Filósofo artefactualista estructural. Investigador en educación matemática y analista político. Su n

miércoles, 25 de febrero de 2026

Decir y fracasar: las paradojas como actos de habla imposibles

Dr. Victor Oxley

 

La tradición filosófica ha abordado las paradojas lógicas —esa especie de vértigo del pensamiento que emerge en enunciados como "esta afirmación es falsa" o en la definición del conjunto de todos los conjuntos que no se pertenecen a sí mismos— desde dos grandes perspectivas. La primera, de índole semántica, las diagnostica como contradicciones en el nivel del significado: una frase que no puede ser ni verdadera ni falsa sin generar un círculo vicioso, o una definición que parece designar un objeto y sin embargo conduce a una antinomia. La segunda, de carácter sintáctico, las atribuye a una construcción defectuosa del lenguaje, proponiendo remedios como la prohibición de la autorreferencia o la jerarquización de tipos lógicos para extirpar de raíz la posibilidad misma de tales anomalías. Ambas aproximaciones, sin embargo, tratan las paradojas como enunciados problemáticos, algo anda mal con lo que se dice, o con el modo en que se dice. Esta distinción entre el producto lingüístico (la oración) y el proceso que lo genera (el acto de enunciación) remite a la clásica diferenciación trazada por Strawson entre una oración y su uso en contextos particulares. Pero cabe preguntarse si esta focalización en el producto lingüístico no descuida precisamente el proceso del que emerge.

Para fundamentar esta tesis resulta ineludible acudir a la teoría de los actos de habla desarrollada por John Langshaw Austin en su obra póstuma Cómo hacer cosas con palabras. Las ideas centrales de esta obra habían sido anticipadas por Austin en sus conferencias de la BBC de 1958, posteriormente publicadas como "Performative Utterances".

Austin parte de una constatación tan sencilla como revolucionaria, decir algo es, con frecuencia, hacer algo. Cuando en las circunstancias apropiadas pronuncio "sí, acepto" en una ceremonia nupcial, no estoy describiendo un matrimonio, sino contrayéndolo; cuando digo "te prometo que vendré", no estoy informando sobre una promesa, sino ejecutándola. A estos enunciados los denomina realizativos o performativos, y su rasgo distintivo es que no se evalúan en términos de verdad o falsedad, sino de felicidad o infelicidad. Un acto de habla es feliz cuando se cumplen ciertas condiciones procedimentales, contextuales y de sinceridad; es infeliz o desafortunado cuando alguna de esas condiciones se quebranta. Austin distingue además tres dimensiones en todo acto de habla, el acto locutivo (el acto de decir algo, con un sentido y una referencia), el acto ilocutivo (la acción que realizamos al decir algo, como prometer, ordenar o afirmar) y el acto perlocutivo (los efectos que producimos por decir algo, como convencer, asustar o irritar). Esta arquitectura conceptual nos proporciona las herramientas para abordar las paradojas desde una perspectiva pragmática. El enfoque se inscribe en la tradición inaugurada por Grice, quien mostró que el significado no se agota en el contenido semántico de las expresiones, sino que involucra principios de racionalidad comunicativa que regulan la interacción lingüística. Sin embargo, mientras Grice se ocupó de los mecanismos ordinarios de la conversación, aquí nos adentramos en sus límites patológicos.

Sea A,pla representación de un acto de habla, donde A es el tipo de acto ilocutivo (afirmar, definir, demostrar, etc.) y p es la proposición que constituye su contenido locutivo. Definimos una función de éxito F(A,p,c) que toma el valor 1 si el acto se realiza felizmente en el contexto c, y 0 en caso contrario. Las condiciones de felicidad de Austin pueden expresarse como un conjunto de requisitos R1, R2, …, Rn tales que:

F(A,p,c) = 1 i = 1n i=1 Ri(A,p,c)


donde cada Ri especifica una condición procedimental, contextual o de sinceridad. Un acto fallido es aquel en que F(A,p,c) = 0 por violación de al menos una de las condiciones. Este marco general será aplicado a continuación a cada paradoja, especificando las condiciones particulares que cada tipo de acto debe satisfacer.

Consideremos en primer lugar la paradoja del mentiroso, formulada en el enunciado "esta afirmación es falsa". Desde la semántica, nos encontramos ante un callejón sin salida, si es verdadera, es falsa; si es falsa, es verdadera. Pero si atendemos al acto de habla que se ejecuta, la cuestión se ilumina de otro modo. Quien emite ese enunciado pretende realizar un acto ilocutivo de afirmación, esto es, sostener algo como verdadero. Sin embargo, el contenido de su afirmación se refiere al valor de verdad del propio acto que está ejecutando. Es como si alguien dijera "te prometo que no estoy prometiendo nada", la fuerza ilocutiva se anula a misma. El acto no puede completarse porque las condiciones de felicidad de la afirmación —entre ellas, la posibilidad de que lo afirmado sea verdadero o falso sin interferir con el acto mismo de afirmar— resultan violadas. No estamos, pues, ante una proposición contradictoria, sino ante un acto fallido, la pretensión de afirmar se estrella contra su propia autorreferencia.

