Filósofo artefactualista estructural. Investigador en educación matemática y analista político. Su n

sábado, 21 de marzo de 2026

El fraude electoral en Paraguay: De la dictadura a la digitalización de la simulación democrática

                                                                            Dr. Víctor Oxley

Introducción: Una constante histórica

Desde la caída de la dictadura de Alfredo Stroessner en 1989, Paraguay ha celebrado elecciones periódicas que la comunidad internacional suele calificar como "libres y justas". Sin embargo, esta caracterización omite un hecho fundamental: el fraude electoral no ha sido la excepción en la democracia paraguaya, sino la regla. Lo que ha variado no es la existencia del fraude, sino sus mecanismos, costos y escala.

Este artículo no pretende demostrar que hubo fraude en tal o cual elección —eso es un hecho conocido para quienes han estudiado el sistema electoral paraguayo— sino tipificar las etapas tecnológicas del fraude y demostrar cómo cada innovación en el sistema electoral fue, en realidad, una innovación en la capacidad de simular resultados. Para ello, integro análisis previos sobre tendencias electorales (2012) con modelos de detección de anomalías (2026) y los conecto mediante dos eslabones fundamentales: la implementación del TREP en 2013 como el primer salto cualitativo, y las elecciones de 2018 como el momento crítico que aceleró la implementación del voto electrónico.

Primera etapa: El fraude analógico de la transición (1989-2008)

El legado de la dictadura

Durante los 35 años de Stroessner, las elecciones fueron meros actos de validación del poder. El Partido Colorado (ANR) controlaba el Tribunal Superior de Justicia Electoral (TSJE), el padrón, las mesas, las actas y el conteo. El voto era obligatorio, pero el resultado era decidido de antemano.

Con la caída de la dictadura, el sistema electoral mantuvo su estructura institucional intacta. El TSJE siguió siendo controlado por la ANR. El padrón continuó siendo un agujero negro de inscripciones dudosas, fallecidos que votaban y ciudadanos fantasma. Pero hubo un cambio: la comunidad internacional comenzó a observar, y el costo político de un fraude descarado se elevó.

El fraude en la etapa analógica: Costoso y limitado

En las elecciones celebradas entre 1989 y 2008, el fraude se ejecutaba mediante un método artesanal pero efectivo: la confección de actas fraudulentas. El procedimiento era el siguiente:

En mesas estratégicas (generalmente rurales, con menor control ciudadano), se adulteraban las actas originales.

Se falsificaban firmas de miembros de mesa, se modificaban los números de votos, se agregaban votos a la ANR y se restaban de la oposición.

Estas actas adulteradas se presentaban como las originales en el escrutinio definitivo.

Este sistema tenía características definitorias:

A. Era hercúleo: Requería cooptar o suplantar a miles de miembros de mesa en todo el país. Cada acta adulterada implicaba coordinación, complicidad y riesgos de filtración.

B. Era costoso: No solo en términos económicos (pago a miembros de mesa, abogados, coordinadores), sino también en términos políticos. Cada acta falsa era un documento físico que podía ser impugnado, un posible escándalo.

C. Tenía límites operativos: La magnitud del fraude estaba restringida por la capacidad de adulterar actas sin generar inconsistencias detectables. Solo se podía "mover" un porcentaje acotado de votos, suficiente para inclinar elecciones reñidas, pero no para revertir tendencias estructurales.

D. Dejaba huellas materiales: Las actas originales (cuando se conservaban) y las adulteradas constituían evidencia. El "sobre 4" —la constancia física del voto emitido por cada mesa— era accesible, en teoría, para impugnaciones.

La alternancia de 2008 como prueba del límite

Precisamente por estos límites, la alternancia de 2008 fue posible. Fernando Lugo, candidato del PLRA y la Alianza Patriótica para el Cambio, derrotó a la ANR. ¿Cómo ocurrió esto si el TSJE seguía siendo colorado?

La respuesta es que el costo político y logístico de fabricar un fraude de suficiente magnitud para revertir esa tendencia era demasiado alto. La tendencia deflacionaria de la ANR era tan pronunciada que habría requerido adulterar una cantidad de actas sin precedentes, con riesgos inasumibles de ser descubiertos. La ANR perdió porque su maquinaria de fraude analógico no podía compensar una derrota electoral real de esa envergadura.

Este período demostró algo crucial: cuando el fraude es costoso y limitado, las tendencias electorales reales aún pueden reflejarse en los resultados oficiales.

Segunda etapa: El TREP y la digitalización del fraude (2013)

La innovación tecnológica que cambió todo

Para las elecciones generales de 2013, el TSJE implementó el TREP (Transmisión de Resultados Electorales Preliminares) . Oficialmente, se presentó como un avance en transparencia: los resultados comenzarían a transmitirse digitalmente desde las mesas en tiempo real, permitiendo a la ciudadanía conocer el avance del escrutinio desde las primeras horas.

Sin embargo, lo que realmente ocurrió fue una revolución en la tecnología del fraude. El TREP transformó la ecuación:

Antes: El fraude requería adulterar actas físicas sin saber con precisión dónde se necesitaba intervenir.

Con el TREP: El sistema les daba información en tiempo real. Sabían exactamente, mesa por mesa, dónde la oposición estaba ganando, dónde la tendencia era adversa, y podían concentrar allí sus esfuerzos de adulteración.

El nuevo mecanismo híbrido

Lo que se instaló en 2013 fue un sistema híbrido de fraude que combinaba lo viejo y lo nuevo:

1. El TREP como pantalla y generador de imagen: Desde las primeras horas del escrutinio, se transmitía una versión de los resultados que ya estaba "corregida". Esto instalaba en la opinión pública una imagen de triunfo irreversible. Cuando luego aparecían denuncias de fraude, el relato ya estaba fijado: "los resultados preliminares ya mostraron esto, lo demás son excusas de perdedores".

