Filósofo artefactualista estructural. Investigador en educación matemática y analista político. Su n

miércoles, 7 de octubre de 2026

ELEGIR UN CANDIDATO NO ES TODAVÍA CONSTRUIR UNA UNIDAD. Selección, agregación, movilización y coordinación en la oposición paraguaya

                                                                                       Por Víctor Oxley

  1. EL PROBLEMA, DICHO SENCILLAMENTE

La propuesta formulada desde la presidencia del Partido Liberal Radical Auténtico (PLRA) parece, a primera vista, difícil de objetar: si existen varios aspirantes opositores a la Presidencia de la República, que se pongan de acuerdo sobre una regla, realicen una preinterna o recurran a una concertación electoral y que los ciudadanos decidan quién será el candidato. Parece lógico. Hay varios candidatos. Se vota. Uno obtiene más votos. Los demás aceptan el resultado. La oposición queda con una sola candidatura.

El razonamiento podría resumirse así:

varios candidatos → elección → ganador → unidad.

El problema es que entre “ganador” y “unidad” hay un salto que no es pequeño.

Una elección puede decirnos con exactitud quién obtuvo más votos en esa elección. Lo que no nos dice automáticamente es si esa misma persona es quien mejor puede reunir a quienes inicialmente preferían a los otros candidatos, movilizarlos y conseguir que finalmente coordinen su voto detrás de una candidatura común. Parece una diferencia sutil, pero no lo es.

Imaginemos tres candidatos: A, B y C.

A es el favorito de un grupo importante. B tiene menos seguidores que A, pero resulta aceptable tanto para parte de quienes prefieren A como para buena parte de quienes prefieren C. C tiene su propio electorado. Si simplemente preguntamos “¿a quién prefiere?”, A podría ganar. Pero si preguntamos “si su candidato no pudiera competir, ¿a quién elegiría?”, podríamos descubrir que B es la alternativa alrededor de la cual puede reunirse una cantidad mayor de personas. Entonces aparecen dos preguntas distintas: ¿Quién tiene más primeras preferencias? y: ¿Quién puede reunir mejor las preferencias que inicialmente están dispersas?

No necesariamente producen la misma respuesta. Ese problema ya lo había planteado al estudiar académicamente la selección de una candidatura opositora para Asunción (Oxley, 2025b). Allí utilicé una simulación —no una predicción electoral— precisamente para mostrar que las segundas preferencias y las comparaciones entre candidatos contienen información que desaparece cuando solamente preguntamos por la primera opción. La propuesta actual de una preinterna nacional vuelve a colocarnos frente al mismo problema, pero en una escala mucho mayor.

Por eso mi objeción no es contra votar. Es anterior: ¿qué queremos averiguar mediante esa votación?

  1. AHORA, EL PROBLEMA EN TÉRMINOS TÉCNICOS

Conviene distinguir cuatro objetos analíticos:

S = selección

A = agregación

M = movilización

C = coordinación

Por tanto:

S ≠ A ≠ M ≠ C

La selección responde a la pregunta: ¿qué alternativa resulta ganadora conforme a una regla determinada? La agregación pregunta: ¿cómo pueden transformarse múltiples ordenamientos individuales de preferencias en una decisión colectiva? La movilización pregunta: ¿qué proporción del electorado potencial se transforma efectivamente en participación? La coordinación pregunta: ¿cómo convergen actores con preferencias diferentes sobre una alternativa considerada estratégicamente viable?

Son cuatro problemas relacionados, pero no idénticos.

  1. PRIMER PROBLEMA TÉCNICO: SELECCIÓN NO ES AGREGACIÓN

Sea:

X = {a, b, c, ..., n}

el conjunto de candidaturas disponibles.

Sea E el electorado participante.

En una elección por pluralidad podemos identificar:

s* = arg máx [V₁(x)]

donde V₁(x) representa la cantidad de primeras preferencias recibidas por la candidatura x.

