Filósofo artefactualista estructural. Investigador en educación matemática y analista político. Su n

jueves, 18 de junio de 2026

El maquillaje perfecto: Cómo la ANR convierte derrotas en victorias y basura en oro electoral

                                                                          Dr. Victor Oxley 

El espectáculo debe continuar

La política paraguaya tiene una máxima no escrita, si no puedes gobernar bien, al menos asegúrate de parecer imbatible. Y en eso, la ANR es una verdadera maestra. No importa que hayan dejado Asunción hecha un desastre, que su intendente haya tenido que renunciar con el rabo entre las piernas, que la Contraloría haya detectado "graves inconsistencias" en sus cuentas, que la Cámara de Diputados haya tenido que intervenir la Municipalidad. Nada de eso importa cuando tienes el poder de maquillar los números y hacer que la gente crea que tu partido es una fuerza imparable. Porque esa es la gran virtud del maquillaje electoral, no necesitas gobernar bien, solo necesitas que los números digan que gobiernas bien. Y los números, en el Paraguay, siempre pueden ser persuadidos.

La administración del desastre

Para entender el arrojo de la ANR, hay que recordar el legado de su último gran intendente en Asunción, ese prócer de la gestión pública que respondía al mote de "Nenecho". Un personaje que, como buen artista del maquillaje político, supo convertir la ineficiencia en arte y la corrupción en espectáculo. Durante su gestión, la Municipalidad de Asunción se convirtió en un verdadero laboratorio de creatividad administrativa. Hubo sobrecostos que harían palidecer al más pintado empresario, compras que desafían cualquier lógica contable, que dejó entrever una red de asociación criminal digna de una novela policial. La Contraloría pidió la intervención municipal por las "graves inconsistencias" detectadas, pero Nenecho, siempre fiel a su estilo, renunció justo cuando el interventor presentaba su informe, evitando así una destitución que habría arruinado su carrera política. Un verdadero genio del escape. Y todo esto, claro, con la inestimable ayuda de una Junta Municipal colorada que le proporcionó el blindaje político necesario para operar sin rendir cuentas a nadie. Porque en el Paraguay, tener mayoría en la Junta no es para gobernar mejor, sino para que nadie te moleste mientras haces lo que querés.

Pero la ANR no se amilana por detalles tan nimios como una gestión catastrófica. Al contrario, si algo ha demostrado es que las malas administraciones no afectan la percepción de poderío, siempre y cuando se tenga a mano un buen maquillador electoral.

El algoritmo de la dignidad

Y aquí llegamos a la joya de la corona, las elecciones internas de la ANR para la Intendencia de Asunción. Un verdadero prodigio de la ingeniería estadística donde los números no se cuentan, se diseñan. El escenario es impecable, Camil, el candidato oficialista, debía ganar, por supuesto. Pero no podía ser una victoria cualquiera. Debía ser una victoria que dejara claro, ante propios y extraños, que la ANR es una maquinaria imbatible. Que el poder del partido gobernante es tan vasto, tan incontrastable, que hasta los votos se doblegan a su voluntad.

Pero había un problema, Arnie, el competidor incómodo, no podía ser humillado. Una derrota con números ridículos habría fracturado el partido, habría encendido hogueras internas que ningún aparato quiere ver arder. Había que darle una derrota digna, un consuelo estadístico que le permitiera guardar las apariencias, y por supuesto hacer posible aquel gesto de hermandad universal, como lo es, el de darse un gran abrazo entre camaradas y amigos. Así nació lo que podríamos llamar el "algoritmo de la dignidad", un mecanismo de dos pasos, tan simple como efectivo, que resuelve el dilema con una elegancia digna de un cirujano. Primero, se toma la mitad de los votos reales de Arnie y se los transfiere a Camil. Arnie, que ya no es el candidato más fuerte, pierde una parte significativa de su caudal electoral. Pero la operación no termina ahí. Porque, en el segundo paso, si Arnie cae por debajo de un piso mínimo —en este caso, 30 votos por mesa—, se le inyectan votos de la reserva, esos votos "a computar" que nadie reclama porque no pertenecen a nadie. Una especie de banco de sangre electoral del que se puede extraer lo que se necesite. El resultado es una obra maestra del equilibrio, Camil se lleva los votos robados para construir su mayoría aplastante, y Arnie se lleva los votos rescatados para no quedar en ridículo. Todos contentos, todos felices, todos con su dosis de dignidad política.

Las huellas del artista

Como toda buena obra de arte, este maquillaje tiene sus firmas, sus marcas inconfundibles. El piso en 30 votos es una de ellas. En todas las mesas de votación, salvo excepciones que confirman la regla. ¿Casualidad? Por supuesto que no. Es una elección política, una decisión tomada por el algoritmo, "Aquí no se humilla a nadie; aquí se salvan las apariencias". También está la proporción entre los votos de Camil y Arnie en el rango de 30 a 39 votos, que es de 2,45, significativamente más alta que en cualquier otro rango. Es el efecto del robo en su máxima expresión, en la zona donde Arnie está en su piso mínimo, los votos de Camil se disparan. Y no menos importante es la relación inversa entre ambas listas, cuanto más votos tiene uno, menos tiene el otro. Es la lógica del robo, donde hay más para quitar, más se transfiere. Una correlación que la ANR, en su infinita sabiduría, ha diseñado para que nadie la note.

El silencio cómplice de Arnie

¿Por qué Arnie no denuncia? Esa es la pregunta que muchos se hacen, pero la respuesta es más sencilla de lo que parece. Está agradecido, porque el maquillaje le ha dado una derrota digna, una derrota que no duele en el escarnio público. Hay un acuerdo tácito, una suerte de pacto de caballeros de la política paraguaya, Arnie sabe que el sistema lo protege, que su derrota ha sido suavizada por el mismo aparato que lo derrotó. Y no puede probarlo, porque sin actas físicas solo tiene sospechas, y las sospechas no son moneda de cambio en la política paraguaya. Arnie es un actor racional, y un actor racional no denuncia un fraude que lo beneficia. Ya está, y además ya se cumplió con el rito del “abrazo republicano”, verdadero culto de la complicidad y el apañamiento de todo lo amoral.

El verdadero objetivo: instalarse en el imaginario colectivo

Pero el maquillaje electoral de la ANR no es para ganar, porque la victoria ya estaba asegurada. Es para instalar una percepción, la de que la ANR es una fuerza imbatible, hegemónica, con un poder popular incontrastable. Una percepción que desmoviliza a la oposición, que desalienta a los líderes opositores, que atrae a los indecisos y que legitima cualquier política, por impopular que sea. La ANR no solo gana. Gana de tal manera que parece que siempre va a ganar. Y esa percepción es más poderosa que cualquier voto.

El desafío final

Así que, al TSJE, al Ministerio Público, a los partidos políticos, a la prensa y a la ciudadanía, solo nos queda decir, aquí hay un modelo, aquí hay un algoritmo, aquí hay once coincidencias que no son casualidad. Si la ANR es realmente la fuerza imbatible que dice ser, que abra las máquinas de votación. Que publique el código fuente. Que permita una auditoría independiente. Que demuestre que sus números no son fruto del maquillaje, sino de la voluntad popular. Mientras tanto, los números seguirán contando la historia que la ANR no quiere que se sepa, la de un partido que, después de haber gobernado Asunción con una ineptitud supina, necesita maquillar sus resultados para parecer lo que no es. Porque si algo ha demostrado la ANR es que, en el arte del maquillaje político, no tiene rival.


 

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