2. Las actas adulteradas como base legal: El papel seguía siendo el documento legal. Pero ahora, con el TREP, sabían exactamente dónde y cuánto adulterar. Podían concentrar la confección de actas fraudulentas en las mesas críticas, reduciendo drásticamente el costo operativo.

3. El sobre 4 como punto ciego: La única constancia material del voto real —el sobre 4 que contiene las papeletas de cada mesa— quedó atrapada en un círculo vicioso legal: para impugnar se necesita evidencia previa, pero la evidencia está en el sobre 4 al que no se puede acceder sin impugnación. Una jaula jurídica perfecta.

La transformación del fraude: de costoso a barato

Con el TREP, las características del fraude cambiaron radicalmente:

Variable

Hasta 2008

Desde 2013

Costo operativo

Alto (adulteración masiva de actas)

Bajo (adulteración selectiva guiada por datos)

Coordinación

Descentralizada, riesgosa

Centralizada, controlada desde el TSJE

Cobertura mediática

Los resultados oficiales llegaban días después

El TREP impone la narrativa en horas

Capacidad de revertir tendencias

Limitada

Alta

Huellas materiales

Múltiples actas adulteradas

Pocas actas adulteradas, pero decisivas

Por qué la tendencia deflacionaria de la ANR "desapareció"

En diciembre de 2012, publiqué un análisis donde, con datos de elecciones internas y generales previas, pronosticaba que la ANR continuaría su tendencia deflacionaria en las elecciones de 2013. El pronóstico era sólido: la ANR había perdido votos en 2003, 2008, sus internas mostraban baja participación juvenil, y su núcleo de votantes se reducía al "ultra conservadurismo" etario.

Pero los resultados oficiales de 2013 no reflejaron esa tendencia. La ANR, con Horacio Cartes como candidato —una figura acusada de narcotráfico, contrabando y lavado de dinero, con nulo atractivo para sectores no tradicionales—, no solo frenó su caída sino que mostró una recuperación electoral.

¿Qué ocurrió? No fue que la ciudadanía hubiera abrazado masivamente a Cartes. Fue que el TREP había entrado en operación. El sistema electoral había dado un salto cualitativo en su capacidad de simular resultados. La tendencia deflacionaria real de la ANR continuó, pero dejó de reflejarse en los resultados oficiales.

El punto de inflexión: Las elecciones de 2018 y el margen que lo cambió todo

Un sistema mixto con límites expuestos

Para las elecciones generales de 2018, el sistema electoral operó bajo un régimen mixto: el TREP seguía siendo el mecanismo de transmisión de resultados preliminares, mientras que las actas físicas adulteradas seguían siendo la base legal del escrutinio definitivo. Este sistema híbrido había funcionado en 2013 para asegurar la victoria de Cartes, pero en 2018 enfrentó una prueba de fuego.

Los resultados oficiales de 2018 mostraron un margen extremadamente estrecho: la ANR ganó la presidencia por apenas 0,7 puntos porcentuales, con la Concertación Nacional (PLRA y aliados) obteniendo 1.110.464 votos, rozando el umbral crítico de competitividad. El oficialismo se impuso, pero por un hilo.

La lectura interna del sistema

Para quienes controlaban el TSJE y la maquinaria electoral colorada, el mensaje fue inequívoco: el sistema mixto (TREP + actas adulteradas) tenía límites. A pesar de todas las herramientas de manipulación disponibles, la elección había estado a punto de perderse. La tendencia real del electorado seguía siendo adversa, y el fraude híbrido había mostrado su techo operativo.

La situación era insostenible. Si en 2018, con un presidente en ejercicio (Cartes) que había volcado todo el aparato estatal a la campaña, la oposición había estado a menos de un punto de ganar, ¿qué ocurriría en 2023 cuando el desgaste del oficialismo fuera aún mayor? ¿Qué pasaría si la oposición lograba una movilización todavía más amplia?

La decisión: Eliminar el riesgo mediante el control total

La respuesta del sistema fue la aceleración de la implementación del voto electrónico. No se trataba de modernizar el proceso por razones de transparencia o agilidad. Se trataba de eliminar las variables que aún escapaban al control absoluto:

1. Eliminar las actas físicas como evidencia: Las actas adulteradas, aunque efectivas, dejaban huellas. Cada acta falsa era un documento que podía ser examinado, una posible prueba material. Con las urnas electrónicas, el voto se registra directamente en un sistema digital sin constancia física verificable por el ciudadano.

2. Centralizar el fraude en software: En lugar de coordinar la adulteración de actas en miles de mesas, bastaba con configurar el software de las urnas electrónicas para transferir automáticamente un porcentaje de votos desde la oposición hacia los candidatos oficialistas. Un solo punto de control, una sola decisión técnica, cero evidencias materiales.

3. Crear una caja negra inexpugnable: El voto electrónico con boletín impreso (chip RFID) creó un sistema donde el ciudadano introduce su voto en la máquina, pero no tiene manera de verificar que el registro electrónico coincida con su intención. El recibo impreso no sirve como constancia válida para impugnaciones. La "caja negra" del conteo quedó bajo control exclusivo del TSJE.

4. Blindar el proceso legalmente: Con la implementación del voto electrónico, se profundizó el círculo vicioso iniciado con el sobre 4. Ahora, no solo era inaccesible la constancia material, sino que el propio diseño tecnológico hacía técnicamente imposible una auditoría ciudadana independiente.

El mensaje de 2018: "Estuvimos a punto de perder"

El margen estrecho de 2018 no fue una muestra de competitividad democrática. Fue, para quienes diseñan y ejecutan el fraude, una alarma estratégica. El sistema híbrido había funcionado, pero apenas. La única manera de garantizar la perpetuidad en el poder era eliminar por completo la posibilidad de que la voluntad popular pudiera expresarse en los resultados.

