos, rozando el umbral crítico de competitividad. El oficialismo se impuso, pero por un hilo.

La lectura interna del sistema

Para quienes controlaban el TSJE y la maquinaria electoral colorada, el mensaje fue inequívoco: el sistema mixto (TREP + actas adulteradas) tenía límites. A pesar de todas las herramientas de manipulación disponibles, la elección había estado a punto de perderse. La tendencia real del electorado seguía siendo adversa, y el fraude híbrido había mostrado su techo operativo.

La situación era insostenible. Si en 2018, con un presidente en ejercicio (Cartes) que había volcado todo el aparato estatal a la campaña, la oposición había estado a menos de un punto de ganar, ¿qué ocurriría en 2023 cuando el desgaste del oficialismo fuera aún mayor? ¿Qué pasaría si la oposición lograba una movilización todavía más amplia?

La decisión: Eliminar el riesgo mediante el control total

La respuesta del sistema fue la aceleración de la implementación del voto electrónico. No se trataba de modernizar el proceso por razones de transparencia o agilidad. Se trataba de eliminar las variables que aún escapaban al control absoluto:

1. Eliminar las actas físicas como evidencia: Las actas adulteradas, aunque efectivas, dejaban huellas. Cada acta falsa era un documento que podía ser examinado, una posible prueba material. Con las urnas electrónicas, el voto se registra directamente en un sistema digital sin constancia física verificable por el ciudadano.

2. Centralizar el fraude en software: En lugar de coordinar la adulteración de actas en miles de mesas, bastaba con configurar el software de las urnas electrónicas para transferir automáticamente un porcentaje de votos desde la oposición hacia los candidatos oficialistas. Un solo punto de control, una sola decisión técnica, cero evidencias materiales.

3. Crear una caja negra inexpugnable: El voto electrónico con boletín impreso (chip RFID) creó un sistema donde el ciudadano introduce su voto en la máquina, pero no tiene manera de verificar que el registro electrónico coincida con su intención. El recibo impreso no sirve como constancia válida para impugnaciones. La "caja negra" del conteo quedó bajo control exclusivo del TSJE.

4. Blindar el proceso legalmente: Con la implementación del voto electrónico, se profundizó el círculo vicioso iniciado con el sobre 4. Ahora, no solo era inaccesible la constancia material, sino que el propio diseño tecnológico hacía técnicamente imposible una auditoría ciudadana independiente.

El mensaje de 2018: "Estuvimos a punto de perder"

El margen estrecho de 2018 no fue una muestra de competitividad democrática. Fue, para quienes diseñan y ejecutan el fraude, una alarma estratégica. El sistema híbrido había funcionado, pero apenas. La única manera de garantizar la perpetuidad en el poder era eliminar por completo la posibilidad de que la voluntad popular pudiera expresarse en los resultados.

Así, el período 2018-2021 se convirtió en una carrera contrarreloj para implementar la tercera generación del fraude: el voto electrónico como mecanismo de control total.

Tercera etapa: Las urnas electrónicas y el fraude de alta precisión (2021-2023)

La culminación tecnológica

En las elecciones municipales de 2021 se implementaron las urnas electrónicas con boletín impreso. En las generales de 2023, el sistema ya estaba plenamente operativo. Esta nueva tecnología no reemplazó al TREP, sino que lo perfeccionó, eliminando la necesidad de actas físicas y centralizando todo el proceso en software controlado por el TSJE.

El mecanismo de fraude ahora es aún más depurado:

A. Transferencia programada de votos: Ya no es necesario adulterar actas. El software de las urnas puede ser configurado para transferir automáticamente un porcentaje de votos desde la oposición hacia los candidatos del sistema. En mi análisis de las elecciones de 2023, cuantifiqué esta transferencia con los parámetros p (20,7%) y q (23,2%) : el 44% del voto volátil de la Concertación fue desviado hacia la ANR y Cruzada Nacional.

B. Indetectabilidad para el votante: El ciudadano cree que votó por su candidato. La máquina registra otro destino. No hay constancia material que el votante pueda reclamar. El sobre 4 ahora es irrelevante porque el voto fue registrado directamente en el sistema electrónico.

C. Validación por simulaciones estadísticas: Aplicando la Ley de Benford y modelos de simulación, se demuestra que los resultados oficiales solo son consistentes bajo el escenario de transferencia de votos. El escenario "sin fraude" no se ajusta a las probabilidades estadísticas.

D. La caja negra como garantía de impunidad: El sistema de urnas electrónicas opera como una "caja negra": los votos se ingresan, el software los procesa, y el resultado final emerge sin que exista un mecanismo independiente de verificación. El TSJE controla el hardware, el software, la transmisión, el conteo y la certificación. No hay contrapeso.