Esto significa exactamente:

s* = candidatura con mayor cantidad de primeras preferencias expresadas.

Hasta aquí no existe dificultad.

El problema aparece cuando pretendemos inferir:

arg máx [V₁(x)] → candidatura con mayor capacidad de agregación.

Esa implicación no es necesaria.

Consideremos:

40 electores: A > B > C

35 electores: B > C > A

25 electores: C > B > A

Si contamos solamente primeras preferencias:

A = 40

B = 35

C = 25

Por pluralidad:

A gana.

Pero enfrentemos A contra B.

Los primeros 40 electores prefieren A.

Los otros 60 prefieren B antes que A.

Por tanto:

B > A, por 60 a 40.

Ahora B contra C:

75 electores prefieren B antes que C y 25 prefieren C.

Por tanto:

B > C, por 75 a 25.

Tenemos entonces:

A = ganador por primeras preferencias.

B = ganador de Condorcet.

De donde:

máxima primera preferencia ≠ necesariamente máxima aceptabilidad pareada.

La regla no está equivocada.

La cuenta tampoco.

Simplemente estamos midiendo propiedades diferentes.

  1. VOLVAMOS A DECIRLO SIN FORMALISMOS

Imaginemos una reunión de cien personas. Cuarenta dicen: “Quiero a A”. Treinta y cinco dicen: “Quiero a B”. Veinticinco dicen: “Quiero a C”. Si preguntamos solamente eso, gana A.

Pero después preguntamos a los partidarios de C: “Si C no estuviera, ¿a quién elegirían?” Y los veinticinco responden: “A B”.

Ahora descubrimos algo que la primera pregunta no mostraba. A tenía más partidarios propios. B tenía mayor capacidad para reunir partidarios propios y ajenos.

¿Quién es entonces “el candidato de la oposición”? La respuesta depende de qué quisimos medir. Si queríamos conocer quién tenía más primeras preferencias, era A. Si queríamos conocer quién podía reunir una mayoría en enfrentamientos directos, era B.

Ninguna cuenta es falsa. Son respuestas correctas a preguntas diferentes. Ese es precisamente el peligro: obtener una respuesta matemáticamente correcta y darle una interpretación política que la medición nunca demostró.

  1. LO QUE ASUNCIÓN YA NOS HABÍA MOSTRADO METODOLÓGICAMENTE

En mi análisis sobre la selección de candidatura para la Intendencia de Asunción trabajé precisamente este problema mediante una simulación académica (Oxley, 2025b).

Introduje:

primera preferencia;

segunda preferencia;

comparaciones pareadas;

Condorcet;

Copeland;

Ranked Pairs;

Schulze.

El propósito no era anticipar quién ganaría una elección real. Los datos utilizados eran hipotéticos.

La pregunta era metodológica: ¿qué información perdemos cuando reducimos la preferencia electoral a una sola respuesta? La respuesta fue importante.

Si solamente registramos:

Q₁ = “¿Cuál es su candidato preferido?”

obtenemos información sobre primera preferencia.

Pero si además preguntamos:

Q₂ = “Si su primera opción no pudiera competir, ¿cuál sería su segunda opción?”

aparece información sobre transferibilidad de preferencias.

Y si estudiamos enfrentamientos:

A vs. B

A vs. C

B vs. C

obtenemos información sobre aceptabilidad pareada.

Por tanto:

P₁ ≠ P₂ ≠ Aₚ

donde:

P₁ = primera preferencia

P₂ = preferencia alternativa

Aₚ = aceptabilidad pareada.

El antecedente de Asunción debería enseñarnos, por tanto, algo metodológicamente elemental:

antes de escoger el instrumento debemos decidir qué propiedad queremos medir.

  1. EL SEGUNDO PROBLEMA: QUIEN VOTA NO ES TODO EL ELECTORADO POTENCIAL

Hasta ahora hemos supuesto que conocemos las preferencias de todos. Pero una preinterna introduce otra dificultad. No todos los ciudadanos potencialmente opositores necesariamente concurrirán a votar.

