Filósofo artefactualista estructural. Investigador en educación matemática y analista político. Su n

viernes, 18 de septiembre de 2026

Constitución de objetos matemáticos y desempeño escolar: los resultados de Paraguay en PISA 2025

Diálogo con las teorías de la reificación, los campos conceptuales, los registros semióticos y las trayectorias de aprendizaje, desde el Artefactualismo Constitutivo

Víctor Oxley


Resumen

Los resultados de Paraguay en PISA 2025 muestran que solo el 10% de los estudiantes de 15 años alcanzó el nivel mínimo de competencia matemática (Nivel 2), frente a un promedio de 65% en los países de la OCDE (OCDE, 2026). Este artículo examina esa brecha situándola en el campo más amplio de las teorías sobre la constitución de objetos matemáticos —la reificación de Sfard (1991) y Sfard y Linchevski (1994), la teoría de los campos conceptuales de Vergnaud (1990, 1994), los registros de representación semiótica de Duval (2006) y las trayectorias de aprendizaje de Clements y Sarama (2009)— y evalúa en qué medida el Artefactualismo Constitutivo (Oxley, 2026a, 2026b) aporta algo específico a esa discusión que las explicaciones estructurales convencionales del desempeño educativo latinoamericano no ofrecen por sí solas. Se presentan y se toman en serio tres explicaciones rivales documentadas en la literatura —los efectos de composición asociados a la expansión de la cobertura escolar (Kaffenberger y Pritchett, 2020; Angrist et al., 2021), el determinismo socioeconómico regional (OCDE, 2025) y el acceso desigual a la educación preescolar (Fernández Aráuz, 2017)— antes de proponer una lectura constitutiva como hipótesis complementaria, no sustitutiva, y se formulan criterios explícitos que permitirían refutarla. Se concluye que la evidencia disponible es compatible con, pero no demuestra, la hipótesis de que una proporción relevante de los estudiantes paraguayos no habría estabilizado los objetos numéricos de base exigidos por las tareas de Nivel 2, y se propone un programa de investigación empírica capaz de dirimir esta cuestión.

Palabras clave: Artefactualismo Constitutivo, reificación, registros de representación semiótica, trayectorias de aprendizaje, PISA 2025, educación matemática, Paraguay.

Introducción

La publicación de PISA 2025 Results (Volume I): Future-Ready Students (OCDE, 2026) documenta, para Paraguay, una de las brechas de desempeño matemático más pronunciadas entre los países participantes: apenas un 10% de los estudiantes de 15 años alcanzó el Nivel 2 de competencia, frente a un 65% en promedio en los países de la OCDE, y la proporción que alcanzó los niveles superiores (5 o 6) fue calificada por el propio informe como prácticamente nula. Este patrón no es exclusivo de Paraguay: es, en distintos grados, el patrón dominante en toda América Latina y el Caribe, donde alrededor de tres de cada cuatro estudiantes no alcanzan la competencia mínima en matemática (OCDE, 2025) y donde la brecha respecto de la OCDE equivale, según estimaciones del Banco Interamericano de Desarrollo, a unos cinco años de escolaridad (Saavedra y Regalia, 2023).

Frente a un fenómeno de esta magnitud y de esta extensión regional, cualquier lectura que se apoye en un marco teórico desarrollado por un único autor corre el riesgo de la miopía: el de encontrar en los datos exactamente lo que la teoría predijo, sin haberla expuesto antes a la posibilidad de un desmentido, y sin haber contrastado su aporte con explicaciones alternativas que gozan de respaldo empírico independiente. Este artículo intenta evitar ese riesgo de dos maneras. Primero, sitúa al Artefactualismo Constitutivo (en adelante, AC), tal como fue formulado en Oxley (2026a) y aplicado a la aritmética escolar en Oxley (2026b), dentro de una tradición de investigación más amplia sobre la constitución de objetos matemáticos —la teoría de la reificación de Anna Sfard (1991; Sfard y Linchevski, 1994), la teoría de los registros de representación semiótica de Raymond Duval (2006) y el programa empírico de las trayectorias de aprendizaje de Clements y Sarama (2009)—, de manera que las categorías empleadas no dependan exclusivamente de una fuente. Segundo, presenta explícitamente tres explicaciones rivales del desempeño paraguayo, documentadas de manera independiente en la literatura sobre economía de la educación y evaluación comparada, y examina si el AC agrega algo a esas explicaciones o si simplemente las redescribe con otro vocabulario. Entre las tradiciones convergentes se incluye la teoría de los campos conceptuales de Vergnaud (1990), con la que el AC comparte más supuestos que con ninguna otra —y respecto de la cual, por eso mismo, debe explicitar con mayor cuidado en qué se distingue.

