domingo, 8 de marzo de 2026

Traicionar la Música: El precio de hablar en metáforas

                                                                             Dr. Víctor Oxley

1. Introducción: la cuestión de fondo

Se reconoce la funcionalidad práctica del lenguaje metafórico en la música. Se entiende que términos como “color oscuro” o “textura aterciopelada” actúan como atajos eficaces en el taller del creador y en la comunicación entre intérpretes. Son expresiones que, en el calor del ensayo, permiten transmitir rápidamente una intención sonora.

Sea C el dominio comunicativo y T el dominio teórico; las metáforas pertenecen a C, pero no son verificables en T.

Formalmente, podemos decir que estas expresiones cumplen una función pragmática en el dominio de comunicación C, pero no constituyen proposiciones verificables en el dominio teórico T.

Pero existe una objeción fundamental a aceptar que esta sea la única forma, o incluso la mejor, de abordar conceptualmente el fenómeno musical. Lo que se presenta como una necesidad profunda del arte —su supuesta inefabilidad, su resistencia a la precisión— puede interpretarse en realidad como una elección epistemológica cómoda y conservadora.

Quien defiende el vocabulario tradicional argumenta que es “insustituible” porque captura la “experiencia” inefable de la música. Pero desde una mirada crítica, esta afirmación constituye una petición de principio: se asume como verdad incuestionable que la esencia de la música es un núcleo subjetivo e inasible, y se concluye que cualquier intento de precisión es una traición. Al declarar lo más importante como “inefable”, se coloca a la música fuera del ámbito de la verificación y la falsación, convirtiéndola en un reino donde la autoridad última recae en el “criterio” o la “sensibilidad” de una élite iniciada (Oxley, 2025).

2. Ejemplos de mala atribución

La crítica ontológica se hace más clara cuando se analizan ejemplos de atribuciones incorrectas. En todos los casos se trata de predicados mal formados, es decir, expresiones que aplican propiedades de un dominio a objetos que no pertenecen a ese dominio:

Física: afirmar que “un campo electromagnético es un tensor antisimétrico” es un error. Formalmente, si C es el conjunto de campos electromagnéticos y T el conjunto de tensores antisimétricos, la proposición “c C es t T” es inválida. Lo correcto sería decir que un campo electromagnético puede ser representado por un tensor antisimétrico.

Matemáticas: decir que “los números naturales son muy antiguos” es un sinsentido. Los números no tienen edad; son constructos conceptuales. Formalmente, si N es el conjunto de números naturales y A el conjunto de propiedades temporales, la proposición “n N posee a A” es inválida. Lo correcto es señalar que los números naturales fueron inventados por el ser humano en la prehistoria.

Música: sostener que “la música es una expresión de sentimientos” es igualmente un error. La música no es un ser humano; solo los sujetos poseen emociones complejas. Formalmente, si M es el conjunto de obras musicales y E el conjunto de estados emocionales, la proposición “m M posee e E” es inválida. Lo correcto es decir que la música puede inducir emociones en un oyente.

Música: La expresión “la sinfonía es triste porque así lo quiso el compositor” formaliza que la intención del compositor no convierte la obra en portadora de tristeza, sino que condiciona la recepción en los oyentes.

La condición de formación adecuada es: P(x) bien formado x ∈ D. Cuando ∉ D, el predicado es inválido.
Sea un predicado y su dominio de aplicación. Una proposición P(xestá bien formada si y solo si ∈ D. Cuando ∉ D, la proposición es ontológicamente mal formada.
Estos ejemplos muestran cómo se confunden niveles de existencia: se atribuyen propiedades de un dominio (emociones humanas, antigüedad histórica, estructuras físicas) a objetos conceptuales o abstractos que no pueden poseerlas.

3. La metáfora como mapa borroso

Desde esta mirada escéptica, la vaguedad no es una virtud, sino un vicio que frena una comprensión más profunda. Mientras se celebra que “delicado” active una constelación de recuerdos y sensaciones en el intérprete, cabe preguntarse: ¿y si pudiéramos entender y comunicar con precisión cuáles son los parámetros acústicos y kinestésicos que constituyen esa “delicadeza”?

En la literatura musical abundan expresiones que, aunque útiles en la práctica, son ontológicamente problemáticas porque atribuyen propiedades humanas, emocionales o psicológicas a fenómenos acústicos. Ejemplos frecuentes son: La música llora”, “El acorde es melancólico”, “La melodía suspira”, “El ritmo es agresivo”, “La armonía es luminosa”, “El timbre es sensual”, “La cadencia es nostálgica”, etc.

A estas se suman expresiones aplicadas a dinámicas y matices musicales. El problema no se limita al formato sujeto–predicado. También aparece en prescripciones de interpretación y correcciones de matices que se formulan de manera metafórica:

“Toque ese pasaje con más tristeza” (cuando lo que se busca es reducir la dinámica y aligerar la articulación).

“El pianissimo debe sonar como un suspiro” (cuando en realidad se trata de controlar la emisión del aire y la presión sobre el instrumento).

“El crescendo tiene que sonar desesperado” (cuando lo que se requiere es un aumento progresivo de la intensidad sonora).

“El staccato debe sonar juguetón” (cuando lo que se pide es una separación clara entre notas).