Aplicando formalismos anteriores, sea Afirmar(p) el acto ilocutivo de afirmar la proposición p. La condición de felicidad específica para la afirmación, que debe incorporarse al conjunto {Ri} para este tipo de acto, incluye:

RAf: V(p) {verdadero, falso} y p ≠ Afirmar(p)”

donde V(p) es el valor de verdad de p. En la paradoja del mentiroso, p = “V(p) = falso”. La autorreferencia semántica hace que la evaluación de V(p) dependa del propio acto de afirmación, generando:

V(p) = verdadero V(p) = falso

V(p) = falso V(p) = verdadero

 

Lo que viola RAf al impedir una asignación estable de valor de verdad. Por tanto, F(Afirmar,p,c) = 0 : el acto es fallido. Esta imposibilidad de asignación estable no es sino la manifestación pragmática del teorema de Tarski sobre la indefinibilidad de la verdad, ningún lenguaje semánticamente cerrado puede contener su propio predicado de verdad sin generar contradicción. La paradoja del mentiroso es, desde esta óptica, el síntoma de esa imposibilidad estructural, y el fracaso del acto de afirmar es su correlato pragmático.

Algo análogo ocurre con la paradoja de Russell. La definición "sea R el conjunto de todos los conjuntos que no se pertenecen a sí mismos" parece impecable desde un punto de vista descriptivo. Pero si la consideramos como un acto de habla, específicamente como un acto de definición, advertimos su carácter problemático. Definir es un acto ilocutivo mediante el cual estipulamos el significado de un término o, en el contexto de la teoría de conjuntos, postulamos la existencia de un objeto con ciertas propiedades. En este caso, la propiedad definitoria ("no pertenecerse a sí mismo") se aplica al propio objeto que se está definiendo. La definición intenta construir un conjunto cuyas condiciones de pertenencia incluyen al conjunto mismo, generando una circularidad que impide que el acto definicional se complete. El fracaso no es del conjunto R —que simplemente no existe—, sino del acto que pretendía definirlo. La paradoja de Russell revela así los límites pragmáticos de la definición, no toda propiedad bien formada lingüísticamente puede servir de base para un acto definicional exitoso.

Retomando ideas de los formalismos anteriores, sea Definir(R, φ(x)) el acto de definir un conjunto R mediante la propiedad φ(x), con la condición existencial:

RDef : Rx(x R φ(x))

En la paradoja de Russell, φ(x) = x x. Si el acto fuera exitoso, existiría R tal que: x(x R x x) Instanciando x = R obtenemos:

R R R R

Lo que constituye una contradicción lógica . Por tanto, la condición existencial no puede satisfacerse: ¬Rx(x R x x). El acto definicional falla porque la propiedad φ es impredicativa respecto del acto mismo. Formalmente, F(Definir,R, φ) = 0. Nótese la analogía estructural que se da con lo que formalizamos lineas atrás, la autorreferencia (semántica en el mentiroso, definicional en Russell) impide que el acto satisfaga sus condiciones de felicidad, aunque la naturaleza del acto sea diferente.

El caso de los teoremas de incompletitud de Kurt Gödel es, sin duda, el más sutil y revelador. En su artículo fundacional de 1931, Gödel construyó mediante una ingeniosa numeración un enunciado que afirma su propia indemostrabilidad, demostrando así que todo sistema formal consistente y lo suficientemente expresivo es necesariamente incompleto. El enunciado G, construido mediante la ingeniosa técnica de la numeración de Gödel, afirma de sí mismo "no soy demostrable". Desde una perspectiva semántica, G resulta ser verdadero pero indemostrable dentro del sistema, no hay paradoja, sino incompletitud. Ahora bien, si adoptamos la óptica pragmática, G se nos presenta como un enunciado que versa sobre la posibilidad de realizar un acto determinado, el acto de demostrar. G afirma que el acto de demostrarlo a él mismo no puede ejecutarse. Y en efecto, cualquier intento de demostración conduce a una contradicción, si se demostrara, entonces sería falso, violando la condición de que solo lo verdadero es demostrable en un sistema consistente. El acto de demostración, aplicado a G, es imposible. Gödel no ha construido una paradoja, sino que ha exhibido un límite intrínseco de la acción demostrativa. Su teorema demuestra que, en todo sistema formal lo suficientemente expresivo, existe al menos un acto de demostración que no puede realizarse con éxito, y ese acto es precisamente aquel que el enunciado G describe como imposible. La incompletitud se revela entonces como un fenómeno pragmático, la acción de demostrar tiene límites internos que ningún refinamiento del sistema puede eliminar.

