Dr. Victor Oxley
La estructura económica nacional se apoya en sectores altamente concentrados, poco intensivos en empleo y escasamente articulados con el resto de la economía. De ello se sigue, de manera directa, que una porción significativa de la población económicamente activa no encuentra lugar en el sistema productivo. No se trata de una contingencia, sino de una consecuencia estructural.
La migración masiva no es una elección individual libre, sino una derivación necesaria de un modelo que no absorbe trabajo. Y las remesas no son un indicador de éxito, sino la prueba empírica de esa expulsión, dinero que ingresa porque el trabajo no puede realizarse dentro del territorio nacional.
Cuando las remesas alcanzan magnitudes cercanas a los mil millones de dólares anuales, se configura un hecho político relevante, el Estado deja de ser el principal garante de la reproducción social y esa función es desplazada hacia ciudadanos que viven y trabajan fuera del país. El bienestar interno pasa a depender de ingresos generados en economías extranjeras. Esto produce un efecto lógico adicional, las deficiencias estructurales del Estado dejan de manifestarse como crisis abiertas. La pobreza se amortigua, el consumo se sostiene, el conflicto social se posterga. No porque el problema haya sido resuelto, sino porque ha sido externalizado. En este punto, la conclusión es ineludible.

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