Así, el período 2018-2021 se convirtió en una carrera contrarreloj para implementar la tercera generación del fraude: el voto electrónico como mecanismo de control total.

Tercera etapa: Las urnas electrónicas y el fraude de alta precisión (2021-2023)

La culminación tecnológica

En las elecciones municipales de 2021 se implementaron las urnas electrónicas con boletín impreso. En las generales de 2023, el sistema ya estaba plenamente operativo. Esta nueva tecnología no reemplazó al TREP, sino que lo perfeccionó, eliminando la necesidad de actas físicas y centralizando todo el proceso en software controlado por el TSJE.

El mecanismo de fraude ahora es aún más depurado:

A. Transferencia programada de votos: Ya no es necesario adulterar actas. El software de las urnas puede ser configurado para transferir automáticamente un porcentaje de votos desde la oposición hacia los candidatos del sistema. En mi análisis de las elecciones de 2023, cuantifiqué esta transferencia con los parámetros p (20,7%) y q (23,2%) : el 44% del voto volátil de la Concertación fue desviado hacia la ANR y Cruzada Nacional.

B. Indetectabilidad para el votante: El ciudadano cree que votó por su candidato. La máquina registra otro destino. No hay constancia material que el votante pueda reclamar. El sobre 4 ahora es irrelevante porque el voto fue registrado directamente en el sistema electrónico.

C. Validación por simulaciones estadísticas: Aplicando la Ley de Benford y modelos de simulación, se demuestra que los resultados oficiales solo son consistentes bajo el escenario de transferencia de votos. El escenario "sin fraude" no se ajusta a las probabilidades estadísticas.

D. La caja negra como garantía de impunidad: El sistema de urnas electrónicas opera como una "caja negra": los votos se ingresan, el software los procesa, y el resultado final emerge sin que exista un mecanismo independiente de verificación. El TSJE controla el hardware, el software, la transmisión, el conteo y la certificación. No hay contrapeso.

La magnitud del robo en 2023

Mi modelo integrado para 2023 arrojó estas cifras:

Concepto

Votos

Voto real de la Concertación (estimado)

1.480.198

Voto oficial de la Concertación

830.842

Diferencia (votos transferidos)

649.356

Porcentaje del voto volátil transferido

44%

Esta magnitud es impensable en la época del fraude analógico. La digitalización completa del proceso —TREP + urnas electrónicas + caja negra de conteo— permitió lo que antes era imposible: fabricar resultados de manera masiva, centralizada, barata y sin dejar rastros materiales.

Integración: Un modelo de etapas tecnológicas del fraude

Sistematizando lo expuesto, podemos identificar tres etapas claramente diferenciadas en la historia electoral post-dictadura en Paraguay:

Etapa I: Fraude analógico (1989-2008)

Característica

Descripción

Mecanismo

Adulteración manual de actas

Costo

Alto (miles de actas, coordinación descentralizada)

Escala

Limitada (no puede revertir tendencias estructurales)

Huellas

Actas físicas adulteradas, sobre 4 accesible

Resultados oficiales

Reflejan parcialmente la realidad electoral

Alternancia posible

Sí (2008)

Etapa II: Fraude híbrido TREP (2013-2018)

Característica

Descripción

Mecanismo

TREP (imagen) + adulteración selectiva de actas

Costo

Bajo (adulteración concentrada en mesas críticas)

Escala

Alta (puede revertir tendencias)

Huellas

Pocas actas adulteradas, sobre 4 atrapado en círculo legal

Resultados oficiales

Comienzan a divergir sistemáticamente de la realidad

Alternancia posible

En 2018, por un margen extremadamente estrecho (0,7%), mostró los límites del sistema

El punto de inflexión: El margen de 2018 actuó como catalizador. La cúpula del sistema comprendió que el fraude híbrido tenía límites operativos y decidió acelerar la implementación del voto electrónico como mecanismo de control total.

Etapa III: Fraude digital integrado (2021 en adelante)

Característica

Descripción

Mecanismo

Urnas electrónicas + TREP + transferencia programada + caja negra de conteo

Costo

Muy bajo (configuración de software centralizada)

Escala

Masiva (hasta 44% del voto volátil puede ser transferido)

Huellas

Ninguna constancia material verificable por el ciudadano

Resultados oficiales

Pueden ser completamente fabricados

Alternancia posible

No (el sistema garantiza resultados predeterminados)

Validación empírica: El pronóstico de 2012 y su no cumplimiento

Mi pronóstico de diciembre de 2012 sobre la tendencia deflacionaria de la ANR constituye una prueba indirecta de esta periodización. Analicemos:

Lo que pronosticaba en 2012:

La ANR venía en caída: 37,14% en 2003, 30,63% en 2008.

Sus internas mostraban baja participación y envejecimiento de su núcleo.

La tendencia histórica era un decrecimiento continuo.

Para 2013, el caudal electoral de la ANR sería inferior al 30% del total.

Lo que ocurrió en los resultados oficiales:

La ANR no solo frenó su caída sino que se recuperó.

Cartes, una figura altamente cuestionada, obtuvo una victoria que no se correspondía con su atractivo electoral real.

La tendencia deflacionaria "desapareció" de los resultados.

¿Por qué no se cumplió el pronóstico?

No porque el análisis fuera erróneo. El pronóstico era correcto si se parte del supuesto de que las elecciones reflejan la voluntad popular. Lo que cambió no fue la realidad electoral, sino la tecnología del fraude. El TREP inaugurado en 2013 permitió lo que antes era imposible: revertir artificialmente una tendencia estructural adversa con costos operativos bajos y cobertura mediática inmediata.

El pronóstico de 2012 era válido para la Etapa I (fraude analógico costoso). Pero las elecciones de 2013 pertenecían ya a la Etapa II (fraude híbrido TREP). El error no fue de análisis, sino de no haber anticipado el salto tecnológico en la capacidad de simulación del sistema.