Extendiendo las ideas formales anteriores al ámbito metamatemático, sea S un sistema formal que cumple las condiciones del primer teorema de incompletitud (consistente, recursivamente axiomatizable y que contiene suficiente aritmética). Definimos el acto de demostración DemostrarS(ψ) como la existencia de una prueba formal de ψ en S. Gödel construye un enunciado G tal que:

G ¬DemostrarS(G)

Por el teorema, si S es consistente, entonces G es verdadero pero no demostrable:

V(G) = verdadero y ¬DemostrarS(G)


Desde la perspectiva pragmática, G es un enunciado que afirma la imposibilidad de realizar el acto de demostrarlo. Cualquier intento de ejecutar DemostrarS(G) conduce a una contradicción con la consistencia de S. Luego:

F(DemostrarS,G) = 0 por necesidad estructural.

El teorema demuestra que ¬Sψ(V(ψ) → DemostrarS(ψ)). Esto es, no existe sistema alguno en el que todos los actos de demostración de enunciados verdaderos sean realizables. A diferencia de lo expuesto líneas atrás, donde el fracaso era local (un acto específico falla), aquí el teorema muestra un fracaso universal, ningún sistema puede garantizar el éxito de todos sus actos demostrativos. La incompletitud es, por tanto, la expresión formal de un límite pragmático necesario de la acción demostrativa.

Esta lectura pragmática de las paradojas permite trazar una distinción fundamental entre tipos de autorreferencia. Siguiendo la sistematización de Searle, que desarrolló y formalizó la teoría austiniana distinguiendo entre reglas constitutivas y regulativas de los actos de habla, podemos entender las condiciones de felicidad como reglas constitutivas cuya violación no produce un acto imperfecto, sino la ausencia misma del acto.

La autorreferencia semántica —aquella en la que un enunciado predica sobre su propio valor de verdad— genera paradoja y conduce al fracaso del acto ilocutivo de afirmar, como se formalizó anteriormente. La autorreferencia sintáctica —como en "esta oración tiene cinco palabras", donde el enunciado describe su propia forma— es perfectamente inocua, pues no interfiere con la fuerza ilocutiva. La autorreferencia pragmática, por último, es aquella en la que un acto de habla se refiere a la posibilidad de ejecutar ese mismo tipo de acto; cuando las condiciones de esa referencia generan circularidad, el resultado es el fracaso del acto, como se ejemplificaron en formalismos anteriores. Esta tipología muestra que la peligrosidad de la autorreferencia no reside en una propiedad mística de la circularidad, sino en el tipo de acción que se ve afectada y en las condiciones que la rigen.

Llegados a este punto, es preciso enfrentar una objeción que podría formularse contra toda esta construcción, ¿no estaremos ante un mero ardid letrístico, un juego de palabras que se limita a rebautizar las paradojas como "actos fallidos" sin aportar verdadera comprensión? ¿No será que simplemente hemos cambiado la etiqueta "contradicción semántica" por la de "acto ilocutivo infeliz", dejando intacto el misterio? La objeción es seria y merece una respuesta concluyente. Una refutación contundente de esta acusación se encuentra en el trabajo del filósofo Dieter Wandschneider, quien ha analizado en profundidad la estructura pragmática de las antinomias lógicas.

Wandschneider demuestra que el núcleo de las paradojas reside en lo que denomina un "autocondicionamiento negativo", una estructura en la que un concepto posee, desde el punto de vista semántico, un carácter negativo, pero desde su estatus pragmático como concepto, un carácter positivo. En su análisis, Wandschneider muestra que esta ambivalencia no es una mera curiosidad lógica, sino que revela una estructura ontológica fundamental, "la paradoja no es un error, sino la manifestación necesaria de un límite constitutivo de la racionalidad discursiva" (Wandschneider, 1993, p. 245). Esta ambivalencia es irresoluble si se permanece en el nivel semántico, pero se vuelve comprensible cuando se incorpora la dimensión pragmática. Como vimos en formalismos anteriores estos han exhibido precisamente esta ambivalencia, en cada caso, la autorreferencia genera una estructura en la que el contenido semántico (lo que se dice) y la fuerza pragmática (lo que se hace) entran en conflicto, haciendo que el acto fracase necesariamente. No se trata, por tanto, de un simple cambio de vocabulario, sino de la identificación de una estructura ontológica de la acción lingüística que las aproximaciones puramente lógicas no pueden capturar.

La potencia explicativa de esta perspectiva se manifiesta en varios frentes. En primer lugar, explica por qué la autorreferencia no es intrínsecamente patológica, solo lo es cuando afecta a las condiciones de éxito del acto que se ejecuta, como mostramos formalmente en contraste con la autorreferencia sintáctica inocua. En segundo lugar, permite comprender por qué las soluciones puramente sintácticas (como la teoría de tipos de Russell) logran evitar las paradojas pero no explicarlas, son técnicas profilácticas, no diagnósticos. El formalismo aquí desarrollado, al incorporar explícitamente la dimensión pragmática en la función F(A,p,c), proporciona un diagnóstico estructural que la mera sintaxis no puede ofrecer. En tercer lugar, y esto es quizá lo más relevante, abre una vía de conexión entre la lógica matemática y la filosofía del lenguaje que hasta ahora había permanecido inexplorada. Los teoremas de Gödel, leídos desde esta óptica, no son solo resultados sobre la verdad y la demostrabilidad, sino sobre la naturaleza de la acción demostrativa misma, sobre sus límites constitutivos. Hemos formalizado esta conexión, mostrando que el teorema de incompletitud puede interpretarse como la demostración de que, para todo sistema S, existe al menos un acto demostrativo F(DemostrarS, G) = 0. La mente humana puede reconocer esos límites y, desde fuera del sistema, comprender por qué el acto falla; la máquina, que solo ejecuta reglas sintácticas, choca con el límite sin poder trascenderlo. Esta diferencia, que apunta a lo más profundo de la cognición, no sería accesible sin el cambio de marco conceptual que aquí se propone.

