Dr. Victor Oxley
Para ser honesto, derrotar a un partido solidificado en el poder, no es algo que ocurra por casualidad. Tampoco es solo cuestión de que sumemos los votos de toda la gente que no los quiere. Es un problema político y social muy complejo, y para intentar resolverlo, tenemos que abordar tres dilemas teóricos interconectados. Lo que paso a detallar es conocimiento a voces, como dirían (aunque hubiera preferido no usar esta expresión) de sentido común, aunque lo voy a exponer desde la Academia y en contexto de las ideas de tres grandes pensadores: Mancur Olson, Kenneth Arrow y Gary Cox, la estrategia puede dividirse en tres fases lógicas, una detrás de la otra. La primera, basada en Olson, es cómo logramos superar la apatía y el problema del "gorrón" para movilizar a la gente. La segunda, la explica Arrow, y es cómo resolvemos el gran lío de la unidad para evitar que nos fragmentemos. Y la tercera, de la mano de Cox, es cómo coordinamos el voto para que la gente no lo disperse y le dé la victoria al adversario. El éxito en cada fase es el requisito para avanzar a la siguiente. La victoria, es como una consolidación de todas nuestras fuerzas, como si juntáramos todos nuestros esfuerzos en un solo punto en el mapa político. Al final, las recomendaciones son construir una base de gente activa, forzar la unidad negociada entre los líderes y demostrarle a la ciudadanía que somos una opción viable.
1. El desafío de unirnos
La fuerza histórica del Partido anquilosado
en el poder, no se basa solo en que su gente sea fiel o en que su maquinaria
sea perfecta. Gran parte de su éxito está en nuestra propia incapacidad como
oposición para unirnos de forma efectiva. El reto no es solo convencer a la
gente de que somos mejores, sino superar los problemas que nos impiden ser una
fuerza unida capaz de aprovechar el descontento de la gente. El camino a la
victoria es un proceso de tres etapas que se pueden entender con la ayuda de
tres teorías clave. Primero, con la teoría de la acción colectiva de Mancur
Olson, el primer desafío: la movilización. Si no logramos que nuestra gente
vote y participe activamente, no hay nada que consolidar. Luego, con el teorema
de la imposibilidad de Kenneth Arrow, damos cuenta de lo difícil que es la
unidad. La fragmentación ideológica y personal no es solo un problema de egos,
sino una manifestación de una paradoja que hace que el consenso sea casi
imposible de lograr. Finalmente, la teoría de la coordinación estratégica de
Gary Cox nos da la solución práctica para la dispersión del voto, que es el
problema más común de la oposición en los sistemas electorales. Mostramos a
continuación cómo estos tres desafíos se resuelven de forma interconectada,
culminando en un plan analítico que sintetiza la estrategia completa.
2. Fase I: El
desafío de la movilización y la lógica de la Acción Colectiva (Olson)
2.1. El problema
del "Gorrón": El voto como un "Bien Público"
La victoria electoral de la oposición,
es un “bien público” en el sentido que Mancur Olson le da a la palabra: no
excluye a nadie y no compite con nadie (Olson, 1965). Cuando el Partido en el
poder es derrotado, los beneficios (como una nueva agenda de políticas o la simple
alternancia) son para todos, sin importar si participaste en la campaña o no.
Esta característica es la que genera el famoso problema del free-rider o "gorrón" (Olson, 1965). El
votante o activista potencial, actuando de forma racional, piensa que su voto o
su esfuerzo no va a tener un impacto significativo, mientras que el costo de su
participación es real (Olson, 1965). Como resultado, la gente tiene un gran
incentivo para no involucrarse y esperar que otros hagan el trabajo sucio. Este
dilema es muy fuerte en grupos grandes, como el electorado de un país, donde el
aporte individual parece insignificante. Olson NO DICE QUE LA ACCIÓN COLECTIVA
VA A FRACASAR, SINO QUE NECESITAMOS MECANISMOS ESPECÍFICOS PARA QUE FUNCIONE.
Este problema se nos presenta en dos niveles: la apatía del votante, que
simplemente no va a las urnas, y la inercia del activista, cuyo costo de
participación es mucho más alto. Si no movilizamos a un grupo de activistas,
nuestra capacidad de visibilidad y de coordinación será mínima. Superar la
apatía de la gente es el primer paso y el cimiento de cualquier estrategia para
ganar.