La magnitud del robo en 2023

Mi modelo integrado para 2023 arrojó estas cifras:

Concepto

Votos

Voto real de la Concertación (estimado)

1.480.198

Voto oficial de la Concertación

830.842

Diferencia (votos transferidos)

649.356

Porcentaje del voto volátil transferido

44%

Esta magnitud es impensable en la época del fraude analógico. La digitalización completa del proceso —TREP + urnas electrónicas + caja negra de conteo— permitió lo que antes era imposible: fabricar resultados de manera masiva, centralizada, barata y sin dejar rastros materiales.

Integración: Un modelo de etapas tecnológicas del fraude

Sistematizando lo expuesto, podemos identificar tres etapas claramente diferenciadas en la historia electoral post-dictadura en Paraguay:

Etapa I: Fraude analógico (1989-2008)

Característica

Descripción

Mecanismo

Adulteración manual de actas

Costo

Alto (miles de actas, coordinación descentralizada)

Escala

Limitada (no puede revertir tendencias estructurales)

Huellas

Actas físicas adulteradas, sobre 4 accesible

Resultados oficiales

Reflejan parcialmente la realidad electoral

Alternancia posible

Sí (2008)

Etapa II: Fraude híbrido TREP (2013-2018)

Característica

Descripción

Mecanismo

TREP (imagen) + adulteración selectiva de actas

Costo

Bajo (adulteración concentrada en mesas críticas)

Escala

Alta (puede revertir tendencias)

Huellas

Pocas actas adulteradas, sobre 4 atrapado en círculo legal

Resultados oficiales

Comienzan a divergir sistemáticamente de la realidad

Alternancia posible

En 2018, por un margen extremadamente estrecho (0,7%), mostró los límites del sistema

El punto de inflexión: El margen de 2018 actuó como catalizador. La cúpula del sistema comprendió que el fraude híbrido tenía límites operativos y decidió acelerar la implementación del voto electrónico como mecanismo de control total.

Etapa III: Fraude digital integrado (2021 en adelante)

Característica

Descripción

Mecanismo

Urnas electrónicas + TREP + transferencia programada + caja negra de conteo

Costo

Muy bajo (configuración de software centralizada)

Escala

Masiva (hasta 44% del voto volátil puede ser transferido)

Huellas

Ninguna constancia material verificable por el ciudadano

Resultados oficiales

Pueden ser completamente fabricados

Alternancia posible

No (el sistema garantiza resultados predeterminados)

Validación empírica: El pronóstico de 2012 y su no cumplimiento

Mi pronóstico de diciembre de 2012 sobre la tendencia deflacionaria de la ANR constituye una prueba indirecta de esta periodización. Analicemos:

Lo que pronosticaba en 2012:

La ANR venía en caída: 37,14% en 2003, 30,63% en 2008.

Sus internas mostraban baja participación y envejecimiento de su núcleo.

La tendencia histórica era un decrecimiento continuo.

Para 2013, el caudal electoral de la ANR sería inferior al 30% del total.

Lo que ocurrió en los resultados oficiales:

La ANR no solo frenó su caída sino que se recuperó.

Cartes, una figura altamente cuestionada, obtuvo una victoria que no se correspondía con su atractivo electoral real.

La tendencia deflacionaria "desapareció" de los resultados.

¿Por qué no se cumplió el pronóstico?

No porque el análisis fuera erróneo. El pronóstico era correcto si se parte del supuesto de que las elecciones reflejan la voluntad popular. Lo que cambió no fue la realidad electoral, sino la tecnología del fraude. El TREP inaugurado en 2013 permitió lo que antes era imposible: revertir artificialmente una tendencia estructural adversa con costos operativos bajos y cobertura mediática inmediata.

El pronóstico de 2012 era válido para la Etapa I (fraude analógico costoso). Pero las elecciones de 2013 pertenecían ya a la Etapa II (fraude híbrido TREP). El error no fue de análisis, sino de no haber anticipado el salto tecnológico en la capacidad de simulación del sistema.

2018: La confirmación de los límites y la aceleración

Las elecciones de 2018, con su margen de apenas 0,7 puntos, confirmaron dos cosas:

Que el fraude híbrido (Etapa II) seguía funcionando: la ANR ganó.

Que sus límites operativos eran reales: la oposición estuvo a punto de ganar.

Este segundo punto fue el que desencadenó la transición a la Etapa III. Quienes controlan el sistema comprendieron que, si no eliminaban por completo la posibilidad de que la voluntad popular pudiera expresarse, eventualmente perderían el control. La respuesta fue la implementación acelerada de las urnas electrónicas y la caja negra de conteo.