Lejos de ser un artificio retórico, la interpretación pragmática de las paradojas constituye, pues, una auténtica ampliación del horizonte comprensivo. No se limita a renombrar el fenómeno, sino que revela su estructura subyacente como fenómeno de la acción. Las paradojas dejan de ser vistas como anomalías del lenguaje que es necesario extirpar, y pasan a ser comprendidas como síntomas necesarios de los límites de nuestras prácticas lingüísticas. La lógica dice qué falla (la consistencia, la verdad); la pragmática dice cómo falla (el acto se bloquea a mismo). El aparato formal introducido a lo largo de este escrito ha permitido articular esta distinción con precisión, la función F y las condiciones Ri especifican las condiciones de éxito; la imposibilidad de satisfacerlas para ciertos actos autorreferentes revela la estructura del fracaso. Ambas perspectivas son necesarias, y la segunda no sustituye a la primera, sino que la complementa y la fundamenta. Así entendido, el enfoque aquí esbozado no es un juego de palabras, sino una propuesta filosófica sustantiva que, al conectar la tradición analítica con la filosofía del lenguaje ordinario, promete iluminar aspectos de las paradojas que hasta ahora habían permanecido en la penumbra.

La mente humana puede reconocer esos límites y, desde fuera del sistema, comprender por qué el acto falla; la máquina, que solo ejecuta reglas sintácticas, choca con el límite sin poder trascenderlo. Esta diferencia remite a la distinción trazada por Brandom entre seguir una regla ciegamente y comprender su normatividad, la máquina se limita a ejecutar el algoritmo; el agente humano puede evaluar la regla misma y reconocer sus limitaciones constitutivas. Esta diferencia, que apunta a lo más profundo de la cognición, no sería accesible sin el cambio de marco conceptual que aquí se propone.

Referencias

Austin, J. L. (1962). How to Do Things with Words. Oxford University Press.

Austin, J. L. (1979). "Performative Utterances". En Philosophical Papers (3ª ed.). Oxford University Press.

Brandom, R. (1994). Making It Explicit: Reasoning, Representing, and Discursive Commitment. Harvard University Press.

Gödel, K. (1931). "Über formal unentscheidbare Sätze der Principia Mathematica und verwandter Systeme I". Monatshefte für Mathematik und Physik, 38, 173-198.

Grice, H. P. (1975). "Logic and Conversation". En P. Cole & J. Morgan (eds.), Syntax and Semantics, Vol. 3: Speech Acts. Academic Press.

Searle, J. R. (1969). Speech Acts: An Essay in the Philosophy of Language. Cambridge University Press.

Strawson, P. F. (1950). "On Referring". Mind, 59(235), 320-344.

Tarski, A. (1936). "Der Wahrheitsbegriff in den formalisierten Sprachen". Studia Philosophica, 1, 261-405.

Wandschneider, D. (1993). "Explaining the Paradoxes of Logic – The Nub of the Matter and its Pragmatics". En PRAGMATIK, Vol. IV. Hamburg.


 

martes, 24 de febrero de 2026

Cuando las teorías electorales, ordenan y se anticipan a los hechos

                                                                                       Dr. Victor Oxley

En lo que pasaron los meses de octubre y noviembre de 2025, desarrollé una serie de escritos en los que intentaba aplicar herramientas de la teoría política y la elección social al problema concreto que la oposición paraguaya enfrentaba de cara a las elecciones municipales en Asunción. No se trataba de un ejercicio partidario ni de una intervención militante, sino de un intento por pensar con claridad un dilema que, a mi juicio, se repetía cíclicamente: la fragmentación opositora y la consiguiente victoria del oficialismo por división del voto.

El primer texto, publicado en octubre, “De la idea a los hechos”, partía de una premisa teórica sólida pero poco explorada en nuestro debate público: la idea de que ganar una elección no es solo cuestión de sumar voluntades, sino de resolver tres problemas secuenciales. Apoyándome en Mancur Olson, explicaba que la movilización no ocurre espontáneamente, porque el voto es un bien público y el ciudadano racional tiende a convertirse en "gorrón" si no percibe incentivos claros. Recurriendo a Kenneth Arrow, mostraba que la agregación de preferencias individuales puede producir paradojas intransitivas, lo que significa que no basta con sumar apoyos sectoriales para construir una mayoría coherente. Y finalizaba con Gary Cox, cuya teoría de la coordinación estratégica advertía que, en sistemas de mayoría simple, el voto opositor se dispersa naturalmente a menos que exista una señal clara de viabilidad que induzca el voto útil. En conjunto, estos tres autores dibujaban una hoja de ruta implícita: primero movilizar, luego unificar, finalmente coordinar.