2.2. La solución pragmática:
Incentivos selectivos y la creación de una "Masa Crítica"
Para luchar contra el problema del
"gorrón", Olson nos propone usar "incentivos selectivos"
(Olson, 1965). Estos son beneficios que se les dan exclusivamente a quienes
contribuyen al grupo, de manera que el individuo racional se siente motivado a
participar. En política, no podemos quedarnos en la promesa de un “buen
gobierno”. Tenemos que ofrecer beneficios tangibles a nuestra gente. Estos
incentivos pueden ser desde acceso a redes de contacto y formación en
liderazgo, hasta descuentos en servicios a través de alianzas. Sin embargo, los
incentivos más potentes suelen ser los no materiales. Al crear una "masa
crítica" de activistas visibles y comprometidos, la propia pertenencia al
grupo se convierte en un incentivo. Cuando la gente ve que la victoria es
posible, gracias a una movilización masiva, se reduce el riesgo de que su participación
sea un “costo perdido” y más personas se animan a unirse. Esta dinámica es la
que une la movilización (Olson) con la viabilidad electoral (Cox y Arrow), ya
que la percepción de fuerza es clave para el voto estratégico.
3. Fase II: El desafío
de la unidad y el Teorema de la imposibilidad (Arrow)
3.1. El lío de la
intransitividad: La paradoja de condorcet en la oposición
Una vez que se logra movilizar a la ciudadanía, aparece un desafío aún más complejo: construir unidad. El teorema de la imposibilidad de Kenneth Arrow muestra que no existe una regla de elección social que convierta de forma consistente las preferencias individuales en una preferencia colectiva racional, cumpliendo al mismo tiempo un conjunto mínimo de condiciones democráticas (Arrow, 1963).
El punto crítico es que las preferencias de cada individuo pueden ser perfectamente coherentes, pero su agregación puede producir resultados incoherentes. Esto es lo que se conoce como Paradoja de Condorcet, y se encuentra en el centro mismo de la fragmentación de cualquier oposición plural.
Consideremos, a modo de ejemplo, tres facciones políticas (liberales, socialdemócratas y centristas) y tres candidatos posibles (P1, P2 y P3). Sus preferencias podrían representarse así:
|
Votante (Facciones) |
Preferencia 1 |
Preferencia 2 |
Preferencia 3 |
|
Liberales |
P1 |
P2 |
P3 |
|
Socialdemócratas |
P2 |
P3 |
P1 |
|
Centristas |
P3 |
P1 |
P2 |
Si comparamos los candidatos de a pares, ocurre lo siguiente:
En un enfrentamiento directo, P1 vence a P2.
P2 vence a P3.
-
Pero P3 vence a P1.
Este ciclo intransitivo (P1 > P2 > P3 > P1) significa que no existe un candidato que sea preferido por la mayoría frente a todos los demás. No aparece un “ganador de Condorcet” que pueda funcionar como figura de consenso.
Por eso, intentar resolver este problema únicamente mediante primarias o mediante la búsqueda de un sistema de votación “justo” está destinado al fracaso: Arrow demuestra que ninguna regla de agregación puede cumplir simultáneamente todos los principios democráticos razonables. Siempre deberemos sacrificar algo: o la coherencia lógica, o la no dictadura, o la independencia de alternativas irrelevantes, etc.
3.2. Cómo burlar la
paradoja: El liderazgo de consenso y la agenda mínima
La única manera de evitar esta
intransitividad y la consecuente fragmentación que nos paraliza es, según
Arrow, a través de una "dictadura", es decir, que las preferencias de
un solo individuo se impongan (Arrow, 1963). Obviamente, en política no se
trata de una tiranía, sino de la necesidad pragmática de que los líderes
negocien y se pongan de acuerdo en un candidato de consenso que actúe como un
"dictador de facto" en la toma de decisiones cruciales. La solución
al problema de la unidad, entonces, no es electoral, sino política. El concepto
de "independencia de alternativas irrelevantes" se vuelve una clave
estratégica. La paradoja A
> B > C > A solo ocurre cuando las tres alternativas son relevantes. Nuestra
estrategia debe ser "negociar la irrelevancia" de los candidatos que
no tienen un apoyo significativo. Al persuadir a algunos para que se retiren,
eliminamos las alternativas que causan la intransitividad. Este
"ajuste" del campo de juego es un requisito previo para que la coordinación
de votos, que veremos a continuación, pueda funcionar.