2018: La confirmación de los límites y la aceleración

Las elecciones de 2018, con su margen de apenas 0,7 puntos, confirmaron dos cosas:

Que el fraude híbrido (Etapa II) seguía funcionando: la ANR ganó.

Que sus límites operativos eran reales: la oposición estuvo a punto de ganar.

Este segundo punto fue el que desencadenó la transición a la Etapa III. Quienes controlan el sistema comprendieron que, si no eliminaban por completo la posibilidad de que la voluntad popular pudiera expresarse, eventualmente perderían el control. La respuesta fue la implementación acelerada de las urnas electrónicas y la caja negra de conteo.

Implicaciones sistémicas

El TSJE como centro de operaciones

En las tres etapas, hay una constante: el Tribunal Superior de Justicia Electoral (TSJE) es el órgano que organiza, ejecuta y certifica las elecciones. Desde la dictadura hasta hoy, ha estado controlado por el Partido Colorado. Esta continuidad institucional es la base que ha permitido la evolución tecnológica del fraude sin necesidad de cambiar las reglas formales.

El fraude como sistema, no como evento

Lo que describo no es una serie de "episodios de fraude" en elecciones puntuales. Es un sistema de simulación democrática que se ha perfeccionado tecnológicamente. Cada innovación —el TREP, las urnas electrónicas— ha sido presentada como avance en transparencia, pero en la práctica ha significado un avance en la capacidad de controlar los resultados.

El mensaje de 2018 y la respuesta tecnológica

El margen estrecho de 2018 fue el momento en que el sistema se vio a sí mismo con claridad: el fraude híbrido, aunque efectivo, no era suficiente para garantizar la perpetuidad frente a una oposición movilizada. La implementación del voto electrónico no fue una modernización inocente; fue la respuesta tecnológica a un riesgo político detectado.

La eliminación de la alternancia

La consecuencia más grave de esta evolución es la eliminación efectiva de la alternancia. Después de 2008, ningún candidato opositor puede ganar una elección nacional, no porque la ciudadanía no quiera, sino porque el sistema electoral ha alcanzado un nivel de sofisticación que le permite garantizar resultados favorables al oficialismo con costos operativos mínimos.

En mi modelo de 2026, cuantifiqué esta pérdida de competitividad: el voto tendencia esperado para la Concertación en 2023 era de 595.000 votos, suficiente para superar el umbral de competitividad. El voto observado fue de 200.842. La diferencia de 394.158 votos representa la capacidad del sistema para eliminar artificialmente la competitividad opositora.

Conclusión

Desde el fin de la dictadura de Stroessner hasta la actualidad, Paraguay ha tenido elecciones periódicas pero no ha tenido una democracia electoral en el sentido pleno del término. El fraude no ha sido una excepción, sino la constante. Lo que ha variado es su tecnología:

Etapa I (1989-2008): Fraude analógico, costoso y limitado. La alternancia de 2008 fue posible precisamente por esos límites.

Etapa II (2013-2018): Fraude híbrido con TREP, barato y efectivo. La tendencia deflacionaria de la ANR dejó de reflejarse en los resultados. Pero el margen de 0,7 puntos en 2018 expuso los límites operativos del sistema.

Etapa III (2021 en adelante): Fraude digital integrado con urnas electrónicas y caja negra de conteo, de escala masiva y sin huellas. El sistema puede transferir casi la mitad del voto opositor. Fue la respuesta tecnológica al riesgo detectado en 2018.

Mi pronóstico de 2012 sobre la tendencia deflacionaria de la ANR no se cumplió en los resultados oficiales porque entre la publicación de ese análisis y las elecciones de 2013, el sistema electoral implementó una nueva tecnología de fraude que lo hacía obsoleto como predictor de resultados oficiales. La elección de 2018, con su margen estrecho, fue el momento crítico que llevó al sistema a perfeccionarse aún más, eliminando cualquier posibilidad de que una movilización opositora pudiera traducirse en triunfo electoral.

La integración de estos análisis —el de 2012 sobre tendencias, el de 2018 como punto de inflexión, el de 2026 sobre transferencia de votos, y el eslabón del TREP y las urnas electrónicas que ahora desarrollo— permite afirmar con certeza:

El fraude electoral en Paraguay es un sistema continuo, no episodios aislados.

La tecnología electoral ha evolucionado para abaratar, centralizar y escalar el fraude.

El margen estrecho de 2018 fue el catalizador que aceleró la implementación del voto electrónico como mecanismo de control total.

La caja negra de conteo (urnas electrónicas) representa la culminación de este proceso: un sistema donde la voluntad popular puede ser completamente desconectada de los resultados oficiales.

La alternancia democrática es actualmente imposible bajo este sistema.

Los resultados oficiales no reflejan la voluntad popular, sino la capacidad de simulación del TSJE.

La pregunta ya no es si hay fraude, sino cómo funciona en su etapa actual y qué se necesita para desmontar un sistema que ha sabido perfeccionarse durante décadas, especialmente después de que el susto de 2018 los llevara a eliminar los últimos resquicios de verificabilidad ciudadana.

 


El voto tendencia del PLRA y el fraude electoral de 2023: Un modelo integrado

                                                                                Dr. Víctor Oxley

Resumen

Este artículo integra dos líneas de investigación separadas: el análisis estructural del "voto tendencia" del Partido Liberal Radical Auténtico (PLRA) y la detección de anomalías estadísticas en las elecciones generales paraguayas de 2023. Partiendo de la hipótesis de que, si existió un fraude electoral sistemático, este debió afectar de manera diferencial al componente más volátil del electorado opositor —el voto tendencia—, se construye un modelo de predicción basado en datos históricos (2013-2018), se estima un umbral estratégico de competitividad, se formaliza un mecanismo de transferencia de votos, y se valida cruzadamente mediante la Ley de Benford, discrepancias entre encuestas y resultados oficiales, y simulaciones de comportamiento de dígitos. Los resultados muestran que el voto tendencia observado en 2023 fue significativamente inferior al esperado, que la única explicación que reconcilia todas las evidencias es una transferencia sistemática de votos desde la Concertación Nacional hacia la ANR y Cruzada Nacional, y que dicha transferencia redujo artificialmente al PLRA por debajo del umbral crítico de competitividad, anulando la posibilidad de alternancia.