Pocas semanas después, en un segundo escrito fechado el 17 de noviembre, “La paradoja de Condorcet y el dilema de conseguir un candidato para la oposición”, decidí bajar la teoría a un terreno más tangible. Tomé la paradoja de Condorcet, ese viejo hallazgo del marqués francés que muestra cómo las preferencias individuales pueden volverse cíclicas al agregarse, y la apliqué a un ejemplo con cuatro precandidatos hipotéticos: María, Carlos, Ana y Luis. En ese ejercicio, María representaba a la figura carismática, pero polarizante, la que ganaba en su sector, pero perdía contra todos los demás en enfrentamientos directos. Carlos, en cambio, era el moderado, el que sin encabezar la primera vuelta emergía como el verdadero candidato de consenso. La moraleja era clara: una primaria tradicional podía consagrar al candidato equivocado, aquel que, aunque mayoritario en su nicho, resultara derrotado por cualquier otro en un escenario de segunda vuelta. El texto no mencionaba nombres reales, pero cualquier lector atento podía proyectar sobre esos perfiles a las figuras que en ese momento sonaban como precandidatas. Similares en ideas, buscando aclarar puntos cruciales publiqué “La Paradoja de Condorcet y el Sistema Electoral Paraguayo (1993-2023)” y “La distorsión matemática de la voluntad popular: Un análisis de la paradoja Condorcet en sistemas electorales mayoritarios”.

En el escrito, publicado el 19 de noviembre, “Elecciones para intendente de la ciudad capital de Paraguay: Asunción”, fue el más ambicioso y, retrospectivamente, el más profético. Redacté una simulación académica con una advertencia explícita: los datos eran ficticios, los nombres meramente ilustrativos, el ejercicio puramente pedagógico. Pero los nombres que elegí eran los de las precandidatas reales: Soledad Núñez, Johanna Ortega y Arlene Aquino. Y los números que asigné, aunque hipotéticos, buscaban ser verosímiles con lo que se sabía del peso relativo de cada sector. A partir de esa base, apliqué cuatro métodos de votación —Condorcet, Copeland, Ranked Pairs y Schulze— y en todos ellos el resultado fue el mismo: Soledad Núñez era la candidata que vencía a todas las demás en enfrentamientos directos, la que capturaba las segundas preferencias de los votantes de Johanna y Arlene, la única que podía unificar al electorado opositor sin generar resistencias insalvables.

Lo que ocurrió es historia conocida ahora. La alianza "Unidos por Asunción" implementó una encuesta casa por casa, con una muestra aleatoria de la ciudadanía capitalina, y los resultados confirmaron punto por punto lo que la simulación había anticipado. Soledad Núñez obtuvo 442 preferencias frente a las 301 de Johanna Ortega, en una proporción muy similar a la del ejercicio académico. El 21.86% que respondió "Ninguna" fue interpretado, tal como ya había sugerido en los análisis posteriores, como el voto duro del Partido Colorado, ese núcleo de electores que ya tiene su candidato y que, por lo tanto, no está en disputa. La decisión de limitar la contienda a dos nombres, evitando una primaria abierta que podría haber fragmentado aún más a la oposición, también coincidía con las advertencias que había formulado semanas antes.

No es mi intención pretenciosa, afirmar que estos escritos causaron estas decisiones. La política tiene sus propios tiempos, sus propias lógicas y sus propios actores, y sería ingenuo atribuir a unos textos académicos lo que fue el resultado de negociaciones, cálculos y voluntades concretas. Pero sí puedo decir, con la tranquilidad que da el haber puesto las ideas por escrito antes de que los hechos las confirmaran, que aquellos análisis funcionaron como una suerte de hoja de ruta conceptual. Ofrecieron un marco para entender por qué ciertos caminos eran peligrosos, por qué ciertos métodos eran preferibles, por qué ciertos resultados eran previsibles. Y cuando la realidad finalmente se desplegó, quienes estaban tomando las decisiones pudieron hacerlo con la seguridad de que no estaban improvisando, sino aplicando, quizás sin saberlo, principios que la teoría ya había validado.

En última instancia, lo que estos escritos demostraron es que el pensamiento abstracto, cuando se aplica con rigor y se nutre de herramientas conceptuales sólidas, no es un ejercicio ocioso. Es una forma de anticipación, una manera de recorrer mentalmente el camino antes de transitarlo, un modo de identificar riesgos y oportunidades antes de que se materialicen. La teoría se adelantó a la práctica, y en ese adelantamiento encontró su más alta justificación: no la de predecir el futuro, sino la de iluminar el presente con la luz de lo que ya había sido pensado.