El argumento se organiza en seis pasos: primero se ubica al AC dentro de la tradición de investigación sobre objetos matemáticos; segundo se resume su aparato conceptual específico; tercero se presentan los resultados relevantes de PISA 2025 para Paraguay; cuarto se examinan tres explicaciones rivales con respaldo empírico propio; quinto se propone una lectura constitutiva como hipótesis complementaria y se formulan criterios de falsificación; sexto se discuten los límites de todo el ejercicio.

Marco teórico

Una tradición de investigación sobre la constitución de objetos matemáticos

La pregunta de cómo una operación o una relación llega a funcionar como un objeto matemático estable no es privativa del AC. Sfard (1991) y Sfard y Linchevski (1994) desarrollaron, dentro de la investigación en educación matemática, la teoría de la reificación, según la cual la comprensión matemática avanza mediante una dualidad proceso-objeto: una concepción operacional —una secuencia de acciones que se ejecutan paso a paso— se condensa progresivamente hasta reificarse en una concepción estructural, un objeto que puede manipularse como unidad dentro de relaciones de orden superior. Sfard y Linchevski (1994) mostraron que este tránsito es difícil de lograr y que buena parte de las dificultades documentadas en el aprendizaje del álgebra se explican por una reificación incompleta de los objetos aritméticos que la anteceden.

En paralelo, Duval (2006) desarrolló la teoría de los registros de representación semiótica, según la cual comprender un objeto matemático exige poder movilizarlo a través de al menos dos registros distintos —por ejemplo, una expresión simbólica y una representación gráfica— sin perder su identidad referencial; la incapacidad de coordinar registros es, para Duval, uno de los obstáculos cognitivos más persistentes en la comprensión matemática escolar. Esta misma teoría es citada por el propio Oxley (2026b) como antecedente directo de su tratamiento de la identidad numérica a través de representaciones, lo cual sitúa al AC no como una construcción aislada sino como una reformulación, en vocabulario propio, de un problema ya identificado por la didáctica francesa de la matemática desde la década de 1990.

Por su parte, Clements y Sarama (2009) construyeron, a partir de observación empírica extensa y no de especulación filosófica, trayectorias de aprendizaje detalladas para los conceptos numéricos elementales —subitización, conteo verbal y objetual, comparación y ordenación, composición y descomposición del número—, especificando para cada una los niveles sucesivos de pensamiento por los que atraviesan los niños y las tareas instruccionales capaces de moverlos de un nivel a otro. Este programa ofrece algo que ni la reificación ni el AC ofrecen por sí solos: una base empírica granular, validada longitudinalmente, contra la cual podrían contrastarse las afirmaciones constitutivas del AC acerca de qué objetualidades numéricas debe haber estabilizado un estudiante antes de poder abordar una tarea de Nivel 2 de PISA.

Una cuarta tradición, más próxima que las anteriores al vocabulario del propio AC, es la teoría de los campos conceptuales de Gérard Vergnaud (1990). Vergnaud sostiene que el dominio de un concepto no puede evaluarse por su definición explícita sino por el repertorio de esquemas —organizaciones invariantes de la conducta para una clase de situaciones— que el sujeto pone en juego, y distingue dentro de esos esquemas invariantes operatorios implícitos, el concepto-en-acto y el teorema-en-acto, de su formulación explícita y predicativa como concepto matemático. Un componente central de su programa, formulado explícitamente como objetivo de la teoría, es el estudio de las filiaciones y rupturas entre conocimientos dentro de un campo conceptual (Vergnaud, 1990, p. 133) —una formulación que antecede en más de tres décadas, y en un vocabulario distinto, a la ruptura constitutiva curricular de Oxley (2026b)—. Vergnaud (1994) aplicó específicamente este marco al campo conceptual multiplicativo, mostrando que problemas en apariencia equivalentes —una comparación de razones, una conversión de unidades, un producto de medidas— exigen esquemas distintos y producen perfiles de error diferenciados según la subestructura multiplicativa involucrada; los propios ejemplos que la OCDE (2026) utiliza para ilustrar el Nivel 2 de PISA —comparar la distancia de dos rutas, convertir precios entre monedas— son, en la taxonomía de Vergnaud, problemas del campo conceptual multiplicativo, lo cual permite una lectura más fina de esos ítems que la que ofrece el nivel de competencia agregado.