4. Fase III: El
desafío de la coordinación y la teoría de Gary Cox
4.1. El rol del
voto estratégico
La teoría de Gary Cox sobre la
coordinación estratégica es la última pieza que falta. Cox dice que las leyes
electorales, sobre todo en sistemas donde el que tiene más votos gana
(pluralidad simple), crean problemas de coordinación que las fuerzas políticas
deben resolver (Cox, 2004). El costo de no coordinarnos es que el Partido que
esta actualmente en el poder, gane automáticamente, ya que nuestros votos se
dispersan, permitiendo que ellos venzan con una minoría de los votos. El
"voto estratégico" es la respuesta racional de la gente a este
problema. Si yo, como votante, veo que mi candidato preferido no tiene ninguna
posibilidad de ganar, puedo decidir votar por mi segunda opción si esa segunda
opción tiene más chances de derrotar al Partido Colorado. Para que este voto
estratégico ocurra a gran escala, necesitamos que la gente tenga información
clara sobre la viabilidad de los candidatos y que el segundo candidato
preferido sea una opción con la que se sientan cómodos.
4.2. El éxito de la
coordinación como imperativo estratégico
La estrategia de la oposición debe
ser diseñada para causar este voto estratégico, no
solo para esperarlo. Tenemos que enviar una señal clara al electorado de que
hemos resuelto nuestros problemas de movilización y unidad, para que la gente
sienta que su voto no será "desperdiciado" (Cox, 2004). El éxito en
las Fases I y II es lo que genera esta señal. Una base movilizada y un único
candidato unificado son las pruebas de que tenemos potencial de victoria. Los
mecanismos de coordinación, como el retiro de candidaturas y la formación de
coaliciones antes de la elección, son nuestras herramientas (Cox, 2004). El
objetivo es presentar un solo frente, un “candidato unificado” que concentre el
apoyo y se convierta en la única alternativa real. La combinación del apoyo de
su base (la movilización de Olson) y la percepción de que es la única opción de
victoria (el voto estratégico de Cox) puede crear un círculo virtuoso que
amplía la brecha de apoyo en las encuestas, atrayendo aún más votantes. Así,
las teorías de Olson y Arrow no solo nos explican los problemas, sino que sus
soluciones se vuelven las herramientas para la estrategia de Cox.
5. Finalmente
La derrota electoral del Partido en
el poder no es un golpe de suerte. Es un proyecto estratégico que, requiere que
hagamos tres cosas de forma secuencial:
1.
Movilizar primero (Olson): Antes de cualquier
negociación, hay que enfocarse en construir una base sólida. Ofrecer incentivos
selectivos a los activistas, más allá de los discursos políticos. La percepción
de que nuestro movimiento es fuerte y está creciendo es el primer y más potente
incentivo para vencer la apatía.
2.
Imponer la unidad (Arrow): La solución al
liderazgo es política, no electoral. Los líderes deben negociar y acordar un
solo candidato de consenso y un programa de gobierno con un "mínimo común
denominador".
3.
Coordinar para Inducir el Voto Estratégico (Cox): Con un candidato
unificado y una base movilizada, nuestra comunicación debe enfocarse en la
viabilidad. El mensaje no es solo "vote por nosotros", sino
"vote por nosotros porque somos la única alternativa real que tiene la
fuerza y la unidad para ganar".
En pocas palabras, la victoria de la
oposición es un proceso de "ingeniería social" política. No se trata
solo de propuestas o carisma. Se trata de cómo manejamos los incentivos
individuales, resolvemos la fragmentación y coordinamos nuestras fuerzas en un
frente unido y viable. El Partido en el poder gana porque nos dividimos; si
superamos eso, el juego cambia por completo.
Referencias
Arrow, K. J. (1963). Social choice and individual
values (2nd ed.). Yale University Press.
Cox, G. W. (2004). La coordinación estratégica de los sistemas electorales del mundo.
Gedisa.
Olson, M. (1965). The logic of collective action:
Public goods and the theory of groups. Harvard University
Press.

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