Definamos:

Eₚ = electorado potencial

Eₘ = electorado movilizado

Entonces:

Eₘ ⊆ Eₚ

El resultado de la preinterna se obtiene dentro de Eₘ, no dentro de Eₚ.

Podemos expresar la cantidad de votos de una organización i mediante una formulación elemental:

Vᵢ = Nᵢ × μᵢ

donde:

Nᵢ = electorado potencial de i

μᵢ = tasa efectiva de movilización de i.

Supongamos:

Nₐ = 500.000

Nᵦ = 300.000

A posee, por tanto, una base potencial considerablemente mayor.

Pero supongamos ahora:

μₐ = 0,30

μᵦ = 0,60

Entonces:

Vₐ = 500.000 × 0,30 = 150.000

Vᵦ = 300.000 × 0,60 = 180.000

Resultado:

Vᵦ > Vₐ

B gana la preinterna.

No existe ninguna anomalía.

La elección funcionó correctamente.

Pero debemos observar exactamente qué ocurrió.

A tenía mayor electorado potencial.

B consiguió movilizar una proporción mucho mayor del suyo.

La preinterna observó el segundo fenómeno.

  1. AHORA DIGÁMOSLO COMO LO DIRÍAMOS EN LA CALLE

Supongamos que un sector tiene medio millón de personas dispuestas, en principio, a acompañarlo. Pero el día de la preinterna solamente consigue llevar a votar al 30 %. Otro sector tiene apenas 300.000 simpatizantes potenciales, pero consigue llevar al 60 %. El primero obtiene 150.000 votos. El segundo, 180.000. Ganó el segundo. Perfectamente.

Pero ¿qué acabamos de demostrar? Demostramos que ese día, bajo esas reglas y para esa elección, el segundo sector consiguió poner más votos dentro de las urnas. No demostramos que tenga necesariamente el electorado potencial más grande. Tampoco demostramos que sus 180.000 votos internos puedan convertirse automáticamente en una coalición mayor en las elecciones generales. Mucho menos demostramos que quienes no participaron en la preinterna ordenen sus preferencias de la misma manera. Aquí aparece una diferencia decisiva: tener más electores potenciales no es lo mismo que movilizar más electores. Y movilizar más electores en una preinterna tampoco es necesariamente lo mismo que agregar más electores en una elección general.

  1. OLSON: POR QUÉ QUERER LO MISMO NO SIGNIFICA ACTUAR JUNTOS

Este problema puede analizarse desde Mancur Olson (1965). La existencia de un interés compartido no garantiza acción colectiva. En términos generales:

interés común ⇏ acción colectiva.

Aplicado al problema opositor:

deseo compartido de alternancia ⇏ comportamiento electoral coordinado.

Y también:

aceptación formal de un candidato ⇏ movilización efectiva a favor de ese candidato.

En un trabajo anterior sostuve precisamente que la movilización debía incorporarse como una dimensión propia del problema opositor (Oxley, 2025a).

Una alianza puede existir jurídicamente. Puede existir una fotografía de dirigentes.

Puede existir un documento firmado. Puede incluso existir un candidato seleccionado mediante una elección. Pero todavía debemos explicar cómo: simpatizantes potenciales → electores efectivos.

Olson ayuda a comprender precisamente ese paso.

  1. EN PALABRAS MÁS SENCILLAS

Imaginemos que cinco partidos dicen: “Estamos todos de acuerdo en derrotar electoralmente a la ANR”.

Eso expresa un objetivo común. Ahora imaginemos que realizan una interna, gana el candidato de uno de esos partidos y todos los demás dirigentes firman un documento diciendo: “Reconocemos al ganador”. Tenemos un acuerdo. Pero todavía falta responder: ¿los votantes de los candidatos derrotados acompañarán al ganador? ¿Lo harán todos? ¿Una parte? ¿En qué proporción? ¿Los dirigentes tienen capacidad real para trasladar sus votos? ¿Los electores consideran aceptable al ganador? ¿Participarán con la misma intensidad?