1. Introducción: La necesidad de un modelo integrado

En el marco de las elecciones generales paraguayas de 2013, el Partido Liberal Radical Auténtico (PLRA) presentó un comportamiento electoral que ha sido objeto de análisis durante años. Diversos estudios previos calcularon el "voto tendencia" del partido, definido como el componente intermedio del electorado —relativamente estable pero sensible a la participación, alianzas y coyuntura electoral—, distinguiéndolo del voto duro (núcleo leal) y del voto contingente (altamente volátil). Estos estudios concluyeron que el PLRA no pierde por falta de voto duro, sino por insuficiencia de voto tendencia para superar un umbral crítico de competitividad.

Por otra parte, análisis independientes aplicados a las elecciones de 2023 detectaron anomalías estadísticas significativas en la distribución de votos por mesa —particularmente mediante la Ley de Benford— así como discrepancias sistemáticas entre encuestas preelectorales y resultados oficiales, consistentes con una hipótesis de transferencia de votos desde la Concertación Nacional hacia la ANR y Cruzada Nacional.

Sin embargo, hasta ahora ambos análisis han permanecido desconectados. El presente artículo formula y contrasta la siguiente hipótesis integradora:

Hipótesis H1: Si existió un fraude electoral sistemático en 2023 mediante transferencia de votos, entonces debe observarse una distorsión significativa en el voto tendencia de la Concertación Nacional —superior a la explicable por factores históricos, participación o cambios en el comportamiento electoral—, y dicha distorsión debe ser consistente con las anomalías estadísticas detectadas independientemente.

Esta hipótesis transforma la relación entre ambos fenómenos en algo contrastable empíricamente, superando la mera yuxtaposición retórica.

2. Definiciones operacionales

Para hacer contrastable la hipótesis, definimos las siguientes variables:

Voto duro (VD): núcleo estable del electorado liberal, compuesto por militantes y simpatizantes de larga data que votan al PLRA independientemente de la coyuntura. Históricamente, esta cifra ha sido relativamente constante en términos absolutos: 580.000 votos en 2013, 620.000 en 2018. Para 2023, considerando el crecimiento vegetativo del padrón, estimamos VD = 630.000 votos. Este núcleo representa aproximadamente el 13-14% del padrón total.

Voto tendencia (VT): componente intermedio, definido como VT = V_Concertación - VD - VC, donde VC es el voto contingente (estimado como residual). Operacionalmente, el VT esperado se modela en función de variables históricas.

Umbral estratégico de competitividad (θ): estimado a partir de los resultados de 2018, cuando el PLRA-Concertación obtuvo 1.110.464 votos y estuvo a 0,7 puntos porcentuales de ganar. Fijamos θ = 1.100.000 votos totales. Dado que VD se mantiene en torno a 630.000, esto equivale a un VT_umbral ≈ 470.000 votos (para efectos de cálculo redondeamos en 500.000, sin afectar la solidez del argumento).

Transferencia de votos: modelada mediante los parámetros p y q, que representan la proporción de votos transferidos desde la Concertación Nacional hacia la ANR y hacia Cruzada Nacional (PCN), respectivamente.

3. Modelo de predicción del voto tendencia esperado para 2023

3.1. Datos históricos

Año

Votos PLRA/Concertación

Participación (%)

VD estimado

VT estimado

Alianza

2013

890.000

68,5%

580.000

310.000

No

2018

1.110.464

65,0%

620.000

490.464

Sí (parcial)

2023

830.842 (oficial)

63,2%

630.000*

200.842

Sí (Concertación)

*VD ajustado por crecimiento del padrón.

3.2. Modelo de regresión para predicción

Para estimar cuál debió ser el voto tendencia del PLRA en 2023 en ausencia de fraude, utilizamos un modelo lineal que incorpora tres factores determinantes: la participación electoral, la existencia de alianzas políticas y la tendencia histórica de crecimiento del electorado intermedio.

La participación tiene un efecto positivo sobre el voto tendencia: cuando más gente acude a votar, más votos obtiene el PLRA de su electorado volátil. Las alianzas también amplifican este comportamiento, ya que atraen a votantes que no son necesariamente liberales de base pero que respaldan una coalición opositora. Por último, la tendencia temporal refleja el crecimiento estructural del padrón y la consolidación del posicionamiento del partido, que entre 2013 y 2018 mostró un incremento de 90.000 votos por ciclo.

A partir de estos factores, calculamos el voto tendencia esperado para 2023 tomando como base los 310.000 votos obtenidos en 2013. Aplicamos luego tres ajustes: una reducción de 15.000 votos por la caída de 1,8 puntos en la participación; un incremento de 200.000 votos por el efecto de la alianza de Concertación Nacional (superior al efecto parcial observado en 2018); y un aumento de 100.000 votos por la tendencia estructural entre 2018 y 2023.

El resultado es un voto tendencia esperado de 595.000 votos. Sumando el voto duro estimado para 2023 (630.000 votos), obtenemos un total esperado de 1.225.000 votos para la Concertación Nacional.

Esta proyección contrasta fuertemente con los 830.842 votos que el sistema oficial registró, evidenciando una discrepancia de 394.158 votos que no puede explicarse por factores ordinarios y que apunta a una distorsión sistemática del voto tendencia.

Estimamos un modelo lineal:

VT = β₀ + β₁ × Participación + β₂ × Alianza + β₃ × T

Donde T es una tendencia temporal (año).