El AC se adhiere en parte a este programa —comparte con Vergnaud (1990) la tesis de que la comprensión de un concepto es gradual, se juega en la acción antes que en la definición, y admite filiaciones y rupturas identificables dentro de un dominio— pero se aparta de él, en la formulación de Oxley (2026a, 2026b), al menos en dos puntos. Primero, donde el esquema y el invariante operatorio de Vergnaud permanecen como categorías psicológicas deliberadamente abiertas a la variación empírica, el criterio de autonomización numérica (Oxley, 2026b, p. 64) se formula con condiciones explícitamente formalizadas (identidad, transformación bajo cambio de modalidad y de contexto, relacionalidad, normatividad), lo que permite, al menos en principio, operacionalizarlo como predicción contrastable en el sentido de la sección 6. Segundo, el AC extiende la pregunta más allá del dominio matemático hacia una teoría general de la objetualidad normativa (Oxley, 2026a), mientras que la teoría de los campos conceptuales fue desarrollada, y permanece validada empíricamente, de manera específica para el aprendizaje matemático y técnico.

El AC comparte con estas cuatro tradiciones la intuición central de que un objeto matemático no está dado de antemano sino que resulta de un proceso —de reificación, de coordinación de registros, de constitución de un esquema dentro de un campo conceptual, o de progresión por niveles de una trayectoria— y de que ese proceso puede quedar incompleto sin que ello sea visible en el desempeño superficial del alumno en una única tarea. La contribución específica que el AC reclama para sí, y que se examina en la sección siguiente, es haber generalizado esa intuición en un aparato filosófico único —el Artefactualismo Constitutivo— aplicable más allá de la matemática, y haber derivado de él criterios de frontera explícitos, como la autonomización numérica, formalizados con mayor precisión que el esquema de Vergnaud (1990) o los registros de Duval (2006), aunque a costa de una validación empírica todavía muy inferior a la que esas dos tradiciones acumularon en más de tres décadas de investigación.

El aparato conceptual del Artefactualismo Constitutivo

Oxley (2026b) parte de una distinción entre la posición constitutiva y la posición aritmética de un objeto matemático: mientras la segunda pregunta qué propiedades tiene un número una vez aceptado, la primera pregunta qué debió haberse organizado para que algo pueda funcionar como número (p. 1). Sobre esa base, propone un criterio de frontera al que denomina autonomización numérica: una propiedad cuantitativa se autonomiza cuando puede funcionar como término estable de relaciones matemáticas con independencia de realizaciones particulares, bajo un régimen público de identidad y transformación (p. 64), lo cual exige simultáneamente identidad, transformación bajo cambio de modalidad, transformación bajo cambio de contexto, relacionalidad y normatividad (Oxley, 2026b, p. 64).

Un segundo concepto es el de ruptura constitutiva curricular: el currículo formal no equivale a la genealogía constitutiva del conocimiento (Oxley, 2026b, p. 93), de modo que un plan de estudios puede exigir relaciones de orden superior sin que las objetualidades de las que dependen hayan sido previamente estabilizadas (p. 92). Un tercer concepto, la ilusión institucional de competencia, sostiene que las calificaciones y la promoción escolar pueden certificar la ejecución correcta de procedimientos sin garantizar que el objeto matemático subyacente se haya constituido (p. 92). El propio Oxley (2026b, p. 92) distingue fallas de Nivel I, atribuibles a una constitución objetual incompleta, de fallas de Nivel II, atribuibles a memoria de trabajo, familiaridad con el formato de la tarea o factores contextuales, y advierte contra inferir causalidad constitutiva a partir de una sola tarea o de un único diseño evaluativo. Esta advertencia metodológica, formulada por el propio marco, es la que estructura la sección de explicaciones rivales que sigue.