El acta puede decir “unidad”. El comportamiento electoral puede decir otra cosa. Eso es lo que Olson nos obliga a no olvidar.

  1. COX: EL PROBLEMA DE COORDINARSE

Gary W. Cox (1997/2004) introduce otra dimensión. Los electores no necesariamente votan por su primera preferencia. Pueden votar estratégicamente. Supongamos:

C > A > B

Es decir, un elector prefiere primero a C, después a A y finalmente a B. Pero descubre que C posee pocas posibilidades de competir eficazmente. Si su objetivo prioritario es evitar la victoria de B, puede votar por A. Entonces:

preferencia sincera = C

voto observado = A

Por tanto:

V(A) ≠ necesariamente P₁(A)

El voto observado puede ser una función de:

preferencia + información + expectativas de viabilidad + coordinación estratégica.

Aquí aparece el problema verdaderamente importante para una oposición fragmentada.

No basta con identificar quién tiene más seguidores propios.

Hay que comprender cómo electorados con preferencias iniciales diferentes pueden converger estratégicamente.

  1. DICHO COLOQUIALMENTE: MI CANDIDATO PUEDE NO SER MI VOTO FINAL

Un ciudadano puede decir: “Mi candidato es C”. Pero llegado el momento puede razonar: “C es quien más me gusta, pero no tiene posibilidades. Entre A y B prefiero claramente A. Entonces votaré por A”. Su primera preferencia no cambió. Cambió su decisión estratégica.

Por eso preguntar: “¿Quién es su candidato preferido?” no equivale necesariamente a preguntar:

“¿Por quién terminará votando?” Y ninguna de esas preguntas equivale exactamente a: “¿Alrededor de quién puede coordinarse finalmente la oposición?”

Este último es el problema que Cox permite ver.

  1. EL PROBLEMA CONCRETO DE LA PROPUESTA ACTUAL

Ahora podemos volver a la propuesta formulada desde la presidencia del PLRA. Su estructura básica puede representarse así: pluralidad de candidaturas → elección → candidatura única.

Como mecanismo de selección, no encuentro allí una dificultad conceptual. Una regla es acordada.

Los electores participan. Se cuentan los votos. Existe un ganador. Tenemos:

S = selección.

El problema aparece si de S queremos inferir automáticamente:

A = agregación

M = movilización

C = coordinación.

Formalmente:

S ⇏ A

S ⇏ M

S ⇏ C

Incluso si una candidatura presentara simultáneamente buenos indicadores de agregación y movilización, todavía sería necesario estudiar el proceso de coordinación posterior.

Por eso:

ganador de la selección ⇏ necesariamente máximo agregador.

máximo agregador ⇏ necesariamente máximo movilizador.

máximo movilizador ⇏ necesariamente máximo coordinador.

No porque esas propiedades sean incompatibles.

Una misma candidatura podría reunirlas todas.

El punto es otro:

una propiedad no demuestra automáticamente las restantes.

  1. LA MISMA IDEA, SIN UNA SOLA FÓRMULA

Una preinterna puede responder muy bien: “¿Quién ganó esta preinterna?”

Pero después solemos agregar cosas que las urnas no dijeron: “Entonces es quien mejor representa a toda la oposición”. “Entonces todos los demás electorados se trasladarán hacia él”. “Entonces es quien mejor puede unificar”. “Entonces es quien mejor puede coordinar el voto en las generales”. Esas son afirmaciones nuevas.

Para sostenerlas necesitamos nueva evidencia. El ganador puede, efectivamente, ser también el mejor agregador, el mayor movilizador y el mejor coordinador. Pero hay que demostrarlo.

Ese es el centro de mi diferencia con una concepción puramente electoral de la solución.

  1. RESULTADOS TÉCNICOS

Del desarrollo anterior pueden establecerse las siguientes conclusiones.