Referencias

Oxley, V. (2025a). De la idea a los hechos. Liberalismo Radical Paraguayo. http://liberalismoradicalparaguayo.blogspot.com/2025/08/de-la-idea-los-hechos.html

Oxley, V. (2025b). La paradoja de Condorcet y el dilema de conseguir un candidato para la oposición. Liberalismo Radical Paraguayo. http://liberalismoradicalparaguayo.blogspot.com/2025/11/la-paradoja-de-condorcet-y-el-dilema-de.html

Oxley, V. (2025c). La Paradoja de Condorcet y el Sistema Electoral Paraguayo (1993-2023). Liberalismo Radical Paraguayo. http://liberalismoradicalparaguayo.blogspot.com/2025/11/la-paradoja-de-condorcet-y-el-sistema.html

Oxley, V. (2025d). La distorsión matemática de la voluntad popular: Un análisis de la paradoja Condorcet en sistemas electorales mayoritarios. Liberalismo Radical Paraguayo. http://liberalismoradicalparaguayo.blogspot.com/2025/11/la-distorsion-matematica-de-la-voluntad.html

Oxley, V. (2025e). Elecciones para intendente de la ciudad capital de Paraguay: Asunciòn. Liberalismo Radical Paraguayo. http://liberalismoradicalparaguayo.blogspot.com/2025/11/elecciones-para-intendente-de-la-ciudad.html

 


miércoles, 18 de febrero de 2026

El Lenguaje que gobierna: Cómo las palabras legitiman minorías

                                                                                       Dr. Víctor Oxley

§1. Introducción: La doble naturaleza del problema democrático paraguayo

La democracia paraguaya enfrenta una paradoja que he señalado en trabajos anteriores: entre 1993 y 2023, en la mayoría de las elecciones presidenciales el candidato electo accedió al poder con menos del 50% de los votos. Este hecho, lejos de constituir una anomalía estadística, representa una regularidad estructural que he caracterizado como “minoríacracia”: un régimen formalmente democrático, pero sustantivamente gobernado por minorías.

El análisis convencional tiende a enfocar este problema exclusivamente en términos de diseño institucional. Se señala, con razón, que el artículo 3 de la Constitución Nacional —que establece que "la soberanía reside en el pueblo, quien la ejerce conforme a lo dispuesto en esta Constitución"— resulta contradicho por un sistema electoral que no exige mayoría absoluta para la presidencia. Sin embargo, esta lectura, siendo necesaria, resulta insuficiente.

En el presente ensayo sostendré que el problema de la democracia paraguaya no es solo institucional, sino fundamentalmente semántico: radica en la forma en que hablamos de las elecciones y, crucialmente, en cómo las encuestas configuran nuestra percepción de lo que es "normal" o "legítimo". Para desarrollar esta tesis, acudiré al marco teórico de Frank P. Ramsey, particularmente a su concepción de la creencia como hábito de acción y su comprensión pragmatista del significado.


§2. El marco teórico: La semántica de Ramsey

§2.1 Creencia como disposición a la acción

En "Facts and Propositions" (1927), Ramsey sostiene una tesis que resulta fundamental para nuestro análisis:

"Una creencia no es una idea que efectivamente conduce a la acción, sino una que conduciría a la acción en circunstancias apropiadas; así como un trozo de arsénico es llamado venenoso no porque haya matado a alguien, sino porque mataría a alguien si lo ingiriera" (Ramsey, 1990, p. 66).

Notación:

- B(x, p) : el sujeto x cree la proposición p

- A(x, c) : el sujeto x realiza la acción A en circunstancias c

- U(A): utilidad (valor) de la acción A

- V(p): valor de verdad de p (1 = verdadero, 0 = falso)

- C(c): conjunto de circunstancias relevantes

Formalización:

c (C(c) → (U(A(x, c)) > 0 ↔ V(p) = 1 ) )

Lectura: Para toda circunstancia c, si c es relevante, entonces la acción del sujeto x en circunstancias c es útil si y solo si la proposición p es verdadera.

Gráfico 1: Se visualiza la estructura disposicional de la creencia que Ramsey postula, haciendo tangible la relación entre creencia, circunstancia, acción y verdad.

§2.2 El significado como propiedades causales

La segunda tesis ramseyana relevante es el argumento del pragmatismo de las propiedades intencionales (IPP). Según Acero (2005, p. 16), este argumento sostiene que las propiedades intencionales de los símbolos son lo que son en virtud de sus antecedentes y consecuencias causales.

Notación:

- σ: un símbolo lingüístico cualquiera

- M(σ): significado del símbolo σ

- Causas(σ): conjunto de condiciones que producen emisiones de σ

- Efectos(σ): conjunto de consecuencias conductuales de emisiones de σ

Formalización:

M(σ) = Causas(σ), Efectos(σ)

Donde:

- Causas(σ) = {x: x causa la emisión de σ}

- Efectos(σ) = {y: la emisión de σ causa y}

Aplicado al discurso electoral, esto implica que enunciados como "el candidato X lidera las encuestas" no deben analizarse únicamente por su valor de verdad, sino por sus efectos causales en el sistema de creencias de los ciudadanos.