PISA 2025 en Paraguay: síntesis de resultados relevantes

El informe de país correspondiente a Paraguay (OCDE, 2026) se basa en una muestra de 6.510 estudiantes de 293 escuelas, representativa de aproximadamente 82.400 estudiantes de 15 años, equivalente a un 80% de la población objetivo. En matemática, un 10% de los estudiantes alcanzó al menos el Nivel 2 de competencia —definido operacionalmente como la capacidad de interpretar y reconocer, sin instrucciones directas, cómo una situación simple puede representarse matemáticamente— frente a un 65% en promedio en los países de la OCDE; la proporción que alcanzó los niveles 5 o 6 fue calificada por el propio informe como prácticamente nula, frente a un 8% en promedio en la OCDE.

En ciencia y en lectura los patrones son análogos aunque menos extremos: un 24% de los estudiantes paraguayos alcanzó el Nivel 2 en ciencia (74% en promedio OCDE) y un 24% en lectura (69% en promedio OCDE). El informe vincula parte del deterioro reciente en lectura y ciencia con la expansión de la cobertura de la educación secundaria hacia poblaciones previamente marginadas: entre 2022 y 2025 aumentó el número de estudiantes de 15 años elegibles para la prueba pese a una población total decreciente en ese grupo etario, lo que interpreta como evidencia de un incremento de la matrícula secundaria en ese período. El desempeño en matemática, en cambio, permaneció estable entre 2022 y 2025.

El estatus socioeconómico explicó un 12% de la varianza en el desempeño en ciencia, proporción idéntica al promedio de la OCDE, y la brecha entre el cuartil socioeconómico superior y el inferior fue de 72 puntos en ciencia, menor a los 85 puntos observados en promedio en la OCDE. Un 59% de los estudiantes declaró haber faltado al menos un día de clases en las dos semanas previas a la prueba (22% en promedio OCDE). En cuanto a la percepción de apoyo docente, un 86% de los estudiantes declaró que el docente muestra interés por el aprendizaje de cada estudiante (69% en promedio OCDE) y un 80% que el docente continúa enseñando hasta que los estudiantes comprenden (66% en promedio OCDE), mientras que un 48% reportó que el ruido y el desorden interrumpen la mayoría o la totalidad de las clases (31% en promedio OCDE) (OCDE, 2026).

Explicaciones rivales del desempeño paraguayo

Antes de proponer una lectura constitutiva de estos resultados, es necesario examinar tres explicaciones alternativas que cuentan con respaldo empírico independiente del AC y que podrían, en principio, explicar el mismo patrón de datos sin apelar a ninguna noción de objetualidad matemática.

Efectos de composición asociados a la expansión de cobertura

Kaffenberger y Pritchett (2020) desarrollaron un modelo de simulación según el cual, en un país de bajos ingresos característico, llevar la finalización del grado equivalente a los 15 años del 30% al 100% de la cohorte incrementa el aprendizaje promedio en apenas nueve puntos de una escala tipo PISA, y no tiene ningún efecto apreciable sobre la proporción de jóvenes que alcanza los niveles mínimos de aprendizaje fijados por los Objetivos de Desarrollo Sostenible. El mecanismo que proponen no requiere ninguna hipótesis sobre constitución de objetos: si los estudiantes que se rezagan respecto del currículo dejan de aprender mientras permanecen escolarizados, y si son precisamente esos estudiantes rezagados quienes antes abandonaban el sistema y ahora no lo hacen, la expansión de la cobertura desplaza alumnos de la categoría "no aprende porque está fuera de la escuela" a la categoría "no aprende dentro de la escuela", sin que el aprendizaje agregado cambie sustancialmente. Angrist et al. (2021), con una base de datos de 164 países entre 2000 y 2017, documentan que el progreso global en aprendizaje ha sido limitado a pesar del aumento sostenido de la matrícula, un hallazgo compatible con el mecanismo anterior.