“Corrija ese legato, debe sonar más amoroso” (cuando lo que se busca es continuidad y ausencia de interrupciones entre notas).

Formalización lógico-semántica

Sea el conjunto de obras musicales, el conjunto de dinámicas, y el conjunto de estados emocionales. Toda proposición P(xque atribuya es inválida, pues M∉ E.

Una proposición como “El forte es violento” se expresa como V(D), donde V es el predicado “es violento”. El dominio de V está restringido a E, por lo que D E. En consecuencia, V(D) es un predicado mal formado.

De igual modo, una prescripción como “toque con más tristeza” puede formalizarse como T(M, s), donde T es el predicado “inducir tristeza” y s es el sujeto oyente. La música no posee tristeza; lo que ocurre es que puede inducirla en s. Si se omite la variable s, la proposición queda incompleta y se convierte en un error lógico-semántico.

La metáfora, en este sentido, funciona como un mapa borroso: permite orientarse en la práctica, pero pierde resolución y objetividad. Mientras una postura se contenta con un mapa lleno de leyendas y regiones difusas, la otra anhela un mapa topográfico con elevaciones exactas. La metáfora es un algoritmo de compresión, sí, pero es un algoritmo con pérdida: pierde precisión, impide la verificación y bloquea la posibilidad de construir un conocimiento acumulativo y verificable (Bunge, 1980).

4. La objeción del “lenguaje frío”

Frente al argumento de que un lenguaje puramente técnico sería frío y mecanicista, la respuesta es clara: eso solo es cierto si el objetivo único es la instrucción momentánea. Si el objetivo es, en cambio, comprender la música como un fenómeno que emerge de leyes acústicas, perceptuales y cognitivas, entonces ese lenguaje es no solo útil, sino esencial.

Sea S el conjunto de sujetos y F el conjunto de fenómenos acústicos. La relación correcta es R(F, S): el fenómeno induce una vivencia en el sujeto. No es F ∈ E, sino R(F, S⊆ E.

Un forte en trombones a tempo rápido puede inducir en el oyente la percepción de violencia, pero no es violento en sí mismo.

La ciencia no “mata” la experiencia; la toma como el dato a explicar. Al rechazar de plano este camino por “deshumanizador”, se estaría cerrando la puerta a una posible revolución en la comprensión del arte sonoro (Kivy, 1999).

5. Propuesta crítica

No se propone abandonar la poesía en la sala de ensayos, sino dejar de confundir la poesía con el conocimiento riguroso. La metáfora puede ser una excelente herramienta en la práctica, pero es un pésimo fundamento para una teoría que aspire a ser más que una colección de impresiones subjetivas.

El pragmatismo tradicional no es la solución al problema del lenguaje musical; es la consagración de su problema fundamental. Mientras se siga aferrando a la vaguedad como un talismán, se estará condenando a la teoría musical a ser un ejercicio de hermenéutica antes que una empresa de descubrimiento (Sharpe, 2000).

La objeción de que el lenguaje técnico es “frío” o “deshumanizador” se responde recordando que la ciencia no elimina la experiencia, sino que la explica. Comprender cómo la música produce efectos emocionales no reduce su valor artístico; lo enriquece.

Sea R1 el registro ordinario y R2 el registro técnico. Toda proposición en R1 denota experiencias subjetivas (ψ), mientras que en



R2 denota hechos musicales objetivos (φ). El error expresivista consiste en asumir que ∈ R1 tal que Denota(P)⊆ φ.

La música es nostálgica” en R1 se traduce en R2 como ‘modo menor, tempo lento, timbre controlado’. Esto muestra cómo se puede pasar de metáfora a parámetros técnicos.

6. Conclusión

La música no debe ser traicionada por la confusión de niveles. La metáfora pertenece al ámbito fenomenológico; la teoría exige precisión ontológica. Reconocer esta diferencia nos permite mantener la riqueza expresiva del lenguaje ordinario sin renunciar al rigor del análisis técnico.

Solo distinguiendo ambos registros podremos construir una teoría musical sólida, capaz de acumular conocimiento y dialogar con otras ciencias. La metáfora puede seguir viva en la sala de ensayo y en la crítica poética, pero no debe confundirse con conocimiento riguroso.

La música no debe ser traicionada por la confusión de niveles. Formalmente, mantener la partición R1 R2∅ en cuanto a denotación garantiza que la metáfora siga viva en la práctica, pero no contamine el conocimiento riguroso.

La música puede emocionar, pero no sentir; puede inducir tristeza, pero no ser triste. Reconocer esta diferencia es la clave para no traicionar la música.

Referencias

Bunge, M. (1980). Epistemología. Barcelona: Ariel.

Davies, S. (1994). Musical Meaning and Expression. Ithaca: Cornell University Press.

Kivy, P. (1999). New Essays on Musical Understanding. Oxford: Clarendon Press.

Oxley Insfrán, V. (2025). Music ontology. A construction from the semantic hylo-realism of Mario Bunge. Itamar. Revista De investigación Musical: Territorios Para El Arte, (11), 44–63. https://doi.org/10.7203/itamar.11.29920

Sharpe, R. A. (2000). Music and Humanism: An Essay in the Aesthetics of Music. Oxford: Oxford University Press.

P.D.: este artículo es una versión simplificada de divulgación, de un paper que se publicará en una revista de investigación musicológica.



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