§3. Las encuestas como actos performativos

§3.1 La distinción locutivo/ilocutivo/perlocutivo

Para analizar el rol de las encuestas, recurro a la teoría de los actos de habla de J. L. Austin (1962). Austin distingue tres dimensiones en un acto de habla:

1. Acto locutivo: el acto de decir algo con determinado sentido y referencia.

2. Acto ilocutivo: la acción que realizamos al decir algo.

3. Acto perlocutivo: los efectos que producimos por decir algo.

Notación:

- E: un enunciado de encuesta

- L(E): acto locutivo de E

- I(E): fuerza ilocucionaria de E

- P(E): efectos perlocucionarios de E

Formalización:

E = L(E), I(E), P(E)


§3.2 La fuerza ilocucionaria de las encuestas

En el caso de las encuestas electorales paraguayas, la fuerza ilocucionaria predominante es la legitimación.

Notación:

- i: porcentaje de intención de voto (0 ≤ i ≤ 100)

- φ: la proposición "un candidato con i% de votos puede gobernar legítimamente"

- Legitimar(φ): acto ilocutivo de legitimar la proposición φ

Formalización:

I(E) = Legitimar(φ)

Efectos perlocucionarios:

- P(E, c): efecto del enunciado E sobre el ciudadano c

- ΔB(c, φ): cambio en el grado de creencia de c en φ

- ΔD(c): cambio en las disposiciones a la acción de c

c (P(E, c) → ( ΔB(c, φ) ΔD(c) ) )


§3.3 El ocultamiento de información relevante

Un punto central de mi diagnóstico es que las encuestas tradicionales, al centrarse exclusivamente en la primera preferencia, ignoran información relevante.

Notación:

- c: un candidato

- I(c): vector de información completa sobre el candidato c

- v(c): proporción de votantes que tienen a c como primera opción

- r(c): proporción que rechaza explícitamente a c

- s(c): proporción que tiene a c como segunda opción

- t(c): medida de consensos latentes que c articula

Formalización:

I(c) = (v(c), r(c), s(c), t(c) )

Las encuestas tradicionales reducen I(c) a v(c), cometiendo lo que denomino una falacia de abstracción selectiva: presentan una parte del fenómeno como si fuera el todo.


§4. La institucionalización de la minoríacracia como hábito colectivo

§4.1 Hábitos institucionales

La noción ramseyana de "hábito" puede extenderse al nivel social.

Notación:

- S: una sociedad

- H(S): hábito institucional en la sociedad S

- B(S): conjunto de creencias compartidas en S sobre la normalidad de un fenómeno

- R: secuencia temporal de ocurrencias del fenómeno

- C(r): consecuencias de la ocurrencia r

Formalización:

H(S) = B(S),R, C

donde:

- R = r, r, ..., rn

- C(ri) = consecuencias de la i-ésima ocurrencia

En Paraguay, la minoríacracia constituye un hábito institucional porque:

1. Existe una creencia compartida (no cuestionada) de que gobernar con minorías es normal

2. La secuencia R incluye elecciones de 1993, 1998, 2003, 2008, 2013, 2018 y 2023

3. Las consecuencias C(ri) incluyen inestabilidad política y déficit de legitimidad

Gráfico 2: Ilustra la tesis central: lo que se oculta es mayor y más relevante que lo que se muestra.

§4.2 La perpetuación semántica del hábito

El hábito se perpetúa mediante un proceso de retroalimentación semántica.

Notación:

- t: variable temporal (años electorales)

- E(t): ocurrencia de elecciones en tiempo t

- R(t, φ) : representación mediática de φ como normal en tiempo t

- B(t, φ) : grado de creencia colectiva en φ en tiempo t

Formalización:

t (E(t) R(t, φ) → B(t+1, φ) > B(t, φ) )

Lectura: Para todo tiempo t, si ocurren elecciones en t y los medios representan φ como normal en t, entonces el grado de creencia colectiva en φ en t+1 es mayor que en t.


§5. El Problema de la legitimidad

§5.1 Legitimidad de origen

Notación:

- G: un gobierno

- v: proporción de votos obtenida por G (0 ≤ v ≤ 1)

- L(G): legitimidad de origen del gobierno G

- f: función de legitimidad

Formalización:

L(G) = f(v)

con f estrictamente creciente en [0,1] y las propiedades:

- f(0) = 0

- f(0.5) = 1

- límv→1 f(v) = 2

La condición f(0.5) = 1 establece que la legitimidad plena se alcanza cuando el gobierno representa a la mayoría absoluta. Valores de v < 0.5 producen L(G) < 1, indicando un déficit estructural de legitimidad.

 Gráfico 3: Visualiza la función de legitimidad, haciendo evidente el "umbral crítico" en 0.5 y la zona problemática donde se ubican los gobiernos paraguayos.

§5.2 La paradoja de Condorcet

La paradoja de Condorcet (Condorcet, 1785) demuestra que los sistemas de mayoría simple pueden seleccionar opciones que serían derrotadas en comparaciones binarias.

