martes, 13 de enero de 2026

La economía del exilio: cuando irse financia al Estado

                                                                                         Dr. Victor Oxley

Si un país no genera empleo productivo suficiente, la consecuencia necesaria es la expulsión de su fuerza de trabajo. Si expulsa trabajadores, estos solo pueden sobrevivir integrándose a economías ajenas. Si esos trabajadores envían dinero al país que los expulsó, entonces el sistema que los excluyó pasa a financiarse con su propio fracaso. Paraguay se encuentra exactamente en esa cadena lógica.

La estructura económica nacional se apoya en sectores altamente concentrados, poco intensivos en empleo y escasamente articulados con el resto de la economía. De ello se sigue, de manera directa, que una porción significativa de la población económicamente activa no encuentra lugar en el sistema productivo. No se trata de una contingencia, sino de una consecuencia estructural.

La migración masiva no es una elección individual libre, sino una derivación necesaria de un modelo que no absorbe trabajo. Y las remesas no son un indicador de éxito, sino la prueba empírica de esa expulsión, dinero que ingresa porque el trabajo no puede realizarse dentro del territorio nacional.

Cuando las remesas alcanzan magnitudes cercanas a los mil millones de dólares anuales, se configura un hecho político relevante, el Estado deja de ser el principal garante de la reproducción social y esa función es desplazada hacia ciudadanos que viven y trabajan fuera del país. El bienestar interno pasa a depender de ingresos generados en economías extranjeras. Esto produce un efecto lógico adicional, las deficiencias estructurales del Estado dejan de manifestarse como crisis abiertas. La pobreza se amortigua, el consumo se sostiene, el conflicto social se posterga. No porque el problema haya sido resuelto, sino porque ha sido externalizado. En este punto, la conclusión es ineludible.

Mantener un Estado ineficiente, sin políticas serias de industrialización, empleo y desarrollo, resulta funcional al poder político. El sistema expulsa a quienes no puede integrar, reduce la presión social interna y, paradójicamente, se sostiene gracias a las remesas enviadas por los mismos ciudadanos que fueron obligados a irse. Así, el gobierno administra un equilibrio perverso, expulsa población, pero importa divisas; fracasa en generar trabajo, pero recibe ingresos; abandona a sus ciudadanos, pero se beneficia de su esfuerzo.

En términos estrictamente lógicos, el modelo es claro, expulsar es rentable, porque los que se van terminan financiando la supervivencia del país que los expulsó, evitando que el sistema colapse y se desmorone en pedacitos.



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