Con los datos de 2013 y 2018:

Participación: coeficiente positivo (mayor participación, mayor VT).

Alianza: coeficiente positivo (efecto de la Concertación).

Tendencia: crecimiento de 90.000 votos por ciclo electoral.

Predicción para 2023 sin fraude:

VT(2023) esperado = 310.000 + (efecto participación) + (efecto alianza) + (crecimiento tendencial)

Cálculo explícito:

Base 2013: 310.000

Efecto participación: reducción de 1,8 puntos porcentuales → -15.000

Efecto alianza (2018 mostró +180.000 respecto a 2013): aplicamos +200.000

Tendencia 2018→2023: +100.000

VT(2023) esperado = 310.000 - 15.000 + 200.000 + 100.000 = 595.000

Total esperado Concertación:

V_Concertación esperado = VD + VT_esperado = 630.000 + 595.000 = 1.225.000

3.3. Comparación con resultado observado

Votos

VT

Esperado sin fraude

1.225.000

595.000

Observado (TREP)

830.842

200.842

Diferencia

-394.158

-394.158

La diferencia es negativa y sustancial. Esta discrepancia constituye la primera evidencia cuantitativa de una distorsión sistemática que afecta al voto tendencia.

4. Modelo de transferencia de votos

Para formalizar la hipótesis del fraude, planteamos un mecanismo sencillo: una parte de los votos que realmente correspondían a la Concertación Nacional fue desviada hacia la ANR y hacia Cruzada Nacional. Llamamos p a la proporción desviada hacia la ANR y q a la proporción desviada hacia Cruzada Nacional. Así, los votos finales que registró el sistema (TREP) son el resultado de restar esos desvíos de lo que realmente ocurrió en las urnas, y sumarlos a los otros dos candidatos.

Formalizamos la hipótesis de fraude como un sistema de ecuaciones:

(1) V_final(Concertación) = V_real(Concertación) - (p + q) × V_real(Concertación)

(2) V_final(ANR) = V_real(ANR) + p × V_real(Concertación)

(3) V_final(PCN) = V_real(PCN) + q × V_real(Concertación)

Donde:

p = proporción de votos transferidos de Concertación a ANR

q = proporción de votos transferidos de Concertación a PCN

V_final = resultados oficiales (TREP)

V_real = votos reales emitidos

4.1. Estimación de p y q a partir de encuestas

Para estimar estos desvíos, comparamos dos encuestas preelectorales con los resultados oficiales. La encuesta de Ati Snead proyectaba a la ANR con 42,90% y a Cruzada Nacional con 11,80%. La encuesta de Atlas, en cambio, daba a la ANR solo 32,80% y a Cruzada Nacional alrededor del 23%. Los resultados oficiales del TREP arrojaron 42,74% para la ANR y 22,91% para Cruzada Nacional.

Traduciendo estos porcentajes a votos por mesa —considerando 12.252 mesas y una participación del 63%— obtenemos un patrón revelador: el resultado oficial de la ANR coincide con lo que había pronosticado Ati Snead (108 votos por mesa), mientras que el de Cruzada Nacional coincide con lo que había pronosticado Atlas (58 votos por mesa). En otras palabras, la ANR terminó obteniendo 25 votos más por mesa de lo que preveía Atlas, y Cruzada Nacional terminó obteniendo 28 votos más por mesa de lo que preveía Ati Snead.

La interpretación más coherente es que Atlas acertó en su proyección para Cruzada Nacional pero subestimó a la ANR, mientras que Ati Snead acertó en su proyección para la ANR pero subestimó a Cruzada Nacional. Esta doble coincidencia selectiva no es casual: sugiere que los votos que aparecen como "exceso" en ambas fuerzas provienen de un mismo origen, la Concertación Nacional.

Si esos 25 votos por mesa que sobraron en la ANR y los 28 que sobraron en Cruzada Nacional fueron desviados desde la Concertación, entonces el total de votos que realmente obtuvo la Concertación se obtiene sumando esos desvíos a su resultado oficial. Así, calculamos que los votos reales de la Concertación ascendieron a 1.480.198, es decir, 830.842 oficiales más 306.300 que fueron a la ANR más 343.056 que fueron a Cruzada Nacional.

Con estos números, despejamos las proporciones desviadas: aproximadamente el 20,7% de los votos reales de la Concertación terminó en la ANR, y otro 23,2% terminó en Cruzada Nacional. En conjunto, casi el 44% del voto real de la Concertación fue redistribuido artificialmente hacia las otras dos fuerzas.

Utilizamos dos fuentes:

Encuesta Ati Snead (pre-electoral): ANR 42,90%, Concertación (no publica desagregado), PCN 11,80%

Encuesta Atlas (pre-electoral): ANR 32,80%, PCN ≈23%

Resultados oficiales TREP 2023:

ANR: 1.292.079 (42,74%)

Concertación: 830.842 (27,48%)

PCN: 692.223 (22,91%)

Cálculo de votos por mesa (12.252 mesas, participación ≈63%, ≈253 votos por mesa):

Ati Snead: ANR 108 votos/mesa, PCN 30 votos/mesa

Atlas: ANR 83 votos/mesa, PCN 58 votos/mesa

TREP: ANR 108 votos/mesa, PCN 58 votos/mesa

Discrepancias:

ANR: TREP coincide con Ati Snead (108), no con Atlas (83) → exceso de 25 votos/mesa respecto a Atlas.

PCN: TREP coincide con Atlas (58), no con Ati Snead (30) → exceso de 28 votos/mesa respecto a Ati Snead.

Interpretación: Atlas predice correctamente el resultado de PCN pero subestima ANR; Ati Snead predice correctamente ANR pero subestima PCN. Esto es consistente con una transferencia de votos desde Concertación hacia ambas fuerzas.

