No hace falta desarmar una máquina. No hace falta auditar el código fuente. No hace falta encontrar una vulnerabilidad técnica. No hace falta demostrar que hubo fraude. Basta con imaginar un elector que sale del cuarto oscuro y dice: "Voté por el candidato X, pero la máquina registró A". Este simple experimento mental es suficiente para refutar todo el edificio argumental del TSJE.
Por qué esto lo destruye todo
Primero, porque el TSJE no puede resolver el conflicto.
Si el elector dice una cosa y la máquina dice otra, el
Tribunal no tiene ningún mecanismo para determinar quién dice la verdad. No
puede entrar al cuarto oscuro (secreto del voto). No puede auditar el software
de esa máquina en particular (falta de acceso al código fuente). No puede
creerle al elector sin pruebas (abriría la puerta al fraude). No puede darle la
razón a la máquina sin pruebas (se convierte en juez y parte).
El sistema, por diseño, no puede salir de esta contradicción.
Y eso es una refutación.
Segundo, porque expone la falacia de la "infalibilidad
declarada".
El TSJE sostiene que sus máquinas son seguras y que la
boleta impresa es la prueba fehaciente del voto. Pero esa afirmación es una
petición de principio. La máquina no es infalible porque el TSJE lo dice. La
máquina sería confiable si pudiera ser auditada y si existiera un mecanismo
para verificar sus eventuales errores. Pero no hay auditoría y no hay
mecanismo.
El experimento mental muestra que la "infalibilidad"
de la máquina es solo una declaración de fe, no un hecho demostrado. Y una
declaración de fe no es un argumento científico ni jurídico.
Tercero, porque traslada la carga de la prueba a quien
corresponde.
Hasta ahora, el TSJE ha exigido a los críticos que
demuestren el fraude. Pero el experimento mental invierte la carga, el Tribunal
debería demostrar que su sistema puede distinguir entre un voto real y un error
de la máquina. Y no puede. Porque no hay procedimiento para hacerlo.
EN CIENCIA, LA CARGA DE LA PRUEBA RECAE SOBRE QUIEN AFIRMA
UNA HIPÓTESIS. El TSJE afirma que su sistema es confiable. El experimento
mental muestra que esa afirmación es infalsable. Y una hipótesis infalsable no
es científica. Tampoco es democrática.
La consecuencia política y jurídica
Este experimento mental demuestra que el sistema de voto
electrónico del TSJE es inherentemente inverificable. No necesita una falla
técnica. La falla es lógica y procedimental.
Por lo tanto, el sistema viola:
- El derecho del elector a que su voto exprese su auténtica
voluntad (artículo 4°, Código Electoral).
- La obligación del Estado de garantizar la transparencia
del sufragio (artículo 3°, Código Electoral).
- El principio de publicidad del escrutinio (artículo 6°,
Código Electoral).
- El secreto del voto como garantía ciudadana, no como
trampa (artículo 118, Constitución Nacional).
- La Ley 3017/2006, que exigía acceso al código fuente y
auditorías participativas, y que el Congreso mantuvo vigente al rechazar su
derogación en 2013.
La conclusión final
El TSJE ha construido un sistema perfecto, pero
perfectamente opaco, perfectamente inverificable, perfectamente blindado contra
cualquier intento de refutación. Pero un sistema que no puede ser refutado
tampoco puede ser confirmado. Y un sistema que no puede ser confirmado no es
confiable. Es solo una caja negra que exige un acto de fe.
La democracia no se basa en la fe. Se basa en la
transparencia y la verificación.
Basta con imaginar un elector que dice "voté por X,
pero la máquina registró A". Ese elector imaginario es la prueba de
refutación. Y ninguna máquina, ningún código fuente, ninguna declaración
oficial del TSJE puede escapar de él.


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