Primera:

S ≠ A ≠ M ≠ C.

Selección, agregación, movilización y coordinación constituyen dimensiones analíticamente diferenciables.

Segunda:

arg máx [V₁(x)] ≠ necesariamente arg máx [A(x)].

La candidatura que maximiza primeras preferencias no necesariamente maximiza aceptabilidad o agregación.

Tercera:

Eₘ ⊆ Eₚ.

El electorado observado en una preinterna constituye un subconjunto del electorado potencial.

Cuarta:

Vᵢ = Nᵢ × μᵢ.

El voto observado depende tanto del tamaño electoral potencial como de la tasa efectiva de movilización.

Quinta:

Nₐ > Nᵦ no implica Vₐ > Vᵦ.

Una base electoral potencial mayor no garantiza mayor votación cuando existen tasas diferenciales de movilización.

Sexta:

P₁(x) ≠ necesariamente V(x).

La primera preferencia no determina necesariamente el voto final cuando interviene coordinación estratégica.

Séptima:

S ⇏ C.

La selección de una candidatura no implica por sí misma coordinación electoral alrededor de ella.

Octava:

ℛ₁ ≠ ℛ₂ puede producir R₁ ≠ R₂.

Diferentes reglas de decisión pueden constituir resultados diferentes aun operando sobre estructuras de preferencias semejantes. En consecuencia: ganar una preinterna es condición suficiente para ser declarado ganador de esa preinterna conforme a sus reglas. No constituye, por sí solo, condición suficiente para demostrar máxima agregación, máxima movilización o máxima capacidad de coordinación.

  1. ¿Y QUÉ SIGNIFICA TODO ESTO EN CASTELLANO CORRIENTE?

Significa algo bastante sencillo. Si hacemos una preinterna y alguien gana, sabemos quién ganó. Punto.

Eso ya es información importante y políticamente útil. Pero no carguemos sobre ese resultado más información de la que realmente contiene. La urna puede decir: “Este candidato recibió más votos entre quienes participaron”. No puede decir por sí sola: “Este es el candidato que mejor reúne a quienes votaron por los demás”. Tampoco: “Este es quien conseguirá movilizar a toda la oposición”. Ni: “Este es alrededor de quien terminarán coordinándose los electores en las generales”.

Para responder esas preguntas necesitamos saber más. Necesitamos conocer segundas preferencias. Necesitamos estudiar transferencias. Necesitamos conocer tasas de movilización. Necesitamos analizar rechazos y aceptabilidades. Necesitamos estudiar expectativas de viabilidad. Y necesitamos comprender cómo se comportan los electores cuando su primera opción deja de ser competitiva.

  1. LA SOLUCIÓN AL LIDERAZGO ES POLÍTICA: QUÉ QUISE DECIR

En “De la idea a los hechos” formulé una tesis deliberadamente fuerte: “la solución al liderazgo es política, no electoral” (Oxley, 2025a). Después de estos desarrollos, creo que puede expresarse con mayor precisión: la selección puede ser electoral; la construcción de la unidad es política. Una elección puede proporcionar un procedimiento legítimo para seleccionar. Pero la negociación entre organizaciones, la aceptación de compromisos, la transferencia efectiva de apoyos, la generación de expectativas compartidas de viabilidad y la coordinación posterior no aparecen mágicamente dentro de la urna. Por ello, una arquitectura más completa sería: preferencias → agregación → negociación → movilización → coordinación → candidatura electoralmente unificada. La elección puede ocupar un lugar dentro de ese proceso. Lo que no debería hacerse es confundir una parte con el conjunto.

  1. CONCLUSIONES TÉCNICAS GENERALES

El problema de la candidatura opositora puede ser representado como una función:

R = F(P, E, ℛ, μ, C)

donde:

P = estructura de preferencias

E = dominio electoral

ℛ = regla de decisión

μ = estructura diferencial de movilización

C = condiciones de coordinación estratégica.