Este modelo es compatible con varios rasgos del patrón paraguayo: expansión de matrícula entre 2022 y 2025, estabilidad —no deterioro— del desempeño matemático agregado, y una proporción de estudiantes en el nivel mínimo de competencia que ya era extremadamente baja antes de esa expansión. Si el mecanismo de Kaffenberger y Pritchett (2020) es correcto, buena parte de lo que este artículo se propone explicar mediante ruptura constitutiva curricular podría explicarse, de manera más parca, como un efecto de composición estadística que no requiere ninguna hipótesis sobre qué ocurre dentro de la mente del estudiante.

Condicionamiento socioeconómico y calidad del sistema

La OCDE (2025) señala, para el conjunto de América Latina y el Caribe, un hallazgo que restringe severamente el alcance explicativo de la pobreza como única causa: los estudiantes socioeconómicamente aventajados de la región obtienen puntajes inferiores a los de los estudiantes desaventajados de los países de la OCDE. Esto significa que la brecha regional no puede atribuirse solamente a la composición socioeconómica de la matrícula, sino que refleja, en palabras del propio informe, una calidad de sistema educativo inferior de manera relativamente uniforme a través de todos los estratos sociales. Fernández Aráuz (2017), analizando PISA 2012 para ocho países latinoamericanos, encuentra además que la asistencia a educación preescolar es uno de los factores más asociados al desempeño matemático posterior, lo que sugiere una vía de acumulación de desventaja que opera muchos años antes de la escolarización secundaria y que tampoco requiere ninguna hipótesis constitutiva.

¿Qué agrega el Artefactualismo Constitutivo a estas explicaciones?

Ninguna de las dos explicaciones anteriores es incompatible con el AC, pero ambas operan en un nivel distinto de análisis. El modelo de composición de Kaffenberger y Pritchett (2020) y el diagnóstico de calidad de sistema de la OCDE (2025) explican por qué las condiciones para el aprendizaje son deficientes —quién queda escolarizado, cuánto invierte el sistema, qué tan preparados llegan los alumnos— pero no especifican qué, exactamente, deja de formarse en la comprensión matemática de un estudiante cuando esas condiciones fallan. Es perfectamente consistente sostener, a la vez, que la expansión de cobertura produjo un efecto de composición estadística sobre el promedio nacional y que, dentro de los estudiantes que no alcanzan el Nivel 2, el patrón específico de sus errores sea compatible con una reificación incompleta (Sfard y Linchevski, 1994), con una incapacidad de coordinar registros de representación (Duval, 2006), o con la ausencia de estabilización de objetos numéricos de base en el sentido de Oxley (2026b). El AC no compite con las explicaciones estructurales por la varianza agregada; propone, en el mejor de los casos, un mecanismo cognitivo para la fracción de esa varianza que las explicaciones estructurales dejan sin especificar. Esta es una pretensión mucho más modesta que la de sustituir a las explicaciones convencionales, y es la que se examina en la sección siguiente.

Una lectura constitutiva como hipótesis complementaria

El Nivel 2 de PISA y la autonomización numérica

La definición operacional del Nivel 2 —representar una situación simple sin instrucción directa, aplicando esa representación a un contexto distinto del de aprendizaje original— coincide en su estructura lógica con el criterio de autonomización numérica de Oxley (2026b, p. 64), y también con la exigencia de reificación de Sfard y Linchevski (1994), con la coordinación de registros de Duval (2006) y con la disponibilidad de un esquema estable para una clase de situaciones en el sentido de Vergnaud (1990). Que solo un 10% de los estudiantes paraguayos alcance ese umbral es, bajo cualquiera de estas cuatro lecturas, un dato compatible con que en el 90% restante los objetos numéricos evaluados no habrían completado su reificación, su coordinación de registros, la constitución de un esquema aplicable fuera de la situación de aprendizaje, o su autonomización, sin que ninguna de las cuatro teorías pueda, con los datos agregados de PISA, distinguirse de las otras ni de la explicación por composición estadística examinada en la sección anterior.

Vergnaud (1994) ofrece, además, una vía de análisis más fina que las tres anteriores para este caso específico. Los propios ejemplos que la OCDE (2026) utiliza para ilustrar el Nivel 2 —comparar la distancia total de dos rutas alternativas, convertir precios entre monedas— corresponden, en su taxonomía del campo conceptual multiplicativo, a subestructuras diferentes según la relación cuantitativa involucrada, que su investigación empírica asocia a dificultades y esquemas diferenciados. Un análisis de los ítems liberados de PISA clasificados según esta taxonomía permitiría preguntar si el fracaso paraguayo se concentra en subestructuras multiplicativas particulares —lo que apoyaría una explicación centrada en esquemas específicos no constituidos— o se distribuye de manera uniforme entre ellas —lo que apoyaría más bien una explicación general de exposición curricular o de acceso, en la línea de la sección 4.