Convención notacional:

- C = {c, c, ..., cn}: conjunto de candidatos (n ≥ 3)

- cⱼ: un candidato particular (elemento del conjunto C)

- V: conjunto de votantes

- k: un votante particular (k V)

- >k: relación de preferencia del votante k (a >k b ≡ "el votante k prefiere a sobre b")

- g: ganador por mayoría simple (g C)

Formalización:

cⱼ C: |{k V : cⱼ >k g }| > |{ k V : g >k cⱼ }|

Lectura: Existe al menos un candidato cⱼ en el conjunto C tal que el número de votantes k que prefieren a cⱼ sobre el ganador g es mayor que el número de votantes que prefieren a g sobre cⱼ.

En palabras más simples: cⱼ derrotaría a g si la elección fuera solo entre esos dos candidatos. Esta es precisamente la situación en elecciones paraguayas con tres o más candidatos relevantes.

Gráfico 4: Tangible y visualmente se hace evidente la paradoja, mostrandose cómo un ganador puede no ser el preferido por la mayoría.

§6. Hacia una transformación de las prácticas discursivas

§6.1 Dos niveles de intervención

La solución requiere intervenciones en dos niveles:

Nivel institucional: Modificación del sistema electoral para exigir mayoría absoluta en primera vuelta, o implementar balotaje cuando ningún candidato alcance el 50%, o algún otro sistema que cumpla lo que se señala aquí.

Nivel semántico: Transformación de las prácticas de medición de la opinión pública.


§6.2 Propuesta de reforma de las encuestas

Propongo que las encuestas electorales incorporen al menos las siguientes dimensiones.

Notación:

- I*(c): vector ampliado de información sobre el candidato c

- v(c): primera preferencia

- r(c): rechazo explícito (medido mediante "¿a quién no votaría nunca?")

- s(c): segunda preferencia

- i(c): intensidad media de preferencia (escala 1-5)

- p(c): grado de coincidencia programática con el votante medio

Formalización:

I*(c) = (v(c), r(c) , s(c) , i(c) , p(c) )

Índice de legitimidad potencial:

LP(c) = α·v(c) + β·(1 - r(c)) + γ·s(c) + δ·i(c) + ε·p(c)

con α + β + γ + δ + ε = 1, donde las ponderaciones se determinan mediante análisis empírico.


§6.3 Condiciones de felicidad para los actos de habla electorales

Siguiendo a Austin (1962), especifico las condiciones que deben cumplir los actos de habla electorales para ser "felices" (o también se pueden llamar “afortunados”, no vacíos):

Condición A (procedimiento): Las encuestas deben utilizar metodologías validadas y transparentes.

Condición B (sinceridad): Quienes publican encuestas deben creer que sus instrumentos miden adecuadamente la voluntad popular.

Condición Γ (exhaustividad): Deben informar no solo primeras preferencias, sino también rechazos, segundas opciones y consensos.

Condición Δ (contexto): El marco interpretativo debe explicitar que un candidato con menos del 50% no representa a la mayoría.

Cuando estas condiciones no se cumplen, los actos de habla electorales son desafortunados (infelices) en el sentido austiniano: pretenden realizar una función (informar sobre la voluntad popular) que no pueden cumplir adecuadamente.


§7. Conclusión

Hemos argumentado que el problema de la democracia paraguaya no es exclusivamente institucional, sino fundamentalmente semántico. La regla de mayoría simple produce sistemáticamente gobiernos minoritarios. Pero este hecho institucional se ve reforzado por prácticas discursivas —especialmente las encuestas— que naturalizan la idea de que gobernar con minorías es normal.

En términos ramseyanos, el sistema electoral paraguayo constituye un mal hábito institucional que produce sistemáticamente malas consecuencias. Las encuestas, al presentar estos resultados como "normales", refuerzan ese hábito mediante un proceso de retroalimentación semántica.

La solución requiere tanto una reforma institucional como una transformación de las prácticas discursivas. Cambiar la regla sin cambiar las palabras que la legitiman sería insuficiente. Cambiar las palabras sin cambiar la regla sería impotente.

La soberanía popular, consagrada en el artículo 3 de la Constitución Nacional, no es un hecho bruto, sino una construcción semántica que debe ser realizada mediante prácticas discursivas adecuadas. Mientras las encuestas sigan ocultando los rechazos mayoritarios y legitimando gobiernos minoritarios, la soberanía seguirá siendo vulnerada, y la democracia paraguaya continuará siendo, como he dicho antes, una democracia transitoria.


Referencias

Acero, J. J. (2005). "Mind, Intentionality, and Language. The Impact of Russell's Pragmatism on Ramsey". En M. J. Frápolli (ed.), F. P. Ramsey: Critical Reassessments. Londres: Continuum.

Austin, J. L. (1962). How to Do Things with Words. Oxford: Oxford University Press.

Austin, J. L. (1971). Palabras y acciones: cómo hacer cosas con palabras. Buenos Aires: Paidós.

Condorcet, M. (1785). Essai sur l'application de l'analyse à la probabilité des décisions rendues à la pluralité des voix. Paris.

Ramsey, F. P. (1927). "Facts and Propositions". En Ramsey (1990).

Ramsey, F. P. (1990). Philosophical Papers (ed. D. H. Mellor). Cambridge: Cambridge University Press.