Estimamos:

p × V_real(Concertación) = 25 votos/mesa × 12.252 = 306.300

q × V_real(Concertación) = 28 votos/mesa × 12.252 = 343.056

V_real(Concertación) = V_final(Concertación) + (p+q)V_real(Concertación) = 830.842 + 306.300 + 343.056 = 1.480.198

De donde:

p = 306.300 / 1.480.198 ≈ 0,207 (20,7%)

q = 343.056 / 1.480.198 ≈ 0,232 (23,2%)

p + q ≈ 0,439 (43,9%)

5. Integración: ¿El fraude afectó al voto tendencia?

Una vez estimados los votos reales de la Concertación —1.480.198—, debemos determinar si la transferencia afectó a todo su electorado por igual o si golpeó selectivamente a algún componente en particular. Para ello, descomponemos ese total en sus tres partes constitutivas: el voto duro liberal (los militantes y simpatizantes más leales), el voto tendencia (el electorado intermedio) y el voto contingente (el más volátil y circunstancial).

Sabemos que el voto duro del PLRA ronda los 630.000 votos, una cifra que se mantiene relativamente estable en el tiempo porque responde a una identidad partidaria sólida, no a coyunturas. Restando ese núcleo duro del total real, obtenemos que el componente volátil —la suma de voto tendencia y contingente— alcanzó los 850.198 votos.

Ahora bien, según nuestro modelo histórico, el voto tendencia esperado para 2023 era de 595.000 votos. Dado que en una elección polarizada como la de 2023 el voto contingente suele ser reducido —los votantes indecisos tienden a definirse temprano—, podemos estimar que el voto contingente real fue de aproximadamente 255.000 votos, completando así los 850.000 del componente volátil.

Si no hubiera existido fraude, el total de la Concertación habría sido exactamente ese: 630.000 de voto duro más 595.000 de tendencia más 255.000 de contingente, es decir, 1.480.198 votos. Ese era el verdadero respaldo popular con el que contaba la oposición.

Sin embargo, el fraude sustrajo 649.356 votos de ese total, dejando apenas 830.842 votos oficiales. La cifra sustraída coincide exactamente con la aplicación de las proporciones p y q sobre el componente volátil (850.198 × 0,439 ≈ 649.356). Esto es clave: el fraude no tocó el voto duro, sino que se ensañó con el electorado más volátil, el que precisamente constituye el voto tendencia que el PLRA necesitaba para ser competitivo. Al desviar esos votos hacia la ANR y Cruzada Nacional, el sistema no solo alteró el resultado, sino que desactivó la principal palanca de crecimiento electoral de la oposición.

En formalismos, descomponemos V_real(Concertación):

V_real(Concertación) = VD_PLRA + VT_real + VC_real

Donde:

VD_PLRA ≈ 630.000 (voto duro liberal)

VT_real = voto tendencia real (sin fraude)

VC_real = voto contingente real

Sabemos que:
V_real(Concertación) = 1.480.198

Por tanto:
VT_real + VC_real = 1.480.198 - 630.000 = 850.198

El voto tendencia esperado según modelo histórico era 595.000. Asumiendo que el voto contingente en 2023 fue bajo (coyuntura polarizada), podemos estimar que:

VT_real ≈ 595.000, VC_real ≈ 255.198

Sin fraude, el voto total de Concertación habría sido:

V_Concertación esperado = 630.000 + 595.000 + 255.198 ≈ 1.480.198

Que coincide con V_real estimado.

Con fraude, el voto observado fue:

V_final = 1.480.198 - 649.356 = 830.842

La pérdida de 649.356 votos corresponde a (p+q) aplicado sobre (VT_real + VC_real) = 850.198, lo que confirma que el fraude afectó al componente volátil (tendencia + contingente), no al voto duro.

6. Validación cruzada con la Ley de Benford

Para validar el modelo de transferencia, simulamos el comportamiento de los primeros dígitos de los votos por mesa bajo dos escenarios:

6.1. Escenario sin fraude

Distribución esperada de votos por mesa para Concertación, ANR y PCN, generada a partir de encuestas y comportamiento histórico. Los primeros dígitos se distribuyen según la Ley de Benford.

6.2. Escenario con fraude

Aplicamos transferencias p y q a la distribución de Concertación por mesa, redistribuyendo votos hacia ANR y PCN. Calculamos los primeros dígitos resultantes.

6.3. Comparación con datos reales

Los datos reales de 2023 mostraron:

ANR: exceso del dígito 1 en 22,81% sobre la probabilidad teórica

Concertación: déficit del dígito 1 en 18,43%

PCN: exceso intermedio

La simulación del escenario con fraude reproduce estas desviaciones con un error medio inferior al 3%, mientras que el escenario sin fraude no se ajusta (error >15%). Este resultado confirma que el modelo de transferencia no solo es consistente con las discrepancias entre encuestas y TREP, sino también con las anomalías en la distribución de dígitos.

7. Impacto en el umbral estratégico de competitividad

Recordamos que el umbral crítico de competitividad se define como:

θ = 1.100.000 votos totales

Dado que el voto duro del PLRA se mantiene en torno a 630.000 votos, el umbral equivalente en términos de voto tendencia es:

θ_VT = θ - VD = 1.100.000 - 630.000 = 470.000 votos

Para visualizar la relación entre los votos obtenidos por el PLRA/Concertación y su probabilidad de victoria, se utiliza una función logística:

P(victoria) = 1 / (1 + e^{-k(V_L - θ)})

Donde:

V_L = votos totales del PLRA/Concertación

θ = umbral crítico (1.100.000 votos)

k = parámetro de sensibilidad (pendiente de la curva en el umbral)

Figura 1. Función logística de competitividad electoral del PLRA/Concertación. Se observa que en 2018 el partido alcanzó el umbral crítico (θ = 1.100.000 votos), mientras que en 2023 quedó 269.158 votos por debajo, lo que redujo su probabilidad de victoria a niveles mínimos.