Por tanto, R no constituye simplemente la revelación de una preferencia colectiva preexistente.

Es un resultado dependiente de condiciones de agregación, participación, regla y coordinación.

Desde una perspectiva constitutiva:

resultado electoral = objeto constituido bajo condiciones determinadas.

Por ello:

cambiar el dominio electoral puede cambiar el resultado;

cambiar la regla puede cambiar el resultado;

cambiar las tasas de movilización puede cambiar el resultado;

cambiar las expectativas estratégicas puede cambiar el comportamiento electoral.

De allí se deriva una exigencia metodológica:

antes de seleccionar el instrumento de decisión debe definirse la propiedad política que se pretende identificar.

Si la propiedad buscada es S, necesitamos un procedimiento de selección.

Si buscamos A, necesitamos información sobre estructura y transferencia de preferencias.

Si buscamos M, necesitamos estimar bases potenciales y tasas de movilización.

Si buscamos C, necesitamos estudiar viabilidad percibida, coordinación estratégica y comportamiento de las preferencias cuando determinadas alternativas dejan de ser competitivas.

  1. Y, FINALMENTE, ¿QUÉ SIGNIFICA TODO ESTO PARA LA OPOSICIÓN?

Antes de discutir si la candidatura debe surgir de una preinterna, una concertación, una encuesta u otro procedimiento, habría que responder una pregunta mucho más sencilla: ¿Qué queremos encontrar?

Si queremos saber quién obtiene más votos en una elección opositora, hagamos una elección. Obtendremos exactamente esa respuesta. Pero si queremos saber quién puede reunir mejor a quienes hoy prefieren candidatos distintos, necesitamos conocer también las segundas preferencias. Si queremos saber quién puede convertir simpatizantes en votos, debemos estudiar movilización. Y si queremos saber alrededor de quién pueden terminar convergiendo estratégicamente electorados distintos, tenemos que estudiar coordinación. Asunción ya había proporcionado el problema metodológico: primera preferencia y capacidad de agregación no son necesariamente lo mismo (Oxley, 2025b).

Olson agrega una segunda advertencia: compartir un objetivo no garantiza actuar colectivamente. Cox incorpora una tercera: preferir a un candidato no significa necesariamente terminar votándolo. Condorcet y Arrow, finalmente, nos recuerdan que transformar preferencias individuales en una voluntad colectiva no es una operación trivial ni neutral.

Todo esto puede resumirse en cuatro letras:

S ≠ A ≠ M ≠ C.

Seleccionar no es agregar. Agregar no es movilizar. Movilizar no es coordinar. Y coordinar es precisamente lo que necesita una pluralidad de fuerzas cuando pretende actuar electoralmente como una sola.

Por eso la propuesta de una preinterna no debe descartarse. Debe ubicarse en su lugar exacto. Puede ser una respuesta al problema de selección. Lo que todavía debemos explicar es cómo pasamos de allí a la unidad. Porque una elección puede decidir quién queda primero. La política comienza cuando debemos conseguir que quienes quedaron detrás caminen después en la misma dirección.

REFERENCIAS

Arrow, K. J. (1963). Social choice and individual values (2nd ed.). Yale University Press.

Cox, G. W. (2004). La coordinación estratégica de los sistemas electorales del mundo. Gedisa. (Trabajo original publicado en 1997).

La Nación. (2026, 7 de octubre). PLRA plantea internas o concertación para elegir presidenciable opositor. La Nación.

Luján, D. (2020). Diferenciación ideológica y coordinación estratégica en elecciones presidenciales en América Latina. Colombia Internacional, 103, 29–55.

Olson, M. (1965). The logic of collective action: Public goods and the theory of groups. Harvard University Press.

Oxley, V. M. (2025a, 31 de agosto). De la idea a los hechos. Liberalismo Radical Paraguayo.

Oxley, V. M. (2025b, 19 de noviembre). Elecciones para intendente de la ciudad capital de Paraguay: Asunción. Liberalismo Radical Paraguayo.



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