Implicaciones sistémicas

El TSJE como centro de operaciones

En las tres etapas, hay una constante: el Tribunal Superior de Justicia Electoral (TSJE) es el órgano que organiza, ejecuta y certifica las elecciones. Desde la dictadura hasta hoy, ha estado controlado por el Partido Colorado. Esta continuidad institucional es la base que ha permitido la evolución tecnológica del fraude sin necesidad de cambiar las reglas formales.

El fraude como sistema, no como evento

Lo que describo no es una serie de "episodios de fraude" en elecciones puntuales. Es un sistema de simulación democrática que se ha perfeccionado tecnológicamente. Cada innovación —el TREP, las urnas electrónicas— ha sido presentada como avance en transparencia, pero en la práctica ha significado un avance en la capacidad de controlar los resultados.

El mensaje de 2018 y la respuesta tecnológica

El margen estrecho de 2018 fue el momento en que el sistema se vio a sí mismo con claridad: el fraude híbrido, aunque efectivo, no era suficiente para garantizar la perpetuidad frente a una oposición movilizada. La implementación del voto electrónico no fue una modernización inocente; fue la respuesta tecnológica a un riesgo político detectado.

La eliminación de la alternancia

La consecuencia más grave de esta evolución es la eliminación efectiva de la alternancia. Después de 2008, ningún candidato opositor puede ganar una elección nacional, no porque la ciudadanía no quiera, sino porque el sistema electoral ha alcanzado un nivel de sofisticación que le permite garantizar resultados favorables al oficialismo con costos operativos mínimos.

En mi modelo de 2026, cuantifiqué esta pérdida de competitividad: el voto tendencia esperado para la Concertación en 2023 era de 595.000 votos, suficiente para superar el umbral de competitividad. El voto observado fue de 200.842. La diferencia de 394.158 votos representa la capacidad del sistema para eliminar artificialmente la competitividad opositora.

Conclusión

Desde el fin de la dictadura de Stroessner hasta la actualidad, Paraguay ha tenido elecciones periódicas pero no ha tenido una democracia electoral en el sentido pleno del término. El fraude no ha sido una excepción, sino la constante. Lo que ha variado es su tecnología:

Etapa I (1989-2008): Fraude analógico, costoso y limitado. La alternancia de 2008 fue posible precisamente por esos límites.

Etapa II (2013-2018): Fraude híbrido con TREP, barato y efectivo. La tendencia deflacionaria de la ANR dejó de reflejarse en los resultados. Pero el margen de 0,7 puntos en 2018 expuso los límites operativos del sistema.

Etapa III (2021 en adelante): Fraude digital integrado con urnas electrónicas y caja negra de conteo, de escala masiva y sin huellas. El sistema puede transferir casi la mitad del voto opositor. Fue la respuesta tecnológica al riesgo detectado en 2018.

Mi pronóstico de 2012 sobre la tendencia deflacionaria de la ANR no se cumplió en los resultados oficiales porque entre la publicación de ese análisis y las elecciones de 2013, el sistema electoral implementó una nueva tecnología de fraude que lo hacía obsoleto como predictor de resultados oficiales. La elección de 2018, con su margen estrecho, fue el momento crítico que llevó al sistema a perfeccionarse aún más, eliminando cualquier posibilidad de que una movilización opositora pudiera traducirse en triunfo electoral.

La integración de estos análisis —el de 2012 sobre tendencias, el de 2018 como punto de inflexión, el de 2026 sobre transferencia de votos, y el eslabón del TREP y las urnas electrónicas que ahora desarrollo— permite afirmar con certeza:

El fraude electoral en Paraguay es un sistema continuo, no episodios aislados.

La tecnología electoral ha evolucionado para abaratar, centralizar y escalar el fraude.

El margen estrecho de 2018 fue el catalizador que aceleró la implementación del voto electrónico como mecanismo de control total.

La caja negra de conteo (urnas electrónicas) representa la culminación de este proceso: un sistema donde la voluntad popular puede ser completamente desconectada de los resultados oficiales.

La alternancia democrática es actualmente imposible bajo este sistema.

Los resultados oficiales no reflejan la voluntad popular, sino la capacidad de simulación del TSJE.

La pregunta ya no es si hay fraude, sino cómo funciona en su etapa actual y qué se necesita para desmontar un sistema que ha sabido perfeccionarse durante décadas, especialmente después de que el susto de 2018 los llevara a eliminar los últimos resquicios de verificabilidad ciudadana.

 


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