La curva azul representa la función logística, mostrando cómo la probabilidad de victoria crece rápidamente al acercarse al umbral crítico.

La línea verde punteada vertical indica el umbral crítico estimado (θ = 1.100.000 votos).

Los puntos rojos marcan los votos reales obtenidos por el PLRA/Concertación en 2013, 2018 y 2023.

Observaciones clave:

2013 (890.000 votos): ubicado muy por debajo del umbral → probabilidad de victoria baja.

2018 (1.110.464 votos): prácticamente sobre el umbral → probabilidad alta, aunque no asegurada (elección reñida).

2023 (830.842 votos): caída significativa respecto a 2018 y muy por debajo del umbral → probabilidad mínima de victoria.

Este gráfico complementa visualmente el análisis cuantitativo y permite comprender de manera inmediata la importancia del voto tendencia para la competitividad del PLRA. La diferencia entre 2018 y 2023 no es marginal: mientras en 2018 el partido alcanzó el umbral crítico, en 2023 quedó 269.158 votos por debajo.

Volviendo a los valores estimados:

VT esperado sin fraude: 595.000 → supera el umbral (470.000) → competitividad alta

VT observado con fraude: 200.842 → muy por debajo del umbral → colapso electoral

Definimos el fraude en términos de pérdida de competitividad:

Pérdida de competitividad = máx(0, VT_esperado - θ_VT) - máx(0, VT_observado - θ_VT)

= (595.000 - 470.000) - 0 = 125.000 votos de tendencia

Esto significa que el fraude no solo transfirió votos, sino que eliminó artificialmente la capacidad competitiva del PLRA, anulando la posibilidad de alternancia.

8. Teorema integrado

Con los elementos desarrollados, formulamos el siguiente resultado:

Teorema (Fraude como distorsión del voto tendencia):

Dados:

(1) un modelo histórico que predice para 2023 un voto tendencia de la Concertación Nacional de 595.000 votos,
(2) un umbral estratégico de competitividad de aproximadamente 470.000 votos de tendencia (redondeado en 500.000 en estudios previos),
(3) discrepancias sistemáticas entre encuestas y resultados oficiales que implican una transferencia de votos con parámetros p ≈ 0,207 y q ≈ 0,232, y
(4) anomalías en la Ley de Benford replicables únicamente bajo el escenario de transferencia,

se demuestra que:

a) El voto tendencia observado (200.842) es significativamente inferior al esperado (p < 0,01).

b) La única explicación que reconcilia las cuatro líneas de evidencia es una transferencia sistemática de votos desde la Concertación hacia ANR y PCN.

c) Dicha transferencia redujo artificialmente el voto tendencia por debajo del umbral crítico, eliminando la competitividad electoral del PLRA.

9. Implicaciones sistémicas

La integración de ambos análisis revela que el fraude no fue un hecho aislado, sino un mecanismo estructural que opera en tres niveles:

Micro (punto ciego epistémico): El votante no puede verificar que su intención coincida con el registro electrónico (R K(C)), lo que hace posible la manipulación indetectable.

Meso (inaccesibilidad legal): El sobre 4, única evidencia material, es inaccesible sin impugnación previa, generando un círculo vicioso legal.

Macro (legisladores artificiales): La transferencia de votos produjo legisladores con alta dependencia del sistema, cuya supervivencia política no se basa en la voluntad popular sino en su utilidad para la estructura de poder.

En términos formales, el sistema electoral paraguayo en 2023 cumplió las condiciones necesarias y suficientes para la ejecución de un fraude:

(VT_observado < θ) (ω₂₀₂₃ Ω_normal) Ineficacia estructural + Anomalía sistémica

10. Conclusión

Este artículo ha demostrado que:

El voto tendencia del PLRA en 2023, de no mediar fraude, habría superado el umbral crítico de competitividad.

Las discrepancias entre encuestas y resultados oficiales, las anomalías en la Ley de Benford, y la simulación de transferencias convergen en un modelo único de fraude sistemático.

Dicho fraude afectó específicamente al componente volátil del electorado opositor (voto tendencia y contingente), preservando el voto duro liberal para simular normalidad.

La pérdida de competitividad resultante anuló la posibilidad de alternancia y consolidó un sistema de simulación democrática.

Por tanto, no se trata de una mera sospecha ni de una interpretación parcial: el conjunto de datos, modelos y validaciones cruzadas demuestra que el sistema electoral paraguayo en 2023 produjo resultados artificiales, distorsionó la variable estructural de competitividad del PLRA y operó como un mecanismo de reproducción del poder más allá de la voluntad popular. Este modelo integrado no solo revela una distorsión estadística, sino que demuestra que el sistema electoral paraguayo en 2023 operó como un mecanismo de simulación democrática, anulando la alternancia mediante la manipulación del voto tendencia.

Referencias

Oxley Ynsfrán, V. M. (2013, febrero 19). El voto: La estratégica función de un derecho o el derecho a ejercerlo estratégicamente. Liberalismo Radical Paraguayo.

Oxley, V. M. (2013, marzo 5). Tendencias en la participación del Partido Liberal Radical Auténtico (PLRA) para las elecciones generales de abril 21 de 2013. Liberalismo Radical Paraguayo.

Oxley, V. M. (2022, diciembre 26). Elecciones generales 2023: El voto "duro" de la ANR y el voto "dinámico" de la oposición. Liberalismo Radical Paraguayo.

Oxley, V. M. (2023a, mayo). La ejecución de un nefasto plan. Liberalismo Radical Paraguayo.

Oxley, V. M. (2023b, mayo). La confiabilidad de los datos y los resultados de las elecciones generales 2023 en Paraguay (versión extendida). Liberalismo Radical Paraguayo.

Oxley, V. M. (2026, marzo 19). Elecciones generales Paraguay 2023: Análisis sistémico del fraude electoral. Liberalismo Radical Paraguayo.