Ruptura constitutiva curricular: ¿mecanismo adicional o redescripción del efecto de composición?

La estabilidad del desempeño matemático paraguayo entre 2022 y 2025, a pesar de la expansión de matrícula, admite dos lecturas no mutuamente excluyentes. La primera, ya expuesta, es la de Kaffenberger y Pritchett (2020): el sistema simplemente retiene dentro de la escuela a estudiantes que antes abandonaban sin aprender, sin que el aprendizaje agregado cambie. La segunda, la de la ruptura constitutiva curricular (Oxley, 2026b, p. 92), añade una hipótesis sobre por qué esos estudiantes no aprenden una vez retenidos: porque el currículo de los grados correspondientes a los 15 años presupone objetualidades —valor posicional, conservación de identidad bajo cambio de representación— que su trayectoria escolar previa no permitió estabilizar. La diferencia entre ambas lecturas no es meramente terminológica: la primera predice que el problema se resolvería con más tiempo de instrucción sobre el mismo contenido, mientras que la segunda predice que el problema persistiría aunque se aumentara el tiempo de instrucción, si ese tiempo adicional no se dirige específicamente a estabilizar los objetos de base no constituidos. Esta diferencia es, como se explicita en la sección siguiente, empíricamente dirimible.

Ilusión institucional de competencia y disciplina de aula

El patrón más directamente predicho por la ilusión institucional de competencia (Oxley, 2026b, p. 92) es la coexistencia de indicadores de proceso pedagógico superiores al promedio de la OCDE —interés docente percibido, persistencia hasta la comprensión— con un resultado objetual muy inferior a ese promedio. Sin embargo, esta disociación admite también una lectura de Nivel II en la propia terminología de Oxley (2026b, p. 92): el 48% de los estudiantes que reportan ruido y desorden en la mayoría de las clases sugiere que la disponibilidad reducida de memoria de trabajo en un aula con alta interrupción podría por sí sola dificultar el aprendizaje, incluso cuando el apoyo docente percibido es adecuado, sin que sea necesario apelar a una falla constitutiva del objeto matemático mismo.

Criterios de falsificación y agenda empírica

Una hipótesis interpretativa que no especifica qué observación la refutaría no es todavía una hipótesis científica en un sentido exigente. Se proponen aquí tres predicciones que permitirían distinguir la lectura constitutiva de las explicaciones rivales examinadas en la sección 4, y que, de no verificarse, la debilitarían.

P1. Si se administran a una muestra de estudiantes paraguayos tareas equivalentes en la operación matemática exigida pero distintas en su registro de representación (Duval, 2006) —por ejemplo, la misma relación cuantitativa presentada como comparación de colecciones, como posición ordinal y como razón de medida—, y el desempeño se mantiene estable entre registros, la hipótesis de una falla constitutiva o de reificación incompleta queda debilitada para esa submuestra: el problema sería de exposición curricular o de familiaridad con el formato de la prueba (Nivel II), no de objetualidad. Si, en cambio, el desempeño colapsa sistemáticamente ante el cambio de registro incluso en estudiantes con buen desempeño dentro de un único registro, la hipótesis constitutiva se ve reforzada. Un diseño complementario, derivado de Vergnaud (1990, 1994), consistiría en clasificar los errores por subestructura del campo conceptual multiplicativo en lugar de por registro de representación: si el fracaso se concentra en subclases específicas de problemas —por ejemplo, producto de medidas más que isomorfismo de medidas—, ello favorecería una explicación en términos de esquemas particulares no constituidos antes que una falla constitutiva general y uniforme en el sentido más amplio de Oxley (2026b).

P2. Si un estudio que controle estadísticamente por estatus socioeconómico, asistencia a educación preescolar (Fernández Aráuz, 2017) y tiempo de instrucción efectivo encuentra que la brecha entre Paraguay y el promedio OCDE se reduce a una magnitud comparable a la explicada por esas variables, la explicación de composición y acceso (Kaffenberger y Pritchett, 2020; OCDE, 2025) resulta suficiente y la ruptura constitutiva curricular no añade poder explicativo. Si persiste una brecha residual sustancial después de ese control, hay espacio para un mecanismo adicional, del tipo que el AC propone.

P3. Si la disociación entre apoyo docente percibido y desempeño objetual se explica en su totalidad por las variables de clima disciplinario y ruido de aula reportadas en el propio informe de la OCDE (2026), sin que quede varianza no explicada asociada específicamente a fallas de coordinación entre registros de representación, la ilusión institucional de competencia no aporta nada que la explicación de Nivel II no aporte ya.

Ninguna de estas tres pruebas puede resolverse con los datos agregados que ofrece el informe de país de la OCDE (2026); todas requieren acceso a microdatos de PISA o a un diseño experimental específico. Se trata, por lo tanto, de una agenda de investigación futura, no de una confirmación ya alcanzada.

Discusión: alcance y límites de esta lectura

Conviene ser explícito sobre lo que este artículo no establece. No establece que el AC sea preferible a la teoría de la reificación, a los campos conceptuales de Vergnaud o a los registros de representación semiótica como marco explicativo del caso paraguayo: las cuatro teorías predicen el mismo patrón general y los datos de PISA no permiten, por sí solos, arbitrar entre ellas. Frente a Vergnaud en particular, cuya noción de filiaciones y rupturas entre conocimientos (1990, p. 133) se formuló treinta y cinco años antes que la ruptura constitutiva curricular y con una base empírica en didáctica de la matemática que el AC todavía no tiene, la pretensión de novedad del AC debe restringirse a lo señalado en la sección 2.1: una formalización más explícita del criterio de frontera y una generalización fuera del dominio matemático, no a haber identificado el fenómeno por primera vez. No establece que la hipótesis constitutiva sea necesaria para explicar los resultados: el modelo de composición de Kaffenberger y Pritchett (2020), sin ninguna hipótesis sobre objetos matemáticos, da cuenta de buena parte del mismo patrón, y el diagnóstico de calidad de sistema de la OCDE (2025) da cuenta de otra parte. Lo que este artículo sostiene es más limitado: que, una vez descontado lo que esas explicaciones estructurales pueden explicar, queda una pregunta legítima sobre el mecanismo cognitivo específico por el cual una amplia mayoría de estudiantes paraguayos no logra que sus objetos numéricos funcionen de manera estable fuera del registro y el contexto en que fueron enseñados, y que el vocabulario constitutivo —articulado con, y no en lugar de, la reificación y los registros semióticos— ofrece una manera precisa de formular esa pregunta y de someterla a prueba.

Conclusiones

Los resultados de Paraguay en PISA 2025 se inscriben en un patrón regional de bajo desempeño matemático (OCDE, 2025, 2026; Saavedra y Regalia, 2023) para el cual existen explicaciones estructurales bien documentadas: efectos de composición asociados a la expansión de cobertura (Kaffenberger y Pritchett, 2020; Angrist et al., 2021), determinismo socioeconómico regional y calidad de sistema (OCDE, 2025), y desigualdad en el acceso a educación preescolar (Fernández Aráuz, 2017). Este artículo no propone descartar esas explicaciones ni reemplazarlas por el Artefactualismo Constitutivo. Propone, de manera más acotada, que la pregunta sobre qué objetos matemáticos específicos no llegaron a estabilizarse en la comprensión de los estudiantes que no alcanzaron el Nivel 2 —una pregunta que la teoría de la reificación (Sfard, 1991; Sfard y Linchevski, 1994), los campos conceptuales (Vergnaud, 1990, 1994), los registros de representación semiótica (Duval, 2006) y el propio AC (Oxley, 2026a, 2026b) formulan, cada una con su vocabulario y con distinto grado de respaldo empírico acumulado, de manera convergente— sigue abierta después de que las explicaciones estructurales han hecho su parte, y que las tres predicciones formuladas en la sección 6 ofrecen una vía concreta para responderla con evidencia que hoy no está disponible. La hipótesis constitutiva, en su formulación actual, es una interpretación razonable de los datos existentes, no una conclusión que